• La cruz y la espada
El pasado Sábado 24 del presente mes de Febrero, se llevó a cabo un autodenominado “Congreso de Militares Españoles”, convocado por dos “asociaciones de militares”, la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) y la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME). El cartel de publicidad era todo un poema.

El acto tuvo lugar en una sala del Círculo de Bellas Artes de Madrid, contando con la asistencia de diputados y senadores del PP, del PSOE, de C,s, de IU, de Podemos, del “Observatorio de la vida militar” (¿?), así como de los sindicatos UGT, CCOO, SUP y de la AUGC, del “Movimiento Contra la Intolerancia” (¿?) y de “Jueces y Juezas –¿portavozas?– Para la Democracia”; en total algo más del centenar de personas. No asistió ningún representante del Ministerio de Defensa.

Antes de entrar a analizar lo tratado en tal congreso, vamos a hacer una muy breve síntesis de las dos asociaciones convocantes.

  • La cruz y la espada
Tanto AUME como ATME están legalmente constituidas, la primera en 2011 y la segunda en 2012. Aquélla acoge a todo tipo de militares independientemente de su graduación, escala y ejército al que pertenezcan; ésta sólo personal de tropa y marinería, también de cualquiera de los tres ejércitos. AUME la iniciaron dos suboficiales, ambos controladores aéreos destinados en las FAMET en Colmenar Viejo, allá por el año 2005, bien que no cuajó en asociación, como vemos, hasta más adelante. Curioso es que, en referencia del uno a cerca del otro, diga algo tan infantil y de perogrullo como que lo que le llamó la atención de su compañero y les hizo “entrar en sintonía” fue que “Siempre buscaba la mayor justicia en el reparto de los turnos, incluso si él salía perjudicado. Es decir, prefería salir en desventaja en la confección de los cuadrantes si esto era beneficioso para la mayoría. La actitud que tenía de ayudar, de someter lo particular a lo colectivo y de no esconderse y “dar la cara” ante las dificultades, me acercó a él.” En fin, no queremos ser mal pensados, pero la cosa, así contada, suena un poco rarita. Por otro lado resulta llamativo que se alabe como excepcional lo que es, o debería ser, no sabemos si actualmente lo es, una de las más básicas virtudes de todo militar con independencia de su graduación, que es deponer cualquier interés personal en beneficio del servicio. Los de ATME, al menos, han tenido la prudencia de no decir cosas como la anterior.

Ambas asociaciones tienen silla en el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas, órgano oficial del Ministerio de Defensa donde están representadas todas las escalas de todos los ejércitos, así como varias asociaciones, al objeto de intercambiar informaciones y opiniones en lo relativo a cuestiones laborales y sociales de los militares, las cuales luego son elevadas a las más altas instancias,.

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El fin principal de AUME es “La promoción y defensa de los intereses sociales, económicos y profesionales de sus afiliados y la realización de actividades sociales que favorezcan la eficacia en el ejercicio de la profesión y a la deontología profesional de sus miembros y la difusión de la cultura de seguridad y defensa”; toma ya. El de ATME es “La defensa y promoción de los intereses profesionales, económicos y sociales de sus socios, pero sin interferir en las decisiones de política de seguridad y defensa, en el planeamiento y desarrollo de las operaciones militares y en el empleo de la fuerza. Todo ello utilizando siempre los medios legalmente establecidos, con renuncia expresa a la estructura, organización y actividad sindicales (huelga, convenio colectivo y conflicto colectivo) –las negritas son nuestras–; mejor. Dentro de lo malo, lo peor la AUME.

Lo que no han dicho los convocantes del congreso, o sea las dos asociaciones citadas, es que ellas no son las únicas que existen, ni las únicas con silla en el Consejo de Personal de las FFAA, pero sí las únicas en montar el sarao; algo importante a reseñar que ellos ocultan. ¡Transparencia plena, por favor!

Según datos de 2015, que no hemos podido actualizar, la cuestión de las asociaciones de militares estaba como sigue:

* AUME tenía 3.699 asociados, de ellos, 348 oficiales, 1.569 suboficiales y 1.782 tropa y marinería; en aquel año había descendido su número en cerca de 200 asociados con respecto al anterior.

* ASFASPRO (Asociación Profesional de Suboficiales de las FFAA) tenía 2.439 asociados; cerca de medio millar más que en 2014.

* ATME tenía 1.606 asociados; algo más de 200 asociados respecto al año anterior.

* AMTM (Asociación de Militares de Tropa y Marinería) tenía 1.370 asociados en 2015; con un ligero descenso respecto al año anterior.

