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El pregón del Col. Marcos Izquierdo

El pregón, a nuestro juicio, es una patética mezcla de tres de los más peligrosos “ismos” –vulgar sentimentalismo, anticatólico relativismo y totalitario globalismo o internacionalismo– de los varios que hoy tanto abundan y se coaligan para destruirnos como nación y como civilización.

col marcos pregonEl pregón de Semana Santa de este año en Toledo le fue ofrecido, y por él aceptado, al Coronel Javier Marcos Izquierdo, director de la Academia de Infantería. (Aquí el texto).

Pues bien, el pregón, a nuestro juicio, es una patética mezcla de tres de los más peligrosos “ismos” –vulgar sentimentalismo, anticatólico relativismo y totalitario globalismo o internacionalismo– de los varios que hoy tanto abundan y se coaligan para destruirnos como nación y como civilización. Y debido a que el pregón fue dicho por un militar de alta graduación y que además tiene proyección futura –o precisamente por ello–, peor aún.

De todo el larguísimo y plomizo texto –doce folios nada más y nada menos, y eso que empezó diciendo parafraseando a Cervantes que “sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo” ¿cómo hubiera sido si no se lo propone?–, vamos a destacar lo siguiente:

* El Col. Marcos se centró en sí mismo, lo cual no dice mucho de él, pero claro, lo hizo porque desde el principio tenía planeado llenar de sentimentalismo su alocución, y para ello nada mejor que ponerse como ejemplo y loar sus “hazañas”.

* Aseguró el Col. Marcos que en sus viajes a lo largo y ancho de este mundo –como aquel Capitán Tan de nuestra niñez– por lugares “…–en su mayoría, castigados por conflictos de difícil solución– (…) he compartido con militares de otras naciones el mismo anhelo: trabajar por la paz y donde, además, he tenido el privilegio de conocer a creyentes de casi todas las religiones, de los que tanto he aprendido”.

Pobre católico el coronel que profesando la única religión que existe, por ser la única verdadera, la única revelada por Dios y cuya Iglesia es la única depositaria de la Verdad, reconozca otras religiones y encima asegure que haya aprendido tanto de sus seguidores y de sus… ¿filosofías?, porque no son religiones, coronel. Pobre católico el coronel que no sabemos si consciente o inconscientemente se encuentra afectado del relativismo que hoy corroe a buena parte de los católicos del mundo, jerarquía y clero incluido,  y tal vez más y peor de España. Pobres católicos aquellos que al escuchar tal profesión de sincretismo y de modernismo no saltaron de sus asientos y abandonaron el teatro, porque no dándose cuenta de lo que decía el coronel significa que también ellos están afectados de la misma enfermedad. Y encima en un pregón que debería rebosar catolicidad por los cuatro costados.

* Después nos aseguró el coronel Marcos que sabe y ha mandado a “Hombres y mujeres dispuestos a procesionar el nombre de España por todos los rincones del mundo donde se requiera su presencia.” Como se ve no puede haber mayor confesión de internacionalismo, de doblez ante el mundialismo que nos ahoga, ante esa imposición de ese Nuevo Orden Mundial que pasa por la pérdida de nuestra identidad espiritual, cultural y nacional, que pugna por hacernos ciudadanos del mundo, que persigue lograr una mezcla racial informe, que precisa de cipayos, de mercenarios para imponerse, que hace preferir a nuestros militares de hoy servir bajo banderas extranjeras y extrañas al servicio de potencias también extranjeras cuyos intereses y objetivos son más que oscuros y que en nada nos beneficia como nación; a ellos sí, claro, en sus carreras y economía privada.

bandera-quemadaPero nada dijo el coronel de defender a España de sus cada día más audaces enemigos interiores, de los procesos revolucionarios que asolan parte de nuestra patria, de aquellos traidores que desde posiciones de poder chalanean con ellos, nada de alzar la voz, y si fuera preciso la espada, por España en España, que es lo que ha jurado y es lo que está perjurando; por otra parte lo de “pasear el nombre de España” suena hoy, dadas las circunstancias que nos rodean, tan zafio como ese intento de convertir el sagrado nombre de nuestra patria en una “marca”.

