• La cruz y la espada
Vaya por delante nuestro más sentido pésame a la familia de Gabriel. No sabemos si son católico y católicos practicantes de verdad; ni si Gabriel fue bautizado en su día. Si la respuesta es afirmativa en ambos casos, sobre todo en el del bautismo, y dentro del lógico e inmenso dolor humano del momento, que piensen que de su hijo, por bautizado y por menor de edad, o sea, por no tener uso de razón, podemos afirmar que está en el Cielo, en la Gloria. ¡Qué mayor y único consuelo! Si la respuesta fue negativa, entonces mejor no pensar y confiar en la misericordia divina y… exigirles que la triste muerte de Gabriel les sirva, al menos, para que ellos se conviertan de inmediato, que abandonen su vida de pecado y desvarío, y que el resto de sus vidas las dediquen a intentar compensar a Dios por tamaña falta.

Dicho lo anterior, queremos expresar con toda sinceridad, como siempre, las siguientes consideraciones sobre lo ocurrido:

* Esos no-matrimonios, esos emparejamientos, ese hoy con éste mañana con aquél.

* Hijos con unos y con otros, y en realidad hijos de ninguno.

* Niños que ven a sus padres a la gresca y en su casa entrar cada seis meses o un año una nueva “pareja”.

* El padre militante activo del marxismo revolucionario podemita.

* Una madre que ante el cadáver de su hijo tiene tiempo de pensar y decir que no se criminalice a la asesina por ser extranjera.

* Un padre que sigue al lado de la asesina dándole calor.

* Unos padres que tienen tiempo de hacer declaraciones a los medios cuando su hijo yace vilmente asesinado.

* Una nación sin leyes justas, es decir, que den a cada uno lo que se merece de verdad.

* Sin pena de muerte ni para los terroristas ni para los asesinos, es decir, para los que fríamente quitan la vida al otro, sea niño o adulto.

* Sin cadena perpetua sin paliativos.

* Una nación en la que un asesino confeso –“el Chicle”– dice públicamente que en siete años estará en la calle; lo que es verdad.

* Una nación donde con el cuerpo caliente de la víctima los de siempre, PNV, PSOE y Podemos… y otros que por ahora callan pero que opinan igual, no son capaces de admitir lo evidente.

* Unos medios que no informan, sino que remueven el morbo más repugnante.

* Una nación donde todos dicen ser todos, sin que nadie sea nadie.

* Una nación que ha convertido los funerales en teatros donde se aplaude a no se sabe quién ni porqué.

* Unos politiquillos locales que instalan un “catafalco” pagano, adornado con banderas, algunas de ellas de lo más variopintas, de alguien que, por desgracia, es sólo una de las múltiples víctimas de la delincuencia más abyecta, pero delincuencia al fin y al cabo, no héroe de nada.

* Unos paisanos que se pasean por delante de tal “monumento” por mor de la histeria colectiva, el sentimentalismo y el aborregamiento.

* Una chusma que acude al cuartelillo a gritar al asesino y que luego vuelve a su casa para seguir apoyando lo que ha colaborado en buena medida en el asesinato.

* Unas autoridades civiles y policiales que se apuntan a la foto, pero que en absoluto están dispuestas a tomar la menor de las medidas para hacer justicia ahora y sobre todo de aquí en adelante.

* Unos partidos cuyos líderes y votantes carecen de entrañas porque todo lo ven, lo calibran, lo retuercen, en clave “política” para el día después.

* Una nación en la que se criminaliza públicamente el género de unos, los hombres, y se deifica el de otros, las mujeres.

* Una nación en la que sus dirigentes excitan una guerra de géneros repugnante.

* Una sociedad que, al mismo tiempo, admite y exalta todo tipo de comportamientos sexuales aberrantes, que ha invertido los valores seculares, que ha hecho de lo anormal, lo normal, y viceversa.

* Una nación donde no se sabe guardar la serenidad, la compostura y la firmeza ante lo inexorable.

* Una nación que se asombra y noquea ante la realidad de lo que es.

Es una nación y es una sociedad aniquilada.

La Redacción.