soldado 1808
  • La cruz y la espada
Era Manuel García un soldado del Regimiento de Voluntarios de Estado, perteneciente a la compañía que siguió al capitán Velarde hasta el cuartel de Monteleón.

Esa mañana del 2 de mayo de 1808 se unió a aquellos que, al mando del teniente Ruiz, eligieron batirse para defender el Parque de Artillería, haciendo frente a los franceses que lo asediaban. Y está registrado que lo hizo con bizarría.

Manuel estaba casado, y tenía dos hijos pequeños.

Tuvo mala suerte, porque según relató López de Barañano , tras la batalla, “el paysanage huyó, y la tropa cambió de armas completando sus cartuchos y [los franceses] nada los hicieron”. Pero Manuel, al parecer no consiguió engañarles. Al atardecer, pese a la promesa de no tomar venganza sobre los miembros del ejército español, los soldados de Napoleón le sacaron de su casa de la calle de Eguiluz, número 8. Lo condujeron hasta el cuartel de los Polacos, el anterior convento de San Gil. Allí diezmaron a los detenidos, condenando a 44 de ellos a morir fusilados en la montaña del Príncipe Pío.

Manuel fue uno de los escogidos, el único militar fusilado aquel día. Murat quiso evitar que un contundente escarmiento diera pábulo al vergonzoso quebranto que habían sufrido sus tropas. La feroz resistencia de los españoles en Monteleón consiguió que ese combate fuera en el que mayor número de franceses muriera ese día. Pero de alguna manera tenía que saciar su rabia.

Al finalizar la lucha de día Dos de Mayo de 1808, los que riñeron al arma blanca deberían de tener sus ropas manchadas de sangre. Los que lo hicieron con arma de fuego, de pólvora. Quizás quiera ver lo que no es más que la técnica de un artista genial, pero esa camisa tan blanca una noche lluviosa y fría de primavera, delata al que se despojó de la prenda que le podría comprometer. Y esa tez tan oscura, ¿no se debería al sudor seco ennegrecido por las deflagraciones de los disparos de un mosquete de chispa, de aquel que no tuvo tiempo de lavarse?

Por Miguel Reseco