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Semana de Pasión.

A todos: unámonos en torno a Cristo, acompañémosle en estos días con especial intensidad, rechacemos de plano –con los puños si fuera menester— cualquier actitud por leve que sea de impiedad y más aún cualquier intento de ofensa, vivamos con Cristo esta nueva y apasionante semana que es la Semana de Pasión, la Semana Santa.

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semana santa 04Con el Domingo de Ramos, con la entrada triunfal de Nuestro Señor en Jerusalén, triunfal pero como todo en Él repleta de infinita humildad simbolizada en la simple borriquilla en la que iba montado, comienza la Semana de Pasión, la Semana Santa, los días más importantes del calendario litúrgico católico, de nuestra Santa Fe.

Desde La Cruz y la Espada queremos hacer a todos nuestros seguidores y a todos los católicos un firme y muy serio llamamiento a recuperar el verdadero y único sentido de los próximos días, a vivirlos como Dios y la Iglesia siempre han mandado, a recuperar las prácticas piadosas que siempre fueron de rigor. Firme, serio y, aún más, urgente llamamiento, porque no podemos caer en la hipocresía de quejarnos todos los días de cómo estamos, de lloriquear pidiendo un milagro cósmico que todo lo arregle de golpe, de señalar con el dedo a los obispos y clérigos desvariados –una buena parte de los existentes–, sin empezar el cambio radical que deseamos y es necesario por nosotros mismos, por nuestra alma, mente y corazón, para, desde él, acometer el general.

Y hacemos este llamamiento casi con desesperación porque hace décadas que el verdadero y único sentido y prácticas de la Semana Santa, de la Semana de Pasión, se han abandonado, se han perdido, vulgarizándose, paganizándose, tergiversándose e incluso desapareciendo; en buena medida porque gran parte, una parte muy importante de nuestros pastores, las han y nos han abandonado. Así pues, tenemos que ser los fieles los que trabajemos con ahínco para que se recuperen, tenemos que ser nosotros los que, arma espiritual al brazo, luchemos por imprimir un cabio radical de tan penosa situación; créannos si les decimos que nos va en ello mucho.

La Semana Santa no es un periodo vacacional, ni tampoco para relajarnos, ni menos aún para darnos al buen vivir y mejor yantar; en absoluto, para eso, con la debida mesura, está el verano u otras épocas vacacionales. Tampoco para hacer turismo, y menos aún ese turismo hoy tan mal y ofensivamente llamado “religioso” que nos venden. Tampoco lo es para entregarnos a un nomadeo de procesión en procesión para nada más que admirar las tallas de los pasos o para dejarnos contagiar de un sentimentalismo vulgar y erróneo. Nada de eso. Nosotros no.

Tenemos que adentrarnos en la Semana de Pasión, en la Semana Santa, como lo que realmente es: una apasionante semana.

semana santa 03Tenemos que aumentar nuestro tiempo de oración diaria, así como el dedicado a meditar sobre los hechos históricos y espirituales ocurridos en su momento. Tenemos que intensificar, son sólo siete días más, nuestras penitencias, especialmente ayunos y, sobre todo el Viernes Santo especialmente: a pan y agua, como lo leen. Tenemos que alejar de nosotros hasta lo imposible el mundanal ruido que normalmente nos envuelve. No puede faltar el Rosario diario con especial calma y devoción, pues también Nuestra Madre sufrió su pasión con infinito dolor.

