• La cruz y la espada
La filosofía de las ong,s, bien que aún no con tal nombre, emana de la carta fundacional de las Naciones Unidas en la que ya constó la posibilidad de crear “organizaciones cuya constitución no sea consecuencia de un tratado internacional”, bien que sin especificar sus posibles objetivos; por tal razón la Cruz Roja no es en sí una ong, ya que tal institución fue consecuencia de convenios internacionales, lo que no le ha impedido reciclarse y apuntarse a dicho carro. Con tan vaga pero sutil posibilidad, al amparo, nada más y nada menos, que de la naciente ONU, se daba ya un primer paso, bien que todavía indefinido de cara a la galería, para constituir “organizaciones” no sujetas a tales compromisos entre Estados.

Por lo tanto, la filosofía original de las ong,s nace de la ONU, que como todos sabemos fue creada en 1945 a propuesta de los EEUU y cuya inspiración, estatutos y primeras emanaciones, como la Carta Universal de los Derechos Humanos, fueron un gran éxito de la masonería internacional, inspiradora de tan “magna” y potente organización mundial, cuyo fin, que nunca ha ocultado, aunque sí disimulado, era y es generar un orden global, mundial, primero como conjunto de naciones independientes, pero luego como único poder planetario. La exclusión de España en su inicio no lo fue tanto porque su régimen del momento fuera calificado como dictatorial –muchos de los países iniciales sí que eran verdaderas dictaduras, como la URSS, China y otros–, ni porque se le considerara emanación del nazismo y fascismo, sino porque el régimen español era y se proclamaba católico beligerante, motivo por el cual, y por patriotismo e independencia, demostraba especial fijación por combatir a la Masonería.

Y sí, sí, así es y no nos vengan ahora, como suele suceder, a negarnos ni una palabra de las dichas. Tampoco a negar la mayor, es decir, que la Masonería como organización, secta y poder en las sombras no existe, porque eso ya no se puede negar por mucho que se intente gracias a que, a pesar de su empeño por impedirlo, existen infinidad de documentos fehacientes y testimonios contundentes antiguos y actuales no sólo sobre lo que es la Masonería, sino mejor aún sobre lo que viene persiguiendo desde su fundación “oficial” allá por el siglo XVIII.

Como consecuencia de las devastaciones de la guerra mundial los diversos gobiernos afectados pusieron en marcha grandes planes de reconstrucción y de atención a los más perjudicados para conseguir la vuelta a la normalidad en el menor tiempo posible, siendo para Europa el principal el denominado Plan Marshall.

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Una de las primeras tiendas de Oxfam en los años 40 del siglo XX.

Pero dado el caos existente y más aún el estallido casi instantáneo de la “guerra fría” que dividió a los aliados, a Europa y al mundo en dos bandos enfretados de nuevo, las potenciales organizaciones al margen de convenios internacionales que se preveían no llegaron prácticamente ni a nacer. Hay una excepción que es Oxfam, fundada en 1942 en el Reino Unido, más en concreto en Oxford, como “Comité de Oxford para ayudar a la hambruna” causada por la guerra en tal país –de ahí su nombre en inglés Oxford Famine Relief”— por un grupo compuesto por la “Sociedad Religiosa de los Amigos” –o sea los cuáqueros–, algunos activistas sociales y académicos de tal universidad.

En los años cincuenta, conforme poco a poco iba mejorando la situación material aparecen las primeras organizaciones de ayuda “internacionalistas”. La excusa era poder llegar a donde la mayoría de los gobiernos no llegaban por graves e insalvables condicionantes políticos; no olvidemos que el mundo estaba materialmente dividido en dos, que la URSS exportaba su “paraíso socialista” a buena parte de él y que nadie descartaba la posibilidad de una nueva guerra mundial e incluso nuclear, lo que hacía que esos siempre amplios colectivos de necesitados y desvalidos quedaran abandonados. Para paliar tal situación, y conseguir uno y otro bloque no ser acusados de falta de humanidad, cuando todos alardeaban de ello y acusaban al otro de no tenerla, se comenzó a permitir, con mayores o menores restricciones y/o reticencias, la actuación de pequeños grupos de profesionales sobre algunos de los colectivos de miserables que los dos bloques poseían en sus propios territorios o en los que estaban bajo su influencia.

