• La cruz y la espada
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J.Mª. Manrique

San Lucas, el evangelista “historiador” que más y mejor refleja la vida de la Virgen (…María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón -Lc 2, 19-; …su Madre guardaba estas cosas en su corazón -Lc 2, 51-), retrata así el momento más trascendental de la historia de la Humanidad: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio Gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su Hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”. Así comenzó visiblemente nuestra redención.

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Adriano expulsó a los judíos de Belén y estableció en la cueva de Jesús un lugar de culto a Thammuz-Adonís, amante de Venus. Lo atestiguan Justino, Orígenes y Eusebio. Si para algo sirvió la intentona pagana fue para fijar la memoria del emplazamiento. No crean quienes cambian Navidad por “fiesta de invierno”, cabalgatas por carnavales y pesebres por florecitas que van a tener mayor éxito. ¿Si Dios con nosotros, quién contra nosotros?

También concreta el comienzo de la vida pública de Juan El Bautista y, consecuentemente, de Nuestro Señor: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato Gobernador de Judea, y Herodes Tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe Tetrarca de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias Tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”.

Lo importante, lo capital, es la Natividad de Dios en carne mortal para demostrarnos su amor, redimirnos con su muerte y comunicarnos su doctrina. Ese es el sentido de la Navidad. Pero, puesto que muchos samos dados a saber que muchos somos a dados a saber cosas más o menos superfluas, ¿qué sabemos del Cristo histórico?, de aquel acontecimiento transcendental.

Dionisio el Exiguo o el Mínimo (http://www.mariologia.org/solemnidadesanunciacion36.htm), monje escita que murió el año 556, puso  en el centro de la historia universal el nacimiento de Jesús, en el año 753 después de la fundación de Roma. Pero la muerte de Herodes el Grande, según las “Antigüedades Judaicas (XVII, VIII, 1; de Flavio Josefo, año 93 )” y pruebas arqueológicas, tuvo lugar el año 750 y como Nuestro Señor nació mientras él vivía, lo más tarde que pudo nacer fue el año 749. Por lo tanto es necesario retrotraer el nacimiento de Cristo al menos cuatro años, dado que Herodes mandó matar a los niños de Belén menores de tres años, y, en todo caso, hay que colocarlo dentro del decenio 740-750, sin que sea posible mayor aproximación.

La revelación privada de la Beata Catalina Enmerich nos aporta los siguientes detalles: “Jesucristo nació antes de cumplirse el año 3.997 del mundo. Más tarde fueron olvidados los cuatro años, menos algo, transcurridos desde su nacimiento hasta el fin del 4.000. Después se hizo comenzar nuestra era cuatro años más tarde” (http://www.capillacatolica.org/NacimientoDeJesus.html#FechaNacimientoRedentor).

Como escribió Gonzalo Fernández (Altar Mayor, nº 168, diciembre 2015): “…es probable que el Nacimiento del Señor y la adoración de los pastores sucedieran en mayo del año 7 a.C.”. El mes viene fijado porque en Palestina el clima impone la imposibilidad de dormir al raso, como hacían los pastores del Evangelio a los que anunciaron el acontecimiento los ángeles, entre octubre y abril. En ese sentido escribió San Clemente de Alejandría que el nacimiento ocurrió el 20 de mayo, fecha en la que se celebraba en Palestina hasta el año 430 d.C.

Hacia el año 220, San Hipólito de Roma impuso en su comunidad el 25 de diciembre como fecha del Nacimiento de Cristo, aprovechando  que Heliogábalo había establecido el culto a “El-Gabal”. En el año 274 el Emperador Aureliano declaró el 25 de diciembre la fiesta del Nacimiento del Sol Invicto. Por último, el Papa Liberio estableció el año 353  el 25 de diciembre como fecha del Nacimiento y el 6 de enero como la de la Adoración de los Reyes.

Volvamos al principio: lo importante es el acontecimiento trascendental del Nacimiento del Niño Dios, siendo los detalles de tiempo y lugar menos importantes. Respecto a estos últimos, además de las menciones bíblicas a Belén como cuna del Salvador, tenemos el hecho de que Adriano construyó un templo a Adonis precisamente en la gruta de Belén. Conviene considerar todos estos detalles para no vernos sorprendidos por “intelectuales paganos”, e incluso autoridades eclesiales, que se ríen de la fecha y el lugar.

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J.Mª. Manrique