• La cruz y la espada
Vuelve por sus fueros, ahora de la mano de Ciudadanos y de PoTemos, la urgencia por dar satisfacción a la necesidad que desde siempre ha existido de reformar la ley electoral en vigor. Prácticamente desde el día siguiente de su entrada en vigor, dicha ley demostró sus gravísimos defectos; máxime en una nación como España en la que por desgracia existen esos exacerbados sectores secesionistas cuya única intención es destruirla, aún a costa de destruirse a ellos mismos, bien que utilizando todos los subterfugios legales o ilegales que se les ponen a su disposición. Uno de ellos el concederles representación en aquello que quieren destruir; paradojas de nuestra “democracia”.

Antes de entrar en materia veamos algunas consideraciones sobre sistemas electorales en vigor en nuestro entorno; excluimos a los EEUU por que el suyo es tan suyo y tan “original” que no resulta factible ni tenerle en cuenta por mucho que sea tan país, según dicen, el paradigma de la democracia.

Los sistemas electorales se pueden clasificar en dos grandes grupos: proporcionales y mayoritarios. En los sistemas mayoritarios se vota a una persona con nombres y apellidos, pero las minorías no quedan representadas. En los sistemas proporcionales las minorías obtienen representación, pero el voto es a partidos políticos y no a personas concretas.

Los sistemas electorales de nuestro entorno (Aquí informe ad hoc) son de la siguiente clase: Reino Unido lo tiene mayoritario uninominal, mientras que Francia lo tiene también mayoritario uninominal pero a dos vueltas. Alemania lo tiene proporcional personalista e Italia una “falsa” proporcionalidad. Sin duda todos tienen ventajas y defectos, pues no hay uno sólo, lógicamente, que sea perfecto; todo lo humano está siempre sujeto a imperfecciones. Pero es que el español, que es mixto de los anteriores, se lleva la palma por defectuoso.

Veamos más en concreto.

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Reino Unido. Sistema uninominal mayoritario.-

Se divide el país en tantas circunscripciones como parlamentarios hay (646). Cada distrito o circunscripción tiene sobre los 80.000 electores. De cada uno de estos distritos saldrá únicamente un parlamentario (diputado), el que más votos haya conseguido. Esto quiere decir que no se computan los votos totales en el conjunto del país, sino simplemente en el distrito.

Los partidos solo necesitan ganar por mayoría simple en sus distritos. Así, si en una circunscripción se presentan 3 partidos, solo sacará el escaño quien obtenga mayoría (más del 33%). Con este sistema puede darse el caso de que el partido A gane en votos pero tenga menos escaños que el partido B. Tan solo es necesario que el partido B haya ganado en muchos distritos por una diferencia muy pequeña, mientras que el partido A haya ganado en menos número distritos, pero con una diferencia mucho mayor.

Aúna la representación territorial y la poblacional en una sola cámara. Los electores tienen un contacto directo con los elegidos, son sus representantes directos y pueden dirigirse a ellos para hacerles saber su opinión en diversos temas. Además, normalmente los conocen, por lo que pueden tener un control más directo sobre ellos. Otra de sus ventajas es que es un sistema muy estable que normalmente tiende a forjar mayorías absolutas y con ello ejecutivos sólidos, entre otras cosas porque es un sistema que discrimina a las minorías, es decir, a los partidos pequeños. 

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Alemania. Sistema proporcional personalista.-

El Bundestag o cámara baja, es el órgano de representación popular. No tiene un número fijo de diputados, aunque siempre son al menos 598. Se le suman unos cuantos más (en torno a veinte) para hacerlo proporcional. El sistema electoral para elegir a sus miembros es a doble voto, es decir, cada alemán tiene dos votos que se computan por distintos sistemas. El primero de ellos se cuenta por el sistema uninominal mayoritario simple (el de Reino Unido). Alemania se divide en 299 circunscripciones de cada una de las que sale un solo diputado, el más votado. El segundo voto es para decidir los otros 299 (o más) diputados. Se vota a listas electorales cerradas en cada Land. Este segundo voto no está destinado a un candidato en concreto sino al partido, y se reparte por el sistema proporcional Hare-Niemeyer. Esto quiere decir que en función del segundo voto se repartirán cuantos parlamentarios en el total de la cámara debe tener cada partido, contando en esta suma los ya elegidos por el primero voto. 