Debido a ello la ONU optó por dar un paso más y definir con claridad lo que deberían ser las nuevas Organizaciones No Gubernamentales (ong,s): “cualquier grupo de ciudadanos voluntarios sin ánimo de lucro que surge en el ámbito local, nacional o internacional, de naturaleza altruista y dirigida por personas con un interés común”. O sea, y como veremos, filantropía, pura y dura; volveremos sobre ello.

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Como ejemplo de lo dicho tenemos Intermón, que se creaba en 1956 en Barcelona por la Compañía de Jesús en principio para apoyar a sus misiones en Bolivia, Paraguay y la India. Bien que debido al desbarre que ya carcomía a la Iglesia, a su infiltración marxista y masónica, durante la década de los sesenta Intermón derivaba hacia posturas “de denuncia y defensa de la justicia”, o sea manifiestamente marxistas –pues esos eran los términos marxistas entonces tan en boga entre el clero misionero–, para acabar “secularizándose” en la década de los setenta dedicándose a implementar “transformaciones sociales”, concepto también marxista aún hoy en vigor. Fue en 1997 cuando Intermón entró a formar parte del conglomerado de Oxfam que, para dicho año, había crecido y contaba en su seno con diecisiete ong,s más, fusionándose en Oxfam-Intermón u Oxfam a secas.

A título de dato diremos que hoy las ong,s se cuentan por millones, sí, millones, literalmente hablando, en todo el mundo, de toda clase y condición. En España existe la denominada Coordinadora que nació en 1986 de la mano de Ayuda en Acción, Cáritas, CIC, IEPALA, Intermón, Justicia y Paz, Manos Unidas, Medicus Mundi y Movimiento 0,7%. Actualmente está formada por 76 ong,s de Desarrollo y 17 Coordinadoras Autonómicas, que a su vez integran a más de 400 organizaciones.

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Como vemos, el trasfondo del actual tinglado de las ong,s fue siempre más que sospechoso, toda vez que nace como filosofía no de la caridad, sino de la filantropía, concepto este último manifiestamente masónico, como de inspiración masónica es la ONU y el actual Nuevo Orden Mundial que ya ni ellos mismos pueden negar que intentan imponer.

Y es que caridad es el bien que se hace al prójimo por amor a Dios, mientras que filantropía es un “sentimiento (empatía) que lleva a algunos a ayudar a los demás seres humanos a mejorar sus condiciones materiales de existencia de forma (teóricamente) desinteresada, sin ánimo de lucro y sin requerir nada a cambio, por puro amor a la Humanidad”. Pero de cuándo el hombre, que es un lobo para el hombre, ha tenido amor hacia la Humanidad, hacia el hombre, si no fuera por amor a Dios, es decir, por caridad. La transformación de Intermón de una organización católica caritativa a otra secular, mundana y filantrópica, es muestra ideal de la diferencia entre una y otra cosa.

En paralelo con lo dicho, viene a cuento reseñar el vocablo “solidaridad” –vela al viento de toda ong que se precie– hoy tan manoseado y no por casualidad, con el cual se ha eliminado de nuestro vocabulario, incluso del de la Iglesia, el de caridad. Y viene a cuento porque fue un marxista declarado, sindicalista español ya retirado, quien en público, ante una pregunta demasiado ingenua, definió a la caridad como algo vertical, mientras que la solidaridad era horizontal y fue aplaudido hasta rabiar. Es decir, que aquélla es para el marxismo una forma más de opresión del que posee, del de arriba, con el de abajo, con el necesitado; mientras que ésta sería una expresión más de la igualdad y de la fraternidad ¿les suenan estas palabras?