* Después el coronel se sumerge durante folios y más folios en contarnos una patética batallita, que ni siquiera lo es, una “acción” de no-combate –eso sí, silbido de algún disparo incluido para que el público se sienta como en el cine, aunque sin palomitas–, ahogando su relato en un sentimentalismo lacrimógeno que de todas formas al buen observador le rechina porque vuelve a ser ese discurso internacionalista, oenegero y filantrópico, del todo falso y vacuo.

* Aún no contento con todo lo desarrollado hasta ahora, el coronel Marcos, tras rogar al auditorio que se sitúe en Afganistán –de nuevo el sentimentalismo y su propia exaltación–, suelta lo de que “Para la mayoría de quienes allí estamos no es la primera vez que defendemos la paz y la seguridad fuera de España”, que es la falacia más enorme y repetida de las últimas décadas, la falsedad más evidente que, eso sí, es imprescindible para justificar lo injustificable, para excusar sus propias carreras, para tapar lo que lleva haciendo toda su vida, falsedad que, eso sí, a base de repetirla han conseguido que parezca verdad, vieja técnica del más clásico agit-prop marxista, ideología rediviva que ahora, como los extremos, se toca y une con el capitalismo más atroz, formando la esencia del Nuevo Orden Mundial del que el coronel Marcos es una pieza más; no sabemos si consciente y voluntariamente o como tonto útil.

* Más adelante el coronel Marcos, que ve a su auditorio sumido en los desiertos afganos y sudando a chorros –en realidad porque el pregón no parece tener fin y el asiento se pega al trasero–, en el paroxismo de su intervención y como culmen de todo lo dicho hasta entonces, suelta el verdadero mensaje que pretendía hacer llegar al público –en realidad lo del pregón de Semana Santa fue una excusa, una tapadera– para lograr el objetivo que perseguía desde el principio, el cual sabe ya maduro, que no es otro que abducir completamente a los oyentes para integrarlos en la “cruzada”, con perdón, mundialista de la que él es pregonero: “Sí, rezo porque he visto la cara de la pobreza en los Balcanes, he oído la voz del sufrimiento de niños y mayores en los campos de refugiados sirios, he tocado la mano de quienes viven una auténtica Pasión en tierras africanas y he escuchado el silencio de quienes, alejados de la civilización, se sienten olvidados en los confines del lejano oriente. Imágenes, voces y silencios que hoy, todavía, tanto me pesa (…) ¡Basta de odio, de conformismo, de indiferencia, de tibieza! Señoras y señores, lo que les describo es realidad, está ocurriendo a pocas horas de Toledo. Para que triunfen la paz, la justicia y la libertad, no basta con comprender, hay que hacer. Hay que estar donde impera la injusticia social y el sufrimiento de las personas y trabajar duro para anular o, al menos, mitigar el daño, a veces irreparable, que provocan (…)”.

Aquí terminamos, porque aunque el pregón del Col. Marcos da para mucho más, no sólo es suficiente con lo dicho, sino que nosotros, que no prometimos ser breves, al contrario que él, que no cumplió, lo vamos a ser.

De nuevo qué pena de militares y en qué vendidas manos está España. ¡Qué buenos hombres quedarían aún en España … si hubieran buenos señores!. Porque es una pena, más aún, una tragedia suicida, que se confunda la defensa de España con la subordinación al mundialismo vía una OTAN, una CE y una ONU que nos humilla en Gibraltar y no defiende Ceuta y Melilla, un mundialismo que crea esas primaveras y esos flujos migratorios que destruyen la integridad anímica de España y de muchas otras naciones, y borran el verdadero patriotismo y la noción misma de España.

 


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