* Hay otras dos asociaciones casi testimoniales y sin silla en el Consejo citado que son AMCOFAS (Asociación de Militares de Complemento de las Fuerzas Armadas) con 197 asociados y AMO (Asociación de Militares Orensanos) con 39.

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Es decir, que aunque como veremos al tratar del Congreso de marras, los convocantes intenten sobre la base del clásico lenguaje grandilocuente hacer parecer que son más de lo que son, pues no lo son, porque también según datos de 2015, en las FFAA había un total de algo más de 120.000 militares, por lo que si sumamos los inscritos en todas las asociaciones, sólo 9.350, escasamente llegaban al siete por ciento; hoy debe ser prácticaemnte lo mismo. Tal dato objetivo sitúa su capacidad de representación, democráticamente hablando, reducida a la práctica nada; en cualquier junta de vecinos perderían todas las votaciones por goleada por mucho que incordiaran. Y es que si somos y vamos de demócratas para asociarnos, debemos serlo e ir también a la hora de expresar la realidad; y si somos serios para convocar un congreso “de militares”, debemos serlo también para decir que… menos lobos Caperucita. ¡Transparencia plena, por favor!

El congreso fue lo que fue, y ahora diremos qué, pero antes lo que ellos dicen de él –las negritas son originales del comunicado–:

“…ATME y AUME han conseguido con este acto de participación democrática y debate de ideas, poner de nuevo, en primera línea, la problemática de los miembros de las Fuerzas Armadas  ante los poderes políticos.

…sus miembros (de la Subcomisión para el estudio del Régimen Profesional de los militares de Tropa y Marinería de las FFAA) –¿estaban allí?¿quiénes eran?–, han escuchado de primera mano la situación, la problemática y las propuestas de aquellos.  La necesidad de un nuevo modelo de carrera profesional para la tropa y marinería, la actual salida “desprotegida” de los militares temporales a los 45 años, así como la situación de la carrera militar sin expectativas claras para el personal, el régimen de vida en los cuarteles, los derechos –con especial énfasis en los de reunión y asociación– así como la situación de la justicia militar y el régimen disciplinario…

    La presencia de militares de todas las escalas y ejércitos ha puesto de manifiesto la transversalidad en el apoyo mutuo y en la solidaridad entre los compañeros y una vez más han mostrado estar por encima del… el Ministerio de Defensa, que con su declinación a la invitación de asistencia al acto ha demostrado, una vez, más, el desprecio a los derechos de los militares y al reconocimiento de los representantes de estos como trabajadores.

   ATME y AUME han manifestado que dada la actual situación del personal en el seno de las Fuerzas Armadas pondrán en marcha nuevos mecanismos de reivindicación, entre los que se encuentran una manifestación de militares que haga ver a la ciudadanía lo que el propio Ministerio de Defensa no quiere ver.”

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Sobre lo que ellos mismos dicen del congreso, nosotros decimos:

* Por mucho que se empeñen, ellas dos, junto con las demás asociaciones –que recordemos que ninguna de las otras se sumó a la convocatoria, ni siquiera ASFASPRO que es la segunda por número de asociados–, muy poco o nada representan, tan sólo un siete por ciento en el mejor de los casos, por lo que no pueden en buena lid arrogarse una representatividad que no tienen; repetimos: si van de demócratas séanlo siempre, no como los partidos –el fundador del PSOE lo dejó por escrito–, que lo son cuando les beneficia y dejan de serlo cuando les perjudica.

* Las necesidades que exponen tienen sus canales orgánicos e institucionales para trasmitirse como es la estructura jerarquica y el Consejo de Personal, en el que además están presentes. Entonces ¿a qué viene este sarao que atufa a sindicalismo de clase ideológico? Pues muy sencillo. Si observan el comunicado –las negritas son suyas– tendrán la solución: la más señalada es la de reclamar derechos “con especial énfasis en los de reunión y asociación”, o sea, en lo que les interesa a los “asociacionistas” , pero más aún a los que dirigen las “asociaciones”, a los que de alguna forma viven de ellas, porque el famoso siete por ciento de asociados demuestra que al noventa y tres por ciento de los militares el “asociacionismo” o les importa un bledo o no lo consideran necesario o ni mucho menos es su prioridad y, además, deben considerar que los canales oficiales existentes, bien que siempre con los matices de lo humanamente mejorable, son suficientes.

Además, hablar de exigir más derechos en ese sentido, cuando alguien con una representación tan reducida del siete por ciento se sienta en el Consejo de Personal suena a… claro, sindicalismo de clase ideológico, a soviet, a… claro también, para eso estaban allí los comunistas de CoCo y los sociatas Ugeteros, pájaros de mal agüero y aves de rapiña siempre a la busqueda de alguna presa moribunda. ¿La petición de más derechos en este aspecto llevará incorporada la de la existencia de “militares asociados liberados? Lo saben, pero por ahora no contestan.