Pero hay más. Conocimos hace mucho, en los años ochenta, a un curioso personaje de nombre Doningo S., comunista de toda la vida, pero comunista honrado, es decir, idealista, posiblemente el único que se creyó siempre la parte aparentemente buena que proclama el marxismo desde sus orígenes, sin caer en que hsata eso es mentira.

Domingo tenía su trabajo y nunca negaba a sus camaradas la vivienda, el pan y la sal, de forma que ello le causó gravísimos problemas, toda vez que lo normal fue que aquellos a los que recogía, comunistas de verdad, no como Domingo, se aprovechaban de él de manera escandalosa, porque eso, y no otra cosa, es el marxismo, sea socialista o comunista, una forma de parasitismo de hombres sobre hombres. Hasta tal punto sus camaradas eran comunistas que le llegaron a vender los electrodomésticos de su casa a sus espaldas, a llevarse de ella lo que les vino en gana, nunca le abonaron ni un duro de los gastos que le ocasionaron e, incluso, uno de tales “camaradas” intentó birlarle la casa ante notario y en un descuido. Domingo fue chofer voluntario de Líster cuando éste regresó en 1977 a España, labor que tan insigne “camarada” tampoco nunca le agradeció.

Pues bien, a finales de los ochenta, cuando las ong,s cogían carrerilla de forma decidida, cuando el paraíso socialista se derrumbaba a marchas forzadas y, por ello, los marxistas de todo el planeta veían desaparecer sus enjundiosas subvenciones moscovitas, Domingo andaba siempre meditabundo hasta que un día soltó lo que llevaba dentro: “Ya sé, ya sé a qué se van a dedicar ahora los camaradas… a las ong,s, ese va a ser su negocio a partir de ahora”. Y es que Domingo los conocía bien, y aunque él, comunista idealista, nunca había ni recibido ni cogido ni rublo ni peseta alguna del “partido” ni de la “internacional”, sabía que para todos, menos para él, el marxismo era una forma de parasitismo, de vivir del cuento y de los demás –y vivir bien, que conste–, por eso ante la debacle que se venía encima sabía que todos, menos él, tenían que encontrar un sustituto, y que las ong,s venían que ni pintadas.

Así, vemos como las ong,s se han convertido en una doble forma de corrupción. Por un lado su filosofía, sus orígenes y su desarrollo son de lo peor por masónicos y filantrópicos, es decir, carentes de verdadero amor y de caridad; por otro, son un negocio y un modus vivendi de un sin número de paniaguados de todo pelaje a los que trabajar de verdad les da alergia. Todo ello, unos y otros, camuflados magníficamente bajo las imágenes de los rostros depauperados y las barrigas hinchadas de seres humanos desvalidos y en las últimas.

Las ong,s, aunque se declaran “no gubernamentales e independientes”, viven en realidad de las subvenciones estatales, es decir, gubernamentales, y en el caso español, que como siempre nos llevamos la palma, además de las autonómicas y municipales. También de las aportaciones de monopolios capitalistas y otras empresas que con ello, primero, se desgravan –¿por amor?–, y segundo, potencian su imagen “humanitaria” , filantrópica, aunque luego sus salarios sean de miseria o esclavicen a niños en fábricas inmundas, siempre por amor y sin interés, por supuesto. Por último, de lo que aportan, que es lo menos, los ingenuos y tontos útiles que con ello calman sus conciencias excitadas por las imágenes terribles que nos muestran –algunas falsas– para ablandarnos y además se las dan de “progresistas”, modernos y emancipados.

