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El Vía Crucis.

Camino de expiación. Los Papas, a través de la Historia, han concedido a quienes realicen con devoción el Vía Crucis diversas indulgencias, o sea, la condonación de algunas de las penas que se tengan acumuladas.

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Es una práctica y devoción especialmente indicada y provechosa para expiar las penas acumuladas por nuestros pecados ya confesados; y ello durante todo el año, pero especialmente en Cuaresma y Semana Santa. Recuérdese que con la confesión de los pecados se nos perdona la culpa, es decir, el pecado en sí, y recuperamos la Gracia, pero no la pena, es decir, el castigo que merecimos cuando lo cometimos; penas que expiaremos en el Purgatorio –si caemos en él después de nuestra muerte– o que podemos expiar mientras estamos vivos mediante la oración y la penitencia.

Los Papas, a través de la Historia, han concedido a quienes realicen con devoción el Vía Crucis diversas indulgencias, o sea, la condonación de algunas de las penas que se tengan acumuladas.

El Vía Crucis debe hacerse preferentemente en una iglesia; de no ser posible, se puede hacer perfectamente en nuestra casa o en lugar recogido; en cualquiera de los casos puede hacerse a solas o en compañía.

Si se realiza en una iglesia seguiremos las Estaciones colocándonos debajo de cada una de las que disponga dicha iglesia, avanzando de una a otra según estén señaladas, sea mediante números o cuadros colgados de sus paredes; si lo hacemos en casa o en lugar recogido debemos tener bien a la vista un crucifijo.

Tanto en una iglesia como en casa o en otro lugar, al leer el título de cada Estación nos ponemos de pié para, de inmediato, cuando vamos a leer su contenido, ponernos de rodillas.

Esta devoción puede practicarse cuantas veces se desee a lo largo de todo el año; recomendamos realizarla una vez a la semana, a ser posible el Viernes, día de la muerte de Nuestro Señor; su duración viene a ser de una media hora.

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El Vía Crucis consta de una introducción y catorce Estaciones:

Introducción.-

(De rodillas)
— En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

— Señor mío Jesucristo…

— ¡Dulcísimo Jesús mío, que por mi amor quisisteis caminar fatigado y afligido con el pesado madero de la cruz! En memoria y reverencia de lo que por mí padecisteis en aquel áspero camino, os ofrezco los pasos que en él diere, unidos a vuestros infinitos merecimientos, con la intención de expiar mis penas y ganar las indulgencias que los Romanos Pontífices tienen concedido a los que hacen con devoción este santo ejercicio(aquí se puede ofrecer dichas indulgencias en vez de por nosotros por “los difuntos que sean de Tu agrado y de mi mayor obligación e intenciones que bien conoces”, lo cual es un notable acto de caridad). Para este fin os suplico y ruego por el remedio de las graves necesidades encomendadas por los Sumos Pontífices, así como os pido me concedáis vuestra Divina Gracia para que cuanto en este santo ejercicio medite o rece sea grato a Vuestros divinos ojos.

Estaciones.-

* Tener en cuenta que el título de la estación se dice de pié, y ya de rodillas todo lo demás hasta acabar cada una de ellas.

* Cada estación consta de una jaculatoria inicial y otra final que son iguales para cada una de ellas.

* De un corto texto para recitar y/o meditar, según el tiempo de que dispongamos.

* Tras lo anterior, y antes de la jaculatoria final se reza un Pater Noster, un Ave María y un Gloria.

* Ponemos entera la primera estación y luego sólo los textos de las trece siguientes.

Estación 1* Primera estación:

(De pié)
Jesús azotado y condenado a muerte.