Tenemos que asistir con una piedad especial a los oficios del Jueves y Viernes santos. Tenemos que acompañar a Nuestro Señor todo el tiempo que podamos en la noche de ese Jueves al Viernes, noche de tremendo dolor, de angustia en la que vio y sufrió ya por todos y cada uno de nuestros pecados, en que sudó y lloró sangre, noche de tristeza infinita al ver que todo lo que iba a sufrir no sería aprovechado por TODOS los hombres, sino PRO MULTIS, por mucho sólo, noche por ello de penosa decepción. Tenemos que hacer en estos días una confesión general de todos los pecados, ofensas y negligencias cometidos a lo largo de nuestra vida, para lo cual tenemos que prepararla con detalle, rogar a Dios un profundo dolor de nuestros pecados y un valiente, decidido, sincero, firme y varonil propósito de enmienda. Tenemos que llegar al Domingo de Resurrección convertidos de alma, mente y corazón. Ya está bien, no podemos esperar más para abandonar nuestra penosa  y decadente vida. Tenemos que curtirnos en estos días para aprestarnos al combate espiritual personal y colectivo que se está produciendo y que se está perdiendo. Cristo no puede ser derrotado por nuestra culpa.

Vivimos tiempos recios porque lo son de apostasía –silenciosa, aparentemente inexistente, pero por eso más apostasía y más dañina que cualquier otra–, tenemos que volver a vivir la Semana de Pasión apasionadamente, sin medias tintas, sin tibieza, radicalmente. Tenemos que recuperar la reciedumbre, la austeridad, la piedad y la profundidad con que siempre vivieron la Iglesia y nuestros antepasados este periodo. Hay que volver a los orígenes que es la Pasión con toda su crudeza, con todo su dolor, con todo su sufrimiento, con toda su realidad, sin tapujos, sin sentimentalismo, sin blandenguerías, sin miedo, con la esperanza puesta en el día después, el de la Resurrección, claro, pero sin adelantarlo ni un minuto, pues eso desvirtuaría la verdad y la esencia de la Semana Santa.

Debemos expresar en lo exterior, lo que llevamos en lo interior, si es que lo llevamos. Debemos destacarnos en nuestras muestras de piedad, principalmente cuando asistamos a los oficios, para ser ejemplo para los demás de cómo realmente debemos vivir esta apasionante semana.

Y en todo ello debemos arrastrar a los nuestros, en especial a los jóvenes y niños, nada de tiempo de holganza, de “quedadas”, de no hacer nada, de vida muelle, de mentes en blanco y, peor aún, de juergas, bebercios y perdición. Nada de ocultar a los jóvenes la realidad de esta apasionante semana, que se vayan curtiendo también.

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Y ahora un llamamiento particular a obispos, sacerdotes y religiosos: basta ya de desvirtuar la Semana Santa, basta ya de relajación, de buenismo, de bobaliconas sonrisas, en definitiva de engaños, son ustedes los pastores, los que tienen la autoridad, la obligación y por ello la responsabilidad. Dejen ya de transigir con actitudes inadecuadas, con admitir actuaciones impropias, con predicar una falsa misericordia de todo y a todos; aprovechen esta Semana Santa para marcar un antes y un después.

semana santa 05A los responsables de las cofradías, así como a sus componentes: esta gran tradición de las procesiones, única en el mundo, no son un teatro, una pantomima, una atracción turística, un negocio para su ciudad, ni una oportunidad de provocar una histeria sentimentaloide colectiva vacua. Limpien ustedes sus cofradías de cofrades hipócritas, impenitentes, herejes y apóstatas; depuren sus estructuras; recuerden que las procesiones de hoy son las que hace siglos iniciaron nuestros antepasados como expresión sincera de su profunda fe y deseo de perdón y penitencia. No transijan con las tentaciones del mundanal ruido hoy desbocadas.

A todos: unámonos en torno a Cristo, acompañémosle en estos días con especial intensidad, rechacemos de plano –con los puños si fuera menester— cualquier actitud por leve que sea de impiedad y más aún cualquier intento de ofensa, vivamos con Cristo esta nueva y apasionante semana que es la Semana de Pasión, la Semana Santa.

Si así lo hacemos, Dios nos devolverá ciento por uno; si no, nos lo reclamará. Pidamos, por último, a Nuestra Santísima Madre, que interceda por nosotros para que logremos que la Semana Santa de 2018 sea una referencia de ahora en adelante en nuestras vidas y en el devenir de nuestra amada patria.

 


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