Y de todo ese montante inmenso, miles de millones de euros, del cual tampoco rinden cuentas escrupulosamente, porque quién va a sospechar de aquellos que lo dejan todo por los demás, la mayor parte se va en salarios nada despreciables de los directivos, profesionales de las ong,s y de los “cooperantes” que de esta forma tan desinteresada, sin ánimo de lucro y sin requerir nada a cambio, por “puro amor a la Humanidad”, han encontrado un trabajo interesado, con el que lucrarse, exigiendo a cambio buena remuneración y con el que ver mundo, todo lo cual, de otra forma, no les habría sido posible o… se lo tendrían que trabajar. También en pagar campañas de publicidad costosísimas normalmente a empresas del sector, o sea, ligadas al tinglado de las ong,s.

Así, las ong,s se han convertido en una herramienta más, pero muy especial, de forma de intervención  y manipulación ideológica y social –y política– de parte de aquellas ideas más que fracasadas pero que, como la Hidra, se reinventan constantemente y adquieren nuevas formas para seguir en liza; o sea, el marxismo socialista y comunista, el mundialismo, la masonería y el Nuevo Orden Mundial.

Hay miles de individuos de toda ralea, pero normalmente de la misma tendencia, hechura e incluso pinta, que viven de y gracias a las ong,s, o sea, de los gobiernos, de los capitalistas y de los tontos, cuyo único objetivo es, precisamente, ese: vivir de los demás, haciendo que hacen, pero sin hacer nada o a lo sumo lo mínimo para parecerlo. Carentes de base espiritual, de amor a Dios y por ello también de amor por el prójimo de verdad, de caridad. Personajes materialistas para los que el prójimo es sólo una fuente de vida. A los que el sentimentalismo aberrante que impregna este mundo, en especial nuestra decadente civilización occidental, les cubre las miserias, inmundicias y vergüenzas porque…  forman parte del sistema. En una palabra: parásitos.

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Por eso no debe extrañarnos, no es la primera vez, ya se ha dicho en otras ocasiones, ni será la última, que de Oxfam-Intermón, de Médicos sin fronteras –que ha querido ponerse la venda antes que la herida, aunque primero había intentado que no se le viera–, incluso de la Cruz Roja, nos lleguen denuncias de orgías, corrupciones, contratos amañados, violaciones, pederastia y demás inmundicias humanas, porque la base de las ong,s es la filantropía, algo que, por mucho que se quiera y se empeñen en presentarnos como excelente, carece de lo principal: del amor a Dios y por Él al prójimo.

También porque para el materialista, el marxista, el filántropo, el masón, los sin Dios, es una tentación imposible de vencer verse poderoso con la llave de los alimentos en la mano rodeado de famélicos seres humanos, mujeres y hombres, niños y niñas, dispuestos a lo que sea, repetimos, a lo que sea, por un poco de lo que guardan en sus almacenes. También verse poderosos con esas mismas llaves, sólo que de la caja, ante esos dirigentes políticos tercermundistas sin escrúpulos, inhumanos, que esquilman a sus países sobre la base de ideologías mundialistas de todos conocidas más que fracasadas –y de la tolerancia del resto de la comunidad internacional desarrollada por interés de sus materias primas, que conste–, y que acuden a ellos, junto con su guardia npretoriana, a pedir-exigir su parte del botín.

Ya verán cómo, además, en breve, habrá una amplia campaña de propaganda con niños esquelético y frases enternecedoras, sentimentales, de esas en las que siempre han sido maestros el marxismo internacional y ahora el mundialismo galopante. Ya verán cómo los gobiernos nada harán para expurgar, auditar, examinar y cerrar buena parte de las ong,s porque “como son no-gubernamentales, independientes” nada podemos legalmente contra ellas, ni debemos, porque hacen “una labor increíble”; porque lo que se ha sabido no es la punta del iceberg, no, faltaría más, sino casos aislados; porque, cómo arremeter contra aquello que es pieza muy importante de ese Nuevo Orden Mundial, de nuestro propio sistema, de nosotros, que ha de traer por fin igualdad, fraternidad, humanidad y paz…  sin Dios y sin caridad.

La Redacción