El sistema es muy complicado. El segundo voto es el verdaderamente importante para calibrar el peso de cada formación política. Es un sistema puramente proporcional en el que además se elige a un candidato por cada pequeño distrito. Aúna el control a su representante del sistema británico con la proporcionalidad perfecta. Es muy representativo de partidos pequeños, evitando el bipartidismo. 

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Francia. Uninominal mayoritario a dos vueltas.-

La Asamblea Nacional de Francia se elige por cinco años mediante un sistema uninominal mayoritario a dos vueltas. Esto significa que se reparte el territorio francés en tantas circunscripciones como asientos hay en la Asamblea, 577, de los que saldrá un solo diputado de cada una. Para elegir a cada diputado hay dos vueltas. Si en la primera hay mayoría absoluta de un candidato en la circunscripción, es automáticamente elegido y se cancela la segunda vuelta. Si no lo hay, como suele ocurrir, concurren a la segunda vuelta los dos partidos que hayan superado el 12% de los votos. En la segunda vuelta el candidato con mayoría simple sale elegido.

Esta fórmula arrincona a los partidos pequeños y a las minorías ideológicas y fomenta el bipartidismo. Es un sistema muy estable. Representa bien a los territorios. La elección del candidato del distrito es muy personalista, hay un gran control del candidato por parte de los electores. Tiende a conformar alianzas electorales entre los partidos pequeños –fomenta el voto táctico–, porque muchos partidos que saben que serían vencidos en segunda vuelta retiran su candidatura en favor de un partido mayoritario. 

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Italia. Falsa proporcionalidad.-

Los 630 escaños de la Cámara de Diputados se eligen, en primera instancia, mediante un sistema proporcional, a tanto porcentaje de votos, tantos de escaños. A partir de ahí, se corrige esta proporcionalidad con dos medidas: la primera un barrera de entrada del 4% del voto. Todos los partidos que no la consigan son excluidos de la cámara. La segunda es un premio a la mayoría, garantizando que el partido mayoritario obtenga el 55% de los escaños.

El Parlamento queda como una cámara vacía de contenido político, relegada a ser un órgano instrumental del ejecutivo, que la controla.

Y ahora veamos nuestro caso.

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España. Sistema mixto.-

Los 350 diputados del Congreso son elegido mediante un sistema mixto entre el mayoritario y proporcional. El país se divide en 52 circunscripciones, con muy diferente peso poblacional. A cada circunscripción se le asigna un número desigual de diputados. Oscilan entre el único diputado de Ceuta y Melilla, o los dos de Soria, a los 36 de Madrid o 31 de Barcelona. De esas circunscripciones saldrán los diputados por un sistema proporcional mediante ley D’Hondt. 

Nuestro sistema electoral beneficia que los partidos minoritarios tengan representación. No consigue ni una buena proporcionalidad, ni un buen control de los parlamentarios por sus electores.

Recuérdese que dijimos al principio de este resumen que los sistemas electorales se clasificaban en dos grandes grupos: proporcionales y mayoritarios. Pues bien, el sistema electoral español reúne las desventajas de los sistemas mayoritarios y de los proporcionales, y ninguna de sus virtudes.

Conviene también saber, sobre nuestro sistema electoral, lo siguiente (los datos electorales para estos ejemplo son los de 2011):

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Con un sistema electoral proporcional puro (una persona, un voto), en el que no se repartieran los escaños de la abstención, los votos en blanco y los nulos, los resultados de dichas elecciones habrían sido como se muestran en el gráfico y tabla de la derecha.                                                    

Con la actual ley electoral, es decir, con el método D´Hondt, que reparte todos los escaños, incluso los de la abstención, los de los votos en blanco y los nulos entre los partidos que sacan diputados, quedó como muestra el gráfico  y la tabla de izquierda.

En el resultado se indican los diputados que cada partido ha obtenido con la actual ley electoral y entre paréntesis figuran los diputados que ganan (+) o pierden (-) gracias a ella.

Con un censo electoral de 35.779.491 personas, al PP le habían votado 10.830.693, es decir, poco más del 30 %, sin embargo tuvo mayoría absoluta. El segundo partido más votado, el PSOE, sólo obtuvo 6.973.880 votos. La suma de votos de PP y PSOE, 17.804.573, no llegó ni a la mitad del censo electoral, a pesar de que tuvieron la gran mayoría de diputados, 296 de los 350 a repartir. El dato de la abstención, 9.710.775, sumado a los votos en blanco y nulos, 650.981, da como resultado 10.361.756, casi tanto como los votos que obtuvo el PP. Sin embargo, la ley electoral convirtió la abstención, los votos en blancos y los nulos en diputados para ciertos partidos, entre ellos los mayoritarios, PP y PSOE, como vemos.

