• La cruz y la espada
Con este último artículo cerramos el ciclo de cinco dedicados a analizar la realidad de las misiones militares españolas en el exterior de las que tanto se ufanan nuestro militares y el Ministerio de Defensa en su web.

España está presente en la actualidad en cuatro misiones bilaterales en el Golfo de Guinea, Mauritania, Senegal y Túnez; tres bajo bandera de la ONU en Líbano, Colombia y República Centroafricana; seis bajo bandera de la Unión Europea en el Océano Índico, Somalia, Malí, Senegal, el Mediterráneo y  la República Centroafricana; y siete con bandera de la OTAN en Afganistán, el Báltico, Turquía, Irak, dos en varias zonas –Sea Guardian y Grupos Navales Permanentes de la OTAN– y Letonia. El número de efectivos desplegados ronda los 3.000, más toda una serie de medios materiales.

Según datos oficiales de Defensa, bien que no muy concretos, desde 1994, en que se llevó a cabo la primera de las misiones, hasta el 2010, España gastó unos 6.400 millones de euros en ellas; o sea unos 400 millones anuales; la cifra es así, global, porque no existía desglose –recnocido por el propio ministerio–, lo que da que pensar que las cuentas no se llevaban con la debida pulcritud. Desde 2011 a 2014, el  coste ya se desglosó en tres apartados: gastos de inversión y mantenimiento (1.714 millones desde entonces), bienes y servicios (1.022 millones), y personal (416 millones). Así pues, España desembolsó en dichos cuatro años más de 3.150 millones para sufragar estos contingentes. En 2015 España gastó 1.003,75 millones y en 2016 el gasto fue de 771,11 millones de euros.

Pues bien, de las misiones que hemos dicho que hay activas en la actualidad, según nuestra opinión basada en los parámetros que dejamos sentados en nuestro primer artículo, y tras analizar las veinte misiones activas, de las cuatro bilaterales creemos justificadas sólo dos, de las tres con la ONU ninguna, de las seis con la UE a lo sumo, y con ciertas condiciones, una sola y de las siete con la OTAN sólo cuatro, de ellas dos con efectivos muy reducidos y las otras dos obligadas por ser rutinarias de tal organización. Es decir, que de las veinte únicamente siete. Y eso tras un análisis sucinto, lógicamente, pero que creemos realista y pensando siempre en España, en nuestros intereses, en nuestras posibilidadse y en nuestra situación actual, no en cobrar dietas o en potenciar carreras.

Pero es que además hay que tener en cuenta algo que todos, los primeros nuestros militares, olvidan… voluntariamente, claro, porque si lo recordaran tendrían que adoptar posturas que ni por asomo quieren.

Y es que estamos ante una terrible paradoja: mientras nuestras FFAA se aplican a solucionar problemas de otros, en absoluto les interesan los propios. Mientras van por esos mundos sacando pecho, aquí no se atreven ni a ir de uniforme por la calle. Mientras nos muestran fotografías en las que niños y mayores con indumentarias exóticas les sonríen y vitorean, aquí hay regiones de España, de nuestra patria, de las que les han echado con cajas destempladas y ellos… se han ido; mientras que nos muestran sus armas y sus ejercicios de tiro, de Barcelona les levantaron el stand en la última feria sin que pelearán ni medio minuto; mientras que vemos sus desfiles en las desérticas praderas afganas, en muchas ciudades españolas no sale a desfilar ni un pelotón de guripas; mientras les vemos… aquí ni se les ve.

La principal misión, por no decir la única, de nuestra FFAA es la defensa de la soberanía, independencia e integridad territorial de España, de la nación, de la patria y basta echar un vistazo a las noticias para darnos cuenta de que no la cumplen. Contemplan desde el Líbano, Colombia o Letonia la desintegración de España como si con ellos no fuera la cosa, como si no tuvieran responsabilidad, como si en nada les fuera, como si se tratara de Marte. Se ufanan de estar presentes en cinco continentes, pero no lo están en su propia casa. Con el truco de la profesionalización, de la desaparición de la “mili”, se han convertido en fuerzas mercenarias. Admitiendo lo anterior, han privado a los nuevas generaciones de españoles de aprender en cuarteles y buques a conocer y amar a España, de tener conciencia de que puede que algún día la tuvieran que defender hasta con la vida, de saber que lo que les dicen muchos es mentira porque España es una y somos todos. Con tal traición, se han convertido en un guetto, en un árbol sin raíces, en unos extraños. Llegará un día en que cuando regresen de una de sus estancias en el extranjero no tendrán dónde aterrizar porque ya no existirá España y los reyezuelos de los múltiples mini-estados en que se haya desintegrado no les darán permiso. Van de valientes y no lo son; de generosos y son unos egoístas. Lo sentimos, pero esa, y no otra, es nuestra conclusión.

Por todo ello, nada más adecuado para cerrar este ciclo que la siguiente poesía del insigne poeta español Jaime Tralla:

Lo demandó Sión y obedecieron,
lo requirió el NOM y lo acataron;
con su sangre la “Lockheed” rubricaron
con su esfuerzo los USA engrandecieron.

Fueron nimios y débiles, porque fueron,
Allá donde los gringos les mandaron.
A los Hijos de la Viuda se entregaron,
Y tristes, sin gloria alguna murieron.

Por la OTAN sucumbir fue su destino,
El Gigante Israel, su pasión entera ,
Servir al dólar, su vocación y sino.

No quisieron servir a su Bandera,
no quisieron andar por buen camino,
no supieron rechazar treinta monedas.

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La Redacción