letrici
  • La cruz y la espada
El penoso, vulgar, grosero, soez y escandaloso esperpento que hemos visto protagonizar hace unos días a parte de la familia real, no es otra cosa que la punta del iceberg de lo que desde hace varios años ocurre en la intimidad; y es que esta familia ir-real camina desde hace bastante, incluso alguna que otra década, a la deriva. Lo cual no tendría más importancia si no fuera porque con ella va España, nos guste, que no nos gusta, o no.

El emérito fue siempre un extraño padre de familia, un completo bon vivant, que una vez que gracias a su perjurio y traición se vio asentando en el trono, amparado por un pacto de silencio, protegido por el auto-golpe del 23-F e intocable, se dedicó a saludar con una mano en público, y a poner la otra en privado. Junto a lo anterior, ha sido muy triste, porque eso duele a cualquiera y nadie lo desea para nadie, los reiterados cuernos a Dña. Sofía.

Y claro, el ejemplo cunde y el nuevo Rey no está preparado para hacer frente a sus responsabilidades, aunque bien pocas que son, o mejor dicho que le han dejado, porque su educación no le da para la etapa que le toca vivir, llena de tensiones, crisis, disputas, rebeliones regionales, ideologías revolucionarias en alza, identidad nacional deshecha y… lo que te rondaré morena; por cierto, rey, Felipe VI, llegado al trono in extremis, una vez que el padre tuvo que abdicar debido a los escándalos, no sólo el de Corina o el del pobre elefante fusilado, sino sobre todo el de Urdan-pillín, del que nadie se cree que fuera él, un vulgar toca pelotas de mano, el autor único ni principal.

letizia
  • La cruz y la espada
Para colmo, su matrimonio con una “plebeya”, que se quiso vender como algo moderno, progresista, igualitario y demás zarandajas, hace aguas institucionales como no podía ser de otra forma porque la no-reina Leticia –la “z” que la use ella– no sabe maneras; entre otras cosas porque las maneras no se aprenden pasados los dieciocho o veinte años si el árbol creció torcido por una familia destruida, sin-Dios, profesando el marxismo y el más rancio rojerío anti-patrio, militando en los soviet obreros y disfrutando de una juventud dislocada, y no tan juventud, yendo de pinto, pinto a gorgorito, domingas al aire por tierras de Cortés, conforme el cuerpo lo exigía. Y es que formar a una persona, y más aún a una reina exige años y dureza, mientras que formar a una cualquiera sólo lleva minutos.

A estas alturas parece ya comprobado que el rey Felipe VI no controla a su esposísima; que tampoco le leyó la cartilla ni antes, ni durante, ni después, ni ahora; que es lo que llanamente se denomina un “calzonazos”; que se pierde por sus huesos, que carne parece no tener mucha, hasta perder la cabeza, sin darse cuenta de que encima lleva la corona; también, que las hijas no dan un paso sin que lo diga la madre y marcan todos los que la madre les dice, porque con todo, a nuestro humilde parecer, lo peor fue el doble gesto despreciativo de Leonor para con su abuela.

La mujer del rey no es la primera vez que nos da una idea bien clara de qué tipo de persona realmente es, el problema, para ella, claro, es que es la primera vez que se ha descontrolado de manera tan evidente –en público y no sólo sin razón, sino  con muy mala uva–, que como ahora se dice se le ha ido la olla, que la mala leche ha podido más que la ambición y la soberbia, que ha regurgitado la bilis reconcentrada que guarda dentro, y con ello ha echado por tierra parte de lo mucho que había ganado al tener la suerte de irse deshaciendo de sus contrincantes familiares políticos por causas ajenas a su capacidad; otra cosa es a su voluntad, que claro que la tenía, e interés, más aún, pues la caída de Elena y Marichalar, de Cristina y Urdan-pillín y del propio emérito y Doña Sofía para nada fueron mérito de suyo, sino demérito de ellos.

felipe pascua
  • La cruz y la espada
La mujer del rey se ha creído que ella es por sí misma, algo que se le nota en esa altanería ficticia, hierática, propia precisamente de quien no es, sin  darse cuenta de que sólo es lo es porque tuvo un enorme golpe de suerte en la vida, cuando un príncipe azul la vio por televisión y encargó a sus lacayos que le trajeran a “esa chica”. Además, el peloteo hispánico ha hecho que aquella dosis de soberbia se haya convertido con el tiempo en una sobredosis, en un chute, en un tripi, cuyos efectos nunca han disminuido, que es donde está el peligro, más que para ella, para él, o sea para el rey; no tanto para los españoles que, al fin y al cabo, somos capaces de acostamos monárquicos y levantamos republicanos, o echarnos a dormir franquistas y despertarnos demócratas de toda la vida, por lo que cualquier día nos sesteamos felipistas y a las dos horas nos desperezamos lavándonos la cara con una toalla ¿tricolor?.

En algún video y en algún artículo, de manera leal, que conste, pero directa, que lealtad debe ser siempre sinónimo de sinceridad, hemos advertido a Felipe VI sobre el peligro que tiene en casa, sobre que el enemigo está dentro, sobre la necesidad de poner las cosas más que en su sitio, de forma contundente y para siempre.

Por lo demás, que no se crea la casa ir-real que con montajes como el de hacer que la mujer del rey haga de abre puertas de Sofía se va a olvidar el asunto, como cuando aquello del emérito de “no lo volveré a hacer”, y el daño, enorme, va aquedar reparado, porque hoy la cosa ha cambiado y lo de esta república coronada cada día suena peor y se le ve menos justificación, pues no en balde las generaciones van cambiando; y si no que se lo digan a Franco.

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  • La cruz y la espada
Queremos decirle al rey, lealmente, que esa obsesión compulsiva de su mujer por los retoques estéticos que la han convertido en una figura de poliuretano que da grima, ese no trabajar los fines de semana, esos amigos de la peor farándula rojeril, esa forma de presentarse ante el pueblo estirada y despreciativa, ese creerse que nació para ésto, ese pensar que no hay otra en el reino tan guapa como ella, esa autosuficiencia, esa familia política patética, esas imágenes de Navidad horteras, en fin, que ese desmadre de casa que tiene, no sabemos si son su responsabilidad o de sus asesores, pero si salen de él más le vale ir espabilando y cambiando radicalmente, y si lo son de sus adláteres o es que son tontos o le están traicionando, luego en ambos casos debe largarlo cuanto antes con viento fresco.

Asimismo, podemos asegurarle que si ni un piquete de alabarderos dio la cara por su bisabuelo, que si su padre llegó por el empeño de Franco y de Carrero, y se mantuvo por un pacto de silencio repugnante que a todos convino, hoy los tiempos han cambiado que es una barbaridad y España no está para bollos, de forma que ni el bedel moverá un dedo por la monarquía, ni los políticos volverán a pactar para sostenerla, ni llegado el momento nadie va a dar la cara por ella, sino todo lo contrario, luego más le vale atar bien corto al enemigo que bien cerca que lo tiene.

La Redacción