Los datos más completos están en la página oficial del Ministerio del Interior, que curiosamente, cuando da los porcentajes que cada partido ha obtenido, lo hace, no sobre el conjunto del censo electoral, o sea, de todas las personas que podían votar, sino sobre el total de votos emitidos, lo que incrementa de forma cantosa el porcentaje; así al PP lo han votado el 44,62 %, cuando en realidad, de todo el censo electoral obtuvo tan sólo el 30,27 %.

Y para completar este análisis presentamos a continuación como quedarían dicho resultados (recordemos que de 2011) con los siguientes tipos de sistemas electorales.

Tomando como circunscripciones las provincias:

   ACTUAL    BRITÁNICO   CIRCUNS.
ÚNICA
 
PP 186 10.830.693 44.62 % 277 91 158 -28
PSOE 110 6.973.880 28.73 % 43 -67 102 -8
CiU 16 1.014.263 4.17 % 16 0 25 9
IU 11 1.680.810 6.92 % 0 -11 15 4
AMAI 7 333.628 1.37 % 6 -1 17 10
UPyD 5 1.140.242 4.69 % 0 -5 5 0
PNV 5 323.517 1.33 % 8 3 5 0
ERC 3 256.393 1.05 % 0 -3 4 1
BNG 2 183.279 0.75 % 0 -2 3 1
CC 2 143.550  0.59 % 0 -2 2 0
COM 1 125.150 0.51 % 0 -1 2 1
FAC 1 99.173 0.4 % 0 -1 2 1
GBA 1 42.411 0.17 % 0 -1 1 0
EQUO 0 215.776 0.88 % 0 0 3 3
P.AND (*) 1 76.852 0,31%
PxC (*) 1 59.781 0,24%
PACMA (*) 2 101.557 0,41%
E. BLANCO (*) 1 97.706 0,40%
ERC (*) 1 43.903 0,18%
 (*) Estos partidos entrarían nuevos con la tercera opción. Se expresan nº de diputados, votos obtenidos y porcentajes.

Tomando como circunscripciones las autonomías:

ACTUAL             BRITÁNICO
PP 168 10.830.693 44.62 % 285 117
PSOE 104 6.973.880 28.73 % 0 -104
CiU 15 1.014.263 4.17 % 47 32
IU 21 1.680.810 6.92 % 0 -21
AMAI 6 333.628 1.37 % 0 -6
UPyD 17 1.140.242 4.69 % 0 -17
PNV 6 323.517 1.33 % 18 12
ERC 4 256.393 1.05 %
BNG 3 183.279 0.75 %
CC 2 143.550  0.59 %
COM 2 125.150 0.51 %
FAC 1 99.173 0.4 %
GBA 1 42.411 0.17 %
EQUO 0 215.776 0.88 %

Después de todo lo anterior, teniendo en cuenta que lo que nadie discute ni puede discutir es que tan democráticos son los británicos, los franceses o los italianos, pero teniendo en cuenta también nuestros muy especiales “problemas”, dejamos a la inteligencia de cada cual sacar sus propias conclusiones.

Dicho todo lo anterior pasemos ahora a llevar a cabo nuestro particular análisis.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que para modificar la actual ley electoral haría falta, en principio, modificar la Constitución –artículos 68 y 69–, cosa que a día de hoy no parece ni posible ni deseable por parte de casi todos los partidos, sobre todo los mayoritarios, PP y PSOE, a los cuales la actual ley beneficia escandalosamente –se benefician de los “restos” de las circunscripciones pequeñas–, motivo por el cual nunca, ni aún cuando tuvieron mayoría absoluta, la quisieron cambiar; y ahora menos cuando se les viene encima el ascenso de C,s y la consolidación de PoTemos –que aunque vayan a perder escaños han venido para quedarse–, de ahí que sean estos dos últimos los que están interesados en brear con tal toro y, desde luego, en reformar la ley para beneficarse ellos en lo posible. Aquí lo de ser justos, democráticos y tolerantes queda siempre para la galería y para los tontos que se lo creen, aquí de lo que se trata es de una lucha de poder entre partidos y, por ello, lo único que cuenta es quién se lleva más parte del gato al agua o arrima más el ascua a su sardina.

