Sobre la Confesión.

Perdón y piedad. La Confesión es la oración de la liberación de la esclavitud que suponen nuestros pecados; de la sanación de la enfermedad del alma que conlleva pecar.

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Consideraciones generales.-

La Confesión es también un sacramento, por lo que como en el caso de la Santa Misa, en tal naturaleza radica su esencial importancia.

La Confesión es la oración de la liberación de la esclavitud que suponen nuestros pecados; de la sanación de la enfermedad del alma que conlleva pecar.

La Confesión es complemento esencial de la Santa Misa, pues mediante la confesión podremos asistir a ella con plenitud, limpios de pecado y, por lo tanto, recibir el gran don de la Comunión.

Mediante la Confesión se nos devuelve la Gracia que perdimos cuando pecamos, poniéndonos otra vez en el buen camino. Si por el pecado nos apartamos radicalmente de Dios, la única forma de volver a Él es mediante la confesión.

Como ocurre con la Santa Misa, la confesión regular, sea de nuestros pecados actuales, sea, caso de considerar que no tenemos ninguno, de aquellos ya confesados u olvidados anteriormente, nos aporta gracias especiales; principalmente el alejamiento de las tentaciones o, caso de tenerlas, mayor facilidad para vencerlas.

Periodicidad.-
— Habitualmente:
Cuando menos una vez al mes; siendo mejor una vez cada quince días.
Además una confesión especial general una vez al año por Cuaresma.

— Extraordinariamente:
Caso de tener la desgracia de cometer un pecado mortal –recordar que en tal estado no podemos comulgar–, debemos proceder urgentemente como sigue:

– Buscar en seguida un lugar apartado donde podamos recogernos –si es una iglesia mejor–; rezar con contrición el Señor mío Jesucristo; pedir al Espíritu Santo que nos conceda arrepentimiento y dolor de dicho pecado, así como firme propósito de enmienda y de confesarnos de inmediato; pedir la intercesión de Nuestra Madre, la Santísima Siempre Virgen María, así como la oración de San Miguel Arcángel, de nuestro Ángel de la Guarda, del Santo Patriarca San José, del santo de nuestra especial devoción y del santo de nuestro nombre. Si hay posibilidad rezar un Rosario.

– Buscar un confesor en el acto o dentro de ese mismo día; a ser posible no irnos a dormir en pecado mortal.

– Si no fuera posible, buscar uno para confesarnos al día siguiente, incluso haciendo un hueco en nuestras obligaciones; incluso si tenemos que desplazarnos a distancia para ello.

– Rematar la confesión asistiendo a la Santa Misa y comulgando para así recuperar plenamente la Gracia de Dios y restablecer nuestra amistad con Él.

– Nada más importante que evitar permanecer en pecado mortal, pues en tal estado estamos en constante peligro no sólo de condenarnos, caso de morir, sino también de seguir cayendo en más pecados mortales.

– Caso de sufrir la desgracia de caer en algún mal hábito –o incluso vicio– que nos lleve a pecar mortalmente una y otra vez, nunca desesperar. Tantas veces se caiga, tantas veces debemos proceder como se ha dicho, con constancia y perseverancia plenas, sin caer nunca, nunca, nunca en el desánimo o el desaliento, seguros de que Nuestro Señor nos va a perdonar siempre y de que con tal práctica y con las demás oraciones de esta guía poco a poco venceremos, por la Gracia de Dios, tal problema y, finalmente, llegará un día en que la tentación de caer en tal hábito disminuirá y será fácilmente vencida.

– Lo contrario, es decir, la desesperación, el darnos por vencidos, es la tentación de las tentaciones, es la mayor de las trampas, el más sutil y eficaz engaño que nos pone el Demonio para apartarnos de la Confesión, de la Santa Misa, del Rosario y de la oración, y así perdernos definitivamente.

No olvidar confesarnos siempre antes de viajar, de someternos a una intervención quirúrgica, de realizar alguna actividad con riesgo físico, cuando veamos que decae nuestro ánimo o sintamos desfallecer nuestras fuerzas espirituales.

