Y serás español.

El 23-F: honor y gloria

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La tarde en la Villa se iniciaba fresca,

Como sólo sabe refrescar allí,

Cuando dos centenas de hombres a la gresca,

Bajaron armados de su subfusil.

 

¡Quieto todo el mundo!, bramó el más enhiesto,

Cuando en el estrado, se le iba la voz,

a un tal Landelino, que en tono siniestro,

Miraba al soldado de rostro feroz.

 

¿Esperaba a otro? Quizás era eso,

Sobre todo cuando un espía gris,

Se alzó de su escaño, y se encaró al dueño,

De aquel imponente mostacho viril.

 

El hombre honorable, sentó al masonazo,

Que quedó Mellado en su dignidad,

Aunque este defecto lo llevaba anclado,

Desde que naciera a la humanidad.

 

“Qué raro es todo esto”, pensó el dirigente

Que entonces mandaba en la oposición,

Sociata era el tipo, no así el presidente,

Pero unos y otros, misma mierda son.

 

Y es que aquel lenguaje, tan exagerado,

Con el plan previsto por la Dirección,

No cuadraba nada, pues los diputados,

Debían ser tratados con educación.

 

¡Qué se sienten coño, todo el mundo al suelo!

¿Es preciso usar tal agresividad?

Cuando en el recinto, que eso era un señuelo,

Lo sabían todos, ni una salvedad.

 

Todos menos ese puñado de hombres,

A los que guiaba sólo el corazón,

El amor a España y a Dios, la raigambre,

Y el impulso alegre de su redención.

 

Aquellos intrusos que todos los días,

A sus compañeros veían caer,

Cruzarse de brazos ya más no podían,

Había en sus pechos demasiada Fe.

 

(Ahora muchos vascos lloran por erchainas,

Que mueren de infarto, nadie los mató.

Hace siete lustros, muchos que los penan,

Mataban a un guardia con satisfacción).

 

Cuando se hizo oscuro bajo los luceros,

Tejero vio claro: alguien dio la luz.

La frente bien alta mostró al chaquetero.

Y le arrojó el guante con firme quietud.

 

Bajó a los infiernos de aquel hemiciclo,

Elevó la orden que no quería dar,

Y aceptó el camino marcado por Cristo:

“La vida en la tierra es puro amargar”.

 

“Salud, camaradas, nos han traicionado,

Nos espera el día de la proscripción,

Pero antes de eso, pues somos soldados,

A España ofrendemos nuestra obstinación”.

 

Y fue desde entonces cuando se escribieron,

Las más bellas frases de esa Transición,

Que no tuvo ene, que no tuvo ese,

Que escrita correcta, fue pura Traición.

 

Como en una escena real del poema,

Que Michelarena, a Kipling amplió,

Arriesgaron pocos, llenos de alegría,

Todas sus ganancias, por salvar su honor.

 

¡Qué nombres, Dios mío, dejaste a la historia!

Y entre todos ellos, Camilo el mejor,

Se acercó al congreso no en pos de la gloria,

Fue para abrazarse con el perdedor.

 

Cuando todo estaba perdido en las cortes,

Cuando la conjura al Felón siguió,

Cuando se encontraba tan débil el fuerte,

A la causa noble, frustrada, se unió.

 

Al que sabía ajeno a tanta perfidia.

Al amigo, al hombre, al buen camarada,

Al deber cumplido por un ideal.

A la España Eterna, a Dios y a la espada.

 

Y a los que vistieron la boina encarnada,

Y al escapulario de los requetés,

Y a los esforzados de Invencible Armada.

Y a Pedro Menéndez, aquel de Avilés.

 

A los que tiñeron con la sangre propia,

La camisa nueva, la camisa azul.

Al “dios” que, nacido en la Extremadura,

Conquistó a la Iglesia, el vasto Perú.

 

A los que ganaron para Cristo el mundo,

A los que lucharon hasta anochecer.

A los que ese día tan frío y oscuro,

Velaron sus armas junto al Coronel.

 

Las glorias de España, todos sus caídos,

De Dios poderoso lograron, tal vez,

La dispensa breve en su vida eterna,

Para descubrirse ante su altivez.

 

No ha habido otros meses, ni tampoco días,

Qué adornen los años como aquel febrero.

Nada comparable con esa hidalguía:

Camilo, Muñecas y Antonio Tejero.

 


One thought on “Y serás español.”

  1. Magnífica poesía. Nunca será bastante cuando, efectivamente, se habla Camilo, Muñecas y Antonio Tejero. Los dos últimos, grandes amigos. El primero, mi Abuelo.
    Miguel Menéndez

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