• La cruz y la espada
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Gonzalo García Yanguela

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Una de las muchas pintadas aparecidas en Callosa.

Al hilo de la profanación de la Cruz arrancada en Callosa de Segura ayer leía algo muy interesante en una red social.

Hablaban de cómo algunos fueron concediendo, concediendo, pensando que tapando primero la placa con los nombres de los caídos, eliminándola después, dejando sólo la cruz desnuda a las puertas de la iglesia del pueblo los fervores memorísticos serían saciados.

Pero esos que concedieron y confiaron no fueron capaces de entender lo que era evidente: No pararán jamás hasta erradicar cualquier vestigio, máxime si ese vestigio es una cruz. Porque evidentemente su interés por la “memoria democrática” no es sino un impulso de odio, y como todo impulso de odio es luciferino.

Esperemos que a alguien le sirva de lección y sepa que la concesión es siempre el primero de muchos pasos hacia el precipicio que tenemos detrás.

Después, alguien tuiteaba “en España se está empezando a arrancar cruces de las plazas”, alertando del grado de radicalidad que alcanzan algunos en su campaña de odio histórico. Con el aprecio que le tengo le corregí, y me dio pie para algunas puntualizaciones que quiero traer aquí.

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Manuel del Valle Arévalo

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Corría el año 1984. El alcalde de Sevilla era Manuel del Valle Arévalo. Hoy día es citado por medios de todo signo como alguien centrado, moderado… vamos, como un modelo. Junto a los muros del Alcázar se alza una cruz, de hierro, sin inscripciones ni reseñas. Años antes, tras ella, se alzaba una placa. Caídos por Dios y por España. Como en tantos pueblos. Pero ya no estaba. No quedaba ninguna referencia. Se había eliminado “para acabar con signos partidistas”. Como en Callosa. Pero quedaba la cruz. Como en Callosa.

Amanece el 1 de diciembre, y junto a la Puerta de los Leones de los Reales Alcázares, oh, misterio, no hay ninguna cruz. Ni rastro. Se corre la voz. Algunos piden explicaciones. El señor alcalde las da: ha sido una decisión del equipo de gobierno. Para el alcalde la cruz (desnuda, sin placa, sin inscripciones) es un símbolo que divide a los ciudadanos y que no es acorde con los tiempos democráticos.

Curiosamente, nadie hace la pregunta clave, hasta que a alguien se le ocurre. Sr. Alcalde, ¿dónde han trasladado la Cruz? Del Valle adopta un tono solemne y sentencia: A un lugar más adecuado.

Los medios pasaron página. Los partidos de la oposición no perdieron un segundo de su precioso y democrático tiempo. El cardenal emérito de Sevilla descansaba en su retiro. Del flamante arzobispo Amigo no recuerdo ningún comentario. Algunos sevillanos protestamos, entre un silencio ensordecedor. Un lugar más adecuado. Silencio.

Pocos días después, en un vertedero, un empleado del mismo observa unos hierros que asomaban entre los escombros. Escarba y saca la cruz. El empleado en cuestión es un viejo falangista. Llama a sus camaradas y entre varios sacan, limpian y trasladan la cruz. Me dijeron entonces que la mantenían custodiada y honrada. Confío en que siga siendo así. Yo no la he vuelto a ver.

Si el ruido mediático con la retirada fue escaso, el de la aparición en el vertedero fue nulo. El que un alcalde dijera que un vertedero era un lugar más adecuado para una cruz no mereció para los medios conservadores ni para los pastores eclesiásticos alteración alguna. Sólo algunos como el padre Estudillo, para dolor de cabeza de monseñor, seguiría recordándolo cada vez que tuviera ocasión. Cosas que pasan.

Cuento todo esto sobre todo por un motivo. Ayer no eran pocos los foros en los que se señalaba, no sin fundamento, a tres pilares del ultraje de Callosa y de la “Ley de Memoria Histórica”, corregida y aumentada en algunas regiones (en Andalucía la de “Memoria Democrática”) y que en breve conocerá su versión 2.0 que supondrá penas de cárcel a quien diga que si no es por los pantanos de Franco habría menos agua. Esos tres pilares que se señalaban eran, a saber:

– El adanismo de José Luis Rodríguez Zapatero, que quiso vengar la derrota de su abuelo en la guerra con su malhadada ley, decretando que es al poder a quien le corresponde fijar la bondad o maldad de los acontecimientos históricos.

– La cobardía, que yo llamo coherencia, de Mariano Rajoy y de todo el Partido Popular que han mantenido la ley sin variar una coma. Y digo que es coherente porque esta plaga pepera de verdad piensa que hay un error que corregir en nuestra historia.

– El pulso de algunos sectores del PSOE por ganar posiciones de izquierda radical ante el avance de Podemos.

Siendo ciertos estos tres puntales, repásese la historia que cuento. Y cómo alguien a quien hoy todos los medios conservadores consideran un tipo moderado y ejemplar tiró la cruz al vertedero “porque era el lugar adecuado”.

Cómo la derecha del 84 ya miraba para otro lado. Cómo la autoridad eclesiástica sonreía al poder hace 34 años porque no se iba a meter en según qué cosas. Y díganme si de verdad siguen pensando que es cosa de Zp, de Rajoy, de la radicalidad o de los nuevos tiempos.

No. Es todo este régimen, de la raíz a la última punta, quien está en esta guerra. Que no es contra la cruz de Sevilla. Ni contra la cruz de Callosa. Ni contra la cruz del Valle. Es contra la Cruz.

Bienvenidos a la realidad.

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Gonzalo García Yanguela para Ahora Información