Qué debemos confesar.-

Ante todo debemos confesar los pecados mortales; pero también los veniales. Muy importante es tener en cuenta:

–Que si con nuestros pecados causamos daño al alguien de cualquier forma –sea física o espiritualmente– hay obligación de repararlo en lo posible.
–Que quien coopera directa o indirectamente con el mal, siendo consciente de ello, también peca y debe reparar.
–Que no sólo basta con no hacer el mal, hay que hacer el bien.
–Que cuando pecamos, herimos a la Iglesia, pues somos miembros de ella, Cuerpo Místico de Jesucristo.

Preparación para la Confesión.-

— Señor mío Jesucristo….

— Dios mío, Espíritu Santo, ven, llena esta alma, esta mente y este corazón, infunde en ellos el fuego de tu amor, renuévalos, límpialos, conviértelos, y ayúdame a realizar una buena y provechosa confesión.

— Santa María, Madre de Dios y Madre mía, plena de Gracia, Co-redentora nuestra, intercede por mí para que realice una buena confesión, pues a tu Inmaculado Corazón, todo se concede, nada se niega.

— San Miguel Arcángel, Santo Ángel de la Guarda, Santo Patriarca San José, San… (santo al que debemos tener especial devoción por conocerse que superó el pecado o defecto del que nosotros más adolecemos) y San… (santo de nuestro nombre al que debemos especial devoción), rogad por mí para que realice una buena confesión.

Examen de conciencia.-
(Sobre los diez mandamientos y los cinco de la Iglesia)

1º.- Amarás a Dios sobre todas las cosas.
¿Creo todo lo que me enseña la Iglesia? ¿Procuro mejorar mi formación espiritual y religiosa? ¿Evito publicaciones, asistencia a películas, espectáculos o programas de televisión y radio que vayan contra la fe y la moral? ¿Rezo frecuentemente?¿Me desespero? Ante la cruz de cada día ¿rezo para llevarla con Jesús? ¿Pongo diligencia en las cosas que atañen a Dios o me dejo vencer por la desgana y la pereza? ¿Procuro hacer todo por amor a Dios y por Su Gloria o sólo por interés y para complacencia de los hombres?¿He recibido indignamente algún sacramento o sostengo supersticiones?

2º.- No tomarás el nombre de Dios en vano.
¿He blasfemado? ¿He jurado con mentira? ¿He jurado con verdad, pero sin necesidad vital? ¿He dejado de cumplir alguna promesa?

3º.- Santificarás las fiestas.
¿He faltado a Misa sin causa de fuerza mayor o realmente grave en Domingo o fiestas de precepto?¿He respetado en lo posible el descanso dominical?

4º.- Honrarás a tu padre y a tu madre.
¿Amo, respeto y procuro agradar a mis padres vivos o a su memoria si están muertos y, en este caso, rezo por ellos –y visito sus tumbas una vez al año– y por los demás familiares, amigos y otros difuntos? ¿Cumplo con esmero mis deberes profesionales? ¿Ayudo en lo posible a mi consorte, familiares, amigos y cuántos acuden a mí justificadamente? ¿Cuido especialmente de palabra y obra la educación y formación católica de mis hijos?¿Doy buen ejemplo y testimonio como católico a los que me rodean?¿He apoyado de palabra u obra –o con mi voto– actos u organizaciones de cualquier tipo que contengan el menor resquicio de inmoralidad o no respeten o incluso se opongan a la doctrina católica o a la Iglesia? ¿Amo a mi patria?

5º.- No matarás.
¿He matado a alguien?¿He deseado a alguien la muerte o un mal físico o moral grave?¿He colaborado, siquiera de lejos o levemente, en abortos o eutanasias –cualquiera que sea el motivo o supuesto– o con organizaciones que de forma aun circunstancial acepten, justifiquen, promuevan o no rechacen la existencia de tales crímenes? ¿Me dejo llevar por la soberbia, ira, envidia, orgullo o el mal humor? ¿Alimento enemistad, rencor o deseos de venganza contra alguien? ¿He molestado, insultado, cizañado o despreciado a alguien?¿Pido perdón y perdono cuando se me pide a mí? ¿Cometo excesos en la comida o bebida? ¿Me drogo? ¿He puesto mi integridad física o mi vida, o las de otros, en peligro sin causa grave justificada? ¿Conduzco con prudencia y esmero? ¿He escandalizado a otros con mi conducta, palabras u obras, forma de vestir, actitudes, etc.?¿He sucumbido al respeto humano y no he dado testimonio valiente y decidido de mi fe?¿Practico la caridad con palabras y obras?