(De rodillas)
–Adoramos te Christe, et benedicimus tibi, quia per Sancta Crucem tuam redemisti mundi.
(Esta jaculatoria se repetirá al inicio de cada Estación).
— Considera, alma, cómo en la casa de Pilatos fue cruelmente azotado el Redentor del mundo, coronado de espinas y sentenciado a muerte.
¡Oh suavísimo Jesús, que quisisteis ser tratado como vil esclavo delante del sacrílego pueblo, esperando la sentencia de muerte que contra Vos daba el tirano juez!
SUPLÍCOOS, Señor mío, que por esta vuestra mansedumbre mortifique yo mi soberbia para que, sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, logre gozaros en la eterna.
— Pater Noster, Ave María y Gloria.
— Miserere nobis, Dómine, miserere nobis. Bendita y alaba sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores de Su Santísima Madre al pié de la cruz.
(Esta jaculatoria se repetirá al final de cada Estación).

Estación 2* Segunda estación:

Jesús con la cruz a cuestas.

–Considera, alma, cómo a nuestro amado Jesús le pusieron en sus lastimados hombros el gran peso de la cruz.
¡Oh Rey Supremo de los cielos que sufristeis ser entregado a la voluntad de los judíos para ser cruelmente atormentado, y recibisteis el grave peso de la cruz!
RUÉGOOS, Señor, que tome yo gustoso la cruz de la penitencia, para que logre contemplaros eternamente en el cielo.

Estación 3* Tercera estación:

Jesús cae la primera vez.

–Considera, alma, cómo caminando el Señor con la cruz a cuestas, herido y desangrado, cayó en tierra debajo de la santa Cruz.
¡Oh amabilísimo Jesús, que fatigado con la cruz caísteis en tierra oprimido por el grave peso de ella para que conociésemos la gravedad de nuestros pecados figurados en aquel madero!
RUEGO a vuestra divina clemencia que me levante yo de mis culpas, y que esté siempre firme en el cumplimiento de vuestros mandamientos.

Estación 4* Cuarta estación:

Jesús encuentra a su Madre.

–Considera, alma, cómo el Señor con la santa Cruz a cuestas encontró a su Santísima Madre triste y afligida.
¡Oh Señora la más atribulada de las madres! Por el cruel dolor que traspasó vuestro Corazón mirando a Jesús, vuestro Hijo, afeado su rostro, abatido su cuerpo, y hecho oprobio de los hombres:
OS RUEGO, Madre afligida, que, pues fui la causa de vuestros dolores, los llore amargamente.

Estación 5* Quinta estación:

El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

–Considera, alma, cómo los judíos obligaron a Simón el Cirineo a llevar la cruz de Nuestro Señor, no movidos de piedad, sino temiendo que se les muriese en el camino por el grande peso de la cruz.
¡Oh amantísimo Jesús! Pues por mi amor llevasteis la muy pesada cruz y quisisteis que en la persona del Cirineo os ayudásemos a llevarla:
OS SUPLICO, Señor, me abrace con la cruz de la renuncia de mí mismo para que, siguiendo vuestros pasos, consiga los gozos eternos.

Estación 6* Sexta estación:

La Verónica limpia el rostro de Jesús.

–Considera, alma, cómo la Verónica, viendo a Su Majestad fatigado y su rostro oscurecido por el sudor, polvo, salivas y bofetadas, se llegó con toda reverencia a limpiársele con un lienzo en el cual quedó impreso el rostro divino del Salvador.
¡Oh hermosísimo Jesús que estando afeado con las inmundas salivas, os limpió el sudor aquella piadosa mujer con un lienzo blanco, en el cual quedó impreso vuestro rostro!
OS SUPLICO, Señor, que estampéis en mi alma vuestra santísima imagen, y me deis vuestro amor para conservarla siempre.

Estación 7* Séptima estación:

Jesús cae por segunda vez con la cruz.

–Considera, alma, cómo cayó el Señor segunda vez en la puerta Judiciaria.
¡Oh santísimo Jesús que por la fatiga grande de vuestro delicado cuerpo caísteis segunda vez con la cruz!
OS SUPLICO, Señor, me hagáis conocer el inmenso peso que tienen mis pecados, y me deis vuestra gracia para que no me arrastren a las penas eternas.