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* Lo de la actual salida “desprotegida” de los militares temporales a los 45 años” es el verdadero caballo de batalla, es donde el perro cree que puede morder y no soltar. Pues bien, una falacia, una muestra de que este tipo de asociaciones-sindicalistas de clase ideológicas son lo que son, que no es lo que dicen y quieren parecer, sino todo lo contrario.

Señores militares asociacionistas: el asunto no es nuevo, ya ocurrió décadas atrás con aquellos de “complemento”, sean serios, honrados y decentes. Cuando se firma un contrato se tiene que respetar y cumplir hasta la última letra; nadie firma sin antes haber leído todo su texto. Lo que es una sinvergonzonería y una falacia, muy propia de todo sindicalismo de clase ideológico como el que sufrimos desde hace algunas décadas, es que una vez comenzado el partido, o peor aún a punto de acabar, se quieran cambiar las reglas del juego. El que firmó lo que firmó que lo cumpla hasta el final, como el Ministerio de Defensa ha cumplido durante su tiempo de duración. Las presiones, los llantos, los sofismas y otras triquiñuelas sindicalistas de clase ideológicos son muestra de que, al menos los que lideran tal empeño, valían y valen muy poco para el servicio.

* En cuanto a la patadita al Ministerio de Defensa porque no asistió al evento, pues qué quieren que les digamos: que ni era obligatorio –¿no somos ustedes demócratas?–, ni tenían por qué, ni les hacía falta porque para eso tienen el Consejo de Personal en el que, además, están sentadas las asociaciones convocantes; o sea, que la patadita es una muestra más de falta de coherencia y educación, y de que los asociacionistas-sindicalistas de clase ideológicos no valen para el servicio. ¿Por cierto, cuántos de ustedes tienen 44 años? ¿Es que les llega la hora y…?

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* Y ahora la traca. El recurso a la “mani”, a la algarada, al chantaje, a la barricada, al postureo, para jo…r la marrana, hacerse notar y engañar a la ciudadanía haciéndoles creen que son lo que no son, porque lo que son es sindicalistas de clase ideológicos encubiertos.

* Posdata: ¿Y qué pintaban en el congreso el “Observatorio de la vida militar” (¿?), el SUP, el “Movimiento Contra la Intolerancia” (¿?) y “Jueces y Juezas –¿portavozas?– para la Democracia”? Uyyyy, algo huele ha podrido en… el asociacionismo-sindicalista de clase ideológico.

Y por si alguien se ha llevado a engaño y nos cree defensores del Ministerio de Defensa o de Cospedal, esa pobrecita, vamos a dejar bien sentado lo siguiente:

  • El mando y los mandos de cualquier nivel, tienen que hacer gala siempre de una serie de acendradas virtudes militares y humanas, entre nuchas, la máxima preocupación porque sus subordinados dispongan de las mejores condiciones de vida que las circunstancias permitan en cada lugar y momento, tanto durante el servicio, como personales y familiares; deben velar por sus subordinados en todo; deben dar órdenes lógicas y acertadas; deben hacerse querer y respetar; deben… ser militares de verdad. Si así fueran demostrarían que el asociacionismo no tiene razón de ser.
    • La cruz y la espada
    Si hoy en las FFAA se ha incrustado el parásito asociacionista, léase sindicalista de clase ideológico, se debe en muy gran medida, no sólo a la traición de aquellos que no lo impidieron, sino también a la decadencia de los mandos en demostrar lo innecesario, inútil, superfluo, insignificante y redundante de tal fenómeno sobre la base de su acertada forma de ejercer sus funciones, su autoridad, en definitiva, el mando.
  • Por eso, NO a las asociaciones de cualquier tipo en las FFAA, son un cáncer que termina carcomiendo hasta los huesos de su esqueleto y minan la necesaria y esencial disciplina, pieza clave de ellas; NO al asociacionismo de ninguna clase, pues son caballo de Troya del enemigo; NO al famoso Consejo de Personal cuya composición y mera existencia atenta contra la autoridad y la disciplina. Las FFAA no son “democráticas” –o no deberían serlo– porque no sólo no lo necesitan, sino que es peligroso y contraproducente. Si son FFAA son una estructura firmemente jerarquizada en la que se imparten órdenes que se acatan y se cumplen, y no se discuten; siempre ha habido canales jerarquicos e institucionales en la escala de mando para transmitir quejas y denuncias, sin necesidad de “asociaciones”. En última instancia siempre está el Código de Justicia Militar. Quienes no piensan así valen muy poco para el servicio.

Como ven, que cada palo en este artículo, aguante su vela.

La Redacción