Presentamos a nuestro seguidores cuatro textos de otros tantos reputados santos sobre la última cena: Santo Tomás de Aquino, San Antonio de Padua, Santa Catalina de Siena y el santo cura de Ars.

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  • La cruz y la espada

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  • La cruz y la espada
La cena del Señor (Santo Tomás de Aquino).-

Convenientemente fue instituido en la cena el sacramento del Cuerpo del Señor.

1º) Por razón del contenido de este sacramento. Pues en él se contiene el mismo Cristo. Antes de separarse de los discípulos en su forma propia, se queda con ellos bajo la forma sacramental, como en la ausencia de un emperador se presenta su imagen. Por eso dice San Eusebio: Como debía quitar de los ojos corporales el cuerpo que había tomado, y llevarlo a los cielos, era necesario que el día de la cena consagrase para nosotros el sacramento de su cuerpo y sangre, para que se pudiese honrar perpetuamente por el misterio lo que una sola vez se ofrecía como precio (de nuestro rescate).

2º) Porque sin la fe en la Pasión nunca pudo existir salvación. Por lo tanto, fue necesario que en todo tiempo existiese entre los hombres algo que representase la Pasión del Señor, cuya principal figura en el testamento antiguo fue el cordero pascual. En el testamento nuevo reemplazó al cordero pascual el sacramento de la Eucaristía; que es un memorial de la Pasión del Señor, realizada en el pasado, como aquél fue figura de la Pasión futura.Fue, por lo tanto, conveniente que en vísperas de la Pasión, y celebrado el anterior sacramento, se instituyese el nuevo.

3º) Porque las cosas que dicen los amigos al separarse para siempre se graban más en la memoria, principalmente porque entonces se inflama más el amor a los amigos; y las cosas que más impresionan se graban más profundamente en el alma. Ahora bien, porque entre los sacrificios nada puede ser mayor que el cuerpo y la sangre de Cristo, ni más poderoso que esta oblación, por eso, para que fuese tenida en mayor veneración, el Señor instituyó este sacramento la víspera de separarse de sus discípulos. Esto mismo es lo que dice San Agustín: “El Salvador, a fin de recomendar más intensamente la grandeza de aquel misterio, quiso fijarlo el último en los corazones y en la memoria de los discípulos, de los cuales había de separarse por la Pasión.” Pero debe advertirse que este sacramento tiene una triple significación. 1º) Respecto al pasado, esto es, en cuanto es conmemorativo de la Pasión del Señor, que fue un verdadero sacrificio, y por esto se llama sacrificio. 2º) Respecto a la realidad presente, esto es, a la unidad de la Iglesia, y para que los hombres se unan estrechamente por este sacramento; y por esto se llama comunión. Dice San Juan Damasceno que se llama comunión porque por él comunicamos con Cristo, y participamos de su carne y divinidad, y por él nos comunicamos y unimos recíprocamente. 3º) Respecto al futuro, por cuanto es prefigurativo del goce de Dios,que tendrá lugar en la patria celestial; y por eso se llama viático, pues nos ofrece el medio de llegar allá. Bajo este aspecto se llama asimismo Eucaristía, esto es, buena gracia, pues la gracia de Dios es vida perdurable(Rom 6, 23), o porque contiene realmente a Cristo, que está lleno de gracia.También se llama en griego metalipsis, es decir, asunción, porque por él tomamos la divinidad del hijo de Dios. (De Humanitate Christi)

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  • La cruz y la espada
Sermón para el Jueves Santo (San Antonio de Padua).-

«Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27)

«Jesús se levantó de la cena, se quitó sus vestidura y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego, puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.» (Jn 13, 4 5) Se lee en el Génesis: «Voy a traer un poco de agua para que os lavéis los pies; y descanséis debajo del árbol. Traeré un bocado de pan para que recobréis fuerzas» (Gen 18, 4 5). Lo que Abraham hizo a los tres ángeles, Cristo lo hizo a sus santos apóstoles, mensajeros de la verdad, que habrían predicado en todo el mundo la fe en la santa Trinidad.