Lo que sí hay son recovecos mediante los cuales, sin entrar en una compleja modificación constitucional, se podría variar en algo dicha ley; ya saben: el que hizo la ley, hizo también la trampa. Son los siguientes:

  • Aumentar el número de diputados de 350 a 400, creando una “bolsa” de 50 escaños para repartirlos haciendo un cómputo nacional.
  • Rebajar la barrera electoral para las elecciones del 3% al 2%.
  • Sustituir la actual fórmula de D´Hont por otra, como la Sainte-Laguë, más proporcional, o el sistema de restos mayoritarios u otras; o sea, jugar con las matemáticas.
  • Incorporar listas abiertas como en el Senado.

Sin duda que por ahí van a ir los tiros, siempre y cuando C,s y PoTemos puedan convencer o engañar al PSOE o quién sabe si al PP in extremis.

En cualquier caso, y a nuestro juicio, de lo que se debería tratar al modificar la ley electoral por el camino o fórmula que fuera, es de alcanzar una solución “democrática”, eso siempre, faltaría más, para conseguir una ley que, respetando la “pluralidad”, por supuesto, beneficie  sobre todo y ante todo la gobernabilidad de España, que consolide que las opciones más votadas sean las que gobiernen, a ser posible sin necesidad de pactos y re-pactos, y sobre todo y ante todo, también, que impida que el juego quede siempre en manos de esos partiditos minoritarios –¿no es la democracia el reino de las mayorías?–, máxime de los secesionistas que ya sabemos para qué se presentan a las elecciones, además de que para que sus prebostes ganen sustanciosos sueldos del Estado al que tanto odian. Ahí es donde todos, menos ellos, claro, deberían alcanzar el “consenso”, es decir, en impedir, permitiendo la libertad de voto democrático suficiente, que los enemigos internos de España, al contrario de como ha sido hasta ahora, sean los árbitros de nuestro devenir, lo que ya sabemos a dónde nos ha llevado.

Dicho lo anterior, para nosotros, máxime a la vista de los comparativos aquí presentados, la mejor opción sería ir a un sistema idéntico o muy similar al británico tomando a las provincias como circunscripciones, el cual, aún con sus deficiencias –nada humano es nunca perfecto–, cada día nos gusta más, porque, repetimos, siendo tan democrático como el que más, no sólo haría que cada diputado tuviera que ganarse su sillón dando la cara directamente a sus electores –y después aguantarles durante cuatro años, no fuera que en las próximas elecciones no le votaran–, sino que además, barrería del congreso a tanto anti-español, tanto perro del hortelano, como ahora vive de él, sin dejar vivir a nadie, y que, en realidad, a muy pocos representan.

Y que conste que nuestra postura no está motivada porque tal sistema beneficiaría al PP, hoy por hoy, mañana no sabemos, pues para nosotros dicho partido es la verdadera raíz de todos nuestros problemas –como aquél nosotros también rezamos por su desaparición–, es decir, de los problemas de esta manca, coja y tuerta democracia, y al cual nunca hemos votado ni votaremos jamás.

Con todo, no olvidemos que lo más importante, sea cual sea el sistema electoral que tengamos o podamos tener en un futuro, con sistema D´Hondt o sistema Sainte-Laguë –los dos modelos de proporcionalidad hoy en boga–, británico, alemán o… chino, la cuestión esencial, y la que solucionaría casi todos los problemas, en especial los que hoy tanto nos quitan el sueño, estriba en que todos los partidos políticos sin excepciones deberían asumir y respetar una serie de principios y conceptos inamovibles que desde hace cuatro décadas ni lo han hecho ni les interesa ni quieren, que, cuando menos, son los siguientes: por encima de todo y de todos la unidad absoluta de España –sin peros ni fisuras ni resquicios–, la permanencia e inviolabilidad de sus símbolos –himno, bandera e idioma oficial–, la igualdad para todos sin excepciones de un único sistema educativo y contributivo, la honorabilidad de todas sus instituciones y la práctica de una única política exterior.

Las instituciones, partidos y dirigentes de cualquier clase, condición y nivel que no asumieran todo lo anterior y absolutamente, deberían ser inmediatamente ilegalizados e inabilitados per secula seculorum. Porque sin lo anterior, da igual la Constitución y la ley electoral por las que nos rijamos, todo será siempre vulgar y mezquina lucha de poder, de ambiciones, de miserias, de interese personales abyectos, que indefectiblemente nos seguirán llevando, como vemos, al desastre.

La Redacción