6º.- No cometerás actos impuros y 9º.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
¿Guardo la pureza y castidad debidas a mi estado? ¿He cometido actos impuros solo o acompañado? ¿He consentido pensamientos, deseos o miradas impuras o lecturas o conversaciones deshonestas? ¿Estoy casado por la Iglesia o convivo con otra persona sin estar debidamente casado? ¿Estoy separado/divorciado y convivo con otra persona? ¿Hago uso del matrimonio de acuerdo a la Ley de Dios y la moral enseñada por la Iglesia? ¿Evito toda clase de espectáculos, reuniones, programas de cine, televisión o radio que puedan poner en peligro la pureza y castidad debidas a mi estado? ¿Voto, apoyo o colaboro aunque sea ligeramente con organizaciones de cualquier tipo que aceptan, consienten o impulsan comportamientos morales contrarios a la Ley de Dios o a las enseñanzas de la Iglesia? ¿Tengo una gran devoción por Nuestra Madre la Santísima Siempre Virgen María y por el Santo Patriarca San José, ambos modelos extraordinarios de pureza y castidad? ¿Acudo a ellos de inmediato y decididamente ante la menor tentación contra la pureza y castidad debidas a mi estado?

7º.- No robarás y 10º.- No codiciarás los bienes ajenos.
¿He robado o dañado alguna propiedad de alguien?¿Lo he restituido?¿Presto lo que me piden y puedo, y devuelvo en seguida y en el mismo estado lo que me prestan?¿Soy egoísta, avaro, codicioso o malgastador? ¿Ayudo a la Iglesia económicamente sea a su conjunto o sea a alguna institución o sacerdote o religioso en particular? ¿Obro con justicia en mis relaciones laborales, contractuales y comerciales de cualquier tipo?¿Santifico mi trabajo ofreciéndolo y realizándolo por amor a Dios y por Su mayor Gloria?

8º.- No dirás falso testimonio ni mentirás.
¿He mentido y mi mentira ha perjudicado a otros grave o levemente? ¿He calumniado o murmurado contra otros? ¿Soy cínico, hipócrita, demagogo, etc.? ¿He faltado a la lealtad debida o a la palabra o promesas hechas? ¿Amo y practico la verdad? ¿Soy siempre sincero?

Realización de la Confesión.-

Ave María Purísima.
(Sin pecado concebida; contestará el sacerdote)

Padre, me confesé la última vez hace…, y desde entonces me confieso y arrepiento de los siguientes pecados mortales… y de los siguientes veniales… (al decir los pecados debemos ser breves, concretos, concisos y completos, manifestando cuántas veces cometimos cada uno de ellos; sin temor, ni vergüenza, seguros de que el sacerdote nos comprenderá –y caso necesario nos ayudará– y de que seremos perdonados). Así como de todos los pecados confesados anteriormente u olvidados, especialmente de los que fueron contra (nombrar de forma general aquellos en los que más habitualmente solemos o solíamos caer)…”.

Si durante el examen de conciencia no hubiéramos detectado haber cometido ni pecados mortales ni veniales, no por ello debemos dejar de confesarnos; ni creernos completamente limpios. En tal caso nos confesaremos sólo de: “…todos los pecados confesados anteriormente u olvidados, especialmente de los que fueron contra (nombrar de forma general aquellos en los que más habitualmente solemos o solíamos caer)…”

Siempre escuchar con suma atención los consejos del sacerdote, la penitencia que nos imponga y la absolución. Al terminar decir:

“Gracias padre”.

Rezo de la penitencia.-

Rézarla de inmediato. Tras ella da las gracias a Dios, a la Santísima Virgen, al Arcángel San Miguel, a nuestro Ángel de la Guarda, al Santo Patriarca San José, a nuestro Santo de mayor devoción y al Santo de nuestro nombre por su ayuda para la confesión.

 


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