Se inclinó ante sus pies como un esclavo y, así encorvado, les lavó los pies.
¡Oh incomprensible humildad! ¡Oh inefable dignación! Aquel que en el cielo es adorado por los ángeles, se inclina a los pies de los pescadores. Aquella cabeza que hace temblar a los ángeles, se encorva ante los pies de los pobres. Por esto Pedro se asustó…

Después de haberles lavado los pies, los hizo descansar bajo el árbol, que era El mismo. «Me senté a la sombra de aquel a quien tanto deseaba; y sus frutos o sea, su cuerpo y su sangre son dulces a mi paladar» (Cant 2, 3). Este es el bocado de pan, que puso delante de ellos y con el cual corroboró sus corazones, para soportar las fatigas.

Así dice Isaías: «El Señor de los ejércitos preparará en este monte un banquete de manjares suculentos y un banquete de vinos refinados, de manjares exquisitos y de vinos purificados» (Is 25, 6)… Es lo que hace hoy la iglesia universal, para la cual Cristo preparó hoy en el monte Sión un banquete espléndido y suntuoso, con una doble riqueza: interior y exterior, y abundante. Les dio su verdadero cuerpo, rico en todo poder espiritual y alimentado con la caridad interior y exterior; y mandó que fuera dado también a los que creerían en El.

Santa Catalina de Siena, 29 A
  • La cruz y la espada
Carta 52 (Santa Catalina de Siena).-

«Os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Jn 13,15)

«Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer» (Lc 22,15). Acordándome de estas palabras de nuestro Salvador, si me preguntáis qué Pascua deseo tener con vosotros a mi vuelta, os responderé: la Pascua del Cordero inmolado, la misma que Él hizo de sí mismo, cuando se dio a sus discípulos. ¡Oh manso cordero pascual, preparado por el fuego del amor de Dios sobre la cruz santísima! ¡Alimento divino, fuente de felicidad, de alegría y de consuelo! Nada falta, ya que para tus servidores tú mismo te hiciste mesa, alimento y servidor… El Verbo, el Hijo único de Dios, se entregó con un inmenso fuego de amor.

¿Quién nos presenta la Pascua hoy? El Espíritu Santo servidor. A causa del amor sin medida que nos tiene, no se contentó con que otros nos sirvieran, sino que él mismo quiere ser nuestro servidor. Es en esta mesa donde mi alma desea estar… para comer la pascua antes de morir… Sabed que en esta mesa, es bueno que nos presentemos a la vez desnudos y vestidos: desnudos de todo amor propio, de todo atractivo por este mundo, de toda negligencia y de toda tristeza – porque una mala tristeza deseca el alma – y revestidos de esta caridad ardiente de Cristo…

Cuando el alma contempla a su creador y esta bondad infinita que encuentra en él, no puede dejarle de amar… En seguida, ama lo que Dios ama y detesta aquello que le desagrada, porque por amor se despojó de mismo… Por deseo de nuestra salvación y del honor de su Padre, Cristo se humilló y se entregó a una muerte ignominiosa en la cruz, loco por amor, ebrio y enamorado de nosotros. Esta es la Pascua que deseo celebrar a mi vuelta.

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  • La cruz y la espada
Sermón para el Jueves Santo (San Juan-María Vianney, santo cura de Ars).-

«Los amó hasta el extremo» (Jn 13,1)

¡Qué amor, qué caridad la de nuestro Señor Jesucristo al escoger la vigilia del día en que habían de hacerle morir para instituir un sacramento por el cual iba a quedarse entre nosotros, para ser nuestro Padre, nuestro Consolador y toda nuestra felicidad! Más felices somos nosotros que los que vivían en tiempo de su vida mortal en que él no estaba en un lugar fijo, en que era necesario desplazarse lejos para tener la dicha de verle; hoy le encontramos en todas los lugares del mundo, y esta dicha se me ha prometido ser realidad hasta que se acabe el mundo. ¡Oh amor inmenso de un Dios por sus criaturas!

No, nada puede hacerle parar cuando se trata de mostrarnos la grandeza de su amor. En este momento, dichoso para nosotros, toda Jerusalén esta ardiendo, todo el populacho hecho una furia, todos conspiran su perdición, todos quieren se derrame su sangre adorable –y es precisamente en este momento- que él les prepara, igual que a nosotros, la prueba más inefable de su amor.

La Redacción