Estación 8* Octava estación:

Jesús consuela a las piadosas mujeres.

–Considera, alma, cómo unas piadosas mujeres, viendo que llevaban a crucificar al Señor, lloraron amargamente por verle tan injuriado.
¡Oh Maestro soberano que, viendo a las piadosas mujeres dolerse de vuestros trabajos, las enseñasteis a que llorasen por sí y por sus culpas!
CONCEDEDME, Señor mío, que con fervorosas lágrimas de contrición lave mis pecados para que persevere siempre en vuestra amistad y gracia.

Estación 9* Novena estación:

Jesús cae por tercera vez con la cruz.

–Considera, alma, cómo cayó el Señor tercera vez en tierra hasta llegar con su santa boca al suelo y queriéndose levantar, no pudo, antes volvió a caer de nuevo.
¡Oh begninísimo Jesús que sufristeis atropellaran vuestra divina persona haciéndoos caer tercera vez en tierra con la cruz!
SUPLÍCOOS, Dios mío, que sufra yo del mismo modo las injurias de mis enemigos, para que, teniendo paciencia en mis trabajos, goce de los deleites eternos.

Estación 10* Décima estación:

Jesús es despojado de sus vestiduras.

–Considera, alma, cómo habiendo llegado el Señor al monte Calvario, los soldados, sin piedad ninguna, le despojaron de sus vestiduras.
¡Oh pacientísimo Jesús! Pues sufristeis os quitasen vuestras vestiduras aquellos crueles verdugos, y con tanta fiereza que llevaron tras de sí hasta pedazos de carne:
RUÉGOOS, Señor mío, me concedáis gracia para desprenderme por vuestro amor de todos los malos hábitos que ponen continuamente mi alma en peligro de perderse para siempre.

Estaci 11* Undécima estación:

Jesús es crucificado.

–Considera, alma, cómo fue clavado el Señor en la cruz y oyendo su Santísima Madre el primer golpe de martillo, quedó transida de dolor.
¡Oh clementísimo Jesús! Pues sufristeis ser extendido en la cruz, y que en ella clavasen vuestros pies y manos:
OS RUEGO, Señor mío, no me preste yo a maldad alguna, sino antes viva crucificado en vuestro santo servicio.

Estación 12* Duodécima estación:

Jesús muere en la cruz.

–Considera, alma, cómo crucificado ya el Señor, y cruelmente atormentado, exhaló por tu amor el último suspiro.
¡Oh divino Jesús que crucificado entre dos ladrones fuisteis levantado a la vista de todo el mundo y padecisteis la muerte por salvarnos!
RUÉGOOS, Señor mío, que salvéis mi alma, y que a Vos ame, a Vos quiera y por Vos muera.

Estación 13* Decimotercera estación:

La Virgen recibe y adora el cuerpo difunto de su Santísimo Hijo.

–Considera, alma, cómo José y Nicodemo bajaron de la cruz el santo cuerpo y le pusieron en los brazos de la Santísima Virgen.
¡Oh Madre de misericordia! Por aquella pena que padecisteis cuando os pusieron muerto en los brazos a vuestro amado Hijo:
OS SUPLICO, me alcancéis verdadero pesar de haberle ofendido, y compasión de vuestro mucho dolor.

Estación 14* Decimocuarta estación:

Es colocado en el sepulcro el cuerpo de Jesús.

–Considera, alma, cómo la Virgen María, Señora nuestra, dejó colocar el cuerpo de su querido Hijo en el santo sepulcro.
¡Oh Purísima Señora! Por la grande pena que recibisteis cuando os tomaron de los brazos a vuestro soberano Hijo para ponerle en el santo sepulcro:
OS SUPLICO, me alcancéis de su Divina Majestad ablande mi duro corazón, y coloque en él un amor grande para amarle y servirle.

 


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