Misiones militares españolas en el exterior: ONU (II).

Vamos a analizar en esta segunda entrega las misiones en el exterior en las que participan nuestras FFAA bajo la bandera de la ONU;…

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Vamos a analizar en esta segunda entrega las misiones en el exterior en las que participan nuestras FFAA bajo la bandera de la ONU; siempre, recuerden, de acuerdo a los parámetros que ya expusimos en nuestra primera entrega y que, no obstante, recordamos a continuación:

a) Responder contra una agresión directa contra nuestra soberanía nacional.

b) Responder contra una agresión directa contra nuestra independencia.

c) Responder contra una agresión directa contra nuestra integridad territorial.

d) Responder contra una agresión directa contra uno o varios de los países de la organización o tratado internacional al que pertenezcamos.

e) En cualquier otra circunstancia, es decir, cuando no se trate de las cuatro anteriores, se deberá valorar con suma atención:

— El interés real –el rédito tangible– que pueda reportar para España.

— El riesgo que suponga nuestra injerencia en asuntos internos de otro país o en los de una zona.

— La previsión de su coste a corto, medio y largo plazo.

— Que en ningún caso el despliegue de nuestras FFAA en el exterior suponga riesgo alguno para el cumplimiento de todas las potenciales misiones que tienen asignadas en el territorio nacional.

Bajo amparo de la ONU son las siguientes:

Lugar Misión Inicio Mandato
Líbano
Líbano (FINUL).- Los cascos azules patrullan en el Sur de Líbano para evitar enfrentamientos entre Líbano e Israel.
Los militares españoles realizan patrullas a pie y en vehículo, para vigilar la línea de separación entre ambos países. También establecen observatorios y realizan otras actividades en colaboración con las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF).
Medios humanos y materiales: Entre 600 y 700 efectivos.
Coste anual: 137,2 millones de euros.
Desde el inicio de la misión, han fallecido en Líbano quince militares españoles, 1 por fuego israelí, seis por atentado terrorista y el resto en accidentes.
Nov. 2006  
Colombia
ONU-Acuerdo de paz en Colombia.- España apoya el cumplimiento de los acuerdos de paz en Colombia mediante la vigilancia y verificación del cese del fuego y de las hostilidades, así como la entrega de armas por parte de las FARC.
Medios humanos y materiales: 18 observadores, de ellos, 14 son militares, dos guardias civiles y dos policías nacionales desplegados en el Cuartel General de la misión en Bogotá, así como en la zona de Pondores, al norte del país.
Coste anual: 4,1 millones de euros.
Dici. 2012  
República Centroafricana
Apoyo a RCA – OP A/C (Gabón).- El Ejército del Aire proporciona transporte táctico y logístico a las operaciones internacionales en la República Centroafricana.
Apoyos prestados a la operación Sangaris que Francia estaba desarrollando en el país y contribución al transporte regional de la operación dentro de África.
Medos humanos y materiales: Un avión C-295.
Coste anual: no hay datos.
Nov. 2013  

La misión en Líbano no encaja ni por asomo dentro de las primeras cuatro premisas, que son las importantes. En cuanto a la quinta, la “e”, tampoco. Para más inri se da el caso de que estamos ante una de esas misiones absurdas de la propia ONU: porque el conflicto árabe-israelí, seamos sinceros, no tiene remedio; porque Líbano es un país en buena medida virtual que vive de milagro por la caridad y sometido a los caprichos de sus poderosos y belicosos vecinos; porque Israel, tradicionalmente, ha invadido Líbano cuando lo ha considerado oportuno, y seguirá haciéndolo, pues sabe que siempre contará con el paraguas norteamericano; porque la interposición de tropas de la ONU nunca le ha frenado a la hora de invadir Líbano por mucho que en medio hubiera “casos azules” –señaladas fueron las invasiones de 1978, 1982 y 2006, pero nunca han cesado otras muchas bien que menos mediáticas–, los cuales, además, incumplieron e incumplirán su misión, es decir, evitar el enfrentamiento entre israelís y libaneses; porque en realidad lo que hacen allí los cascos azules es aligerar humana y económicamente el despliegue de las fuerzas armadas israelíes en dicha frontera hasta… la próxima invasión.

En lo que respecta a nuestros intereses en Líbano, así como nuestras posibilidades de influencia son nulas; la misión comenzó en 2006 –hace ya once años, que se dice pronto– y puede durar hasta pocos días antes del juicio final, cuando según esperamos los judíos se conviertan; el coste en vidas humanas es inasumible –el fallecimiento del Cabo Soria Toledo, caso azul interpuesto, sin que Israel haya dicho ese cadáver es mío, ni la ONU tampoco–, máxime cuando no hay rédito alguno para nuestra patria; nuestra implicación militar en tal zona da razones a los grupos yihadistas internacionales para atentar contra nuestros soldados en el propio Líbano –ya van varios muertos en atentado– y/o en España; el coste material medio de 137 millones de euros no está justificado. Por todo ello la misión en Líbano debería cancelarse.

La misión en Colombia no entra dentro de ninguna de las cuatro primeras premisas. En cuanto a la última, la “e”, tampoco. Lo primero que hay que dejar bien claro es que el tan famoso acuerdo de paz no lo es, sino que se trata de una maquiavélica maniobra política del actual presidente colombiano, Santos, para perpetuarse en el poder. Pero es que además dicho acuerdo fue rechazado en referéndum democrático por la mayoría del pueblo colombiano que entendió con toda claridad que en realidad se trataba de una rendición de Colombia ante los terroristas de las FARC; y si no que se lo pregunten al ex-presidente Uribe. Pero como a los demócratas como Santos y a los directores del Nuevo Orden Mundial –con la ONU, o sea los EEUU y otros, a la cabeza–, cuando las democráticas urnas no arrojan el resultado que ellos quieren les rechinan los oídos, procedieron a “renegociar” dicho acuerdo, mentira cochina, y… el nuevo ya no lo sometieron a referéndum no fuera a ser que democráticamente los colombianos volvieran a decir que no.

Por eso España, por higiene democrática, no debe implicarse en esta misión. Porque además, nada obtenemos de ella. Porque, con hacerlo, nos estamos desautorizando moralmente cuando algún grupo terroristas propio –ni derrotado, ni vencido por mucho que se diga– exija el mismo trato que las FARC. Porque la misión lleva ya cinco años en vigor. Porque para supervisar el proceso de entrega de armas seguro que hay militares de los países vecinos y del entorno más que suficientes. Porque el gasto de 4,1 millones de euros al año no está justificado. Por eso esta misión debería cancelarse.

La misión en la República Centroafricana no encaja en las primeras cuatro premisas. En cuanto a la quinta tampoco. Lo demuestra el hecho de que colaboremos tan sólo con un avión, también que, en realidad, dicha misión es iniciativa e interés exclusivo de Francia, a la cual creemos que un avión menos tampoco le iba a perjudicar en nada. Nos encontramos ante una de esas misiones que ni nos van ni nos vienen, que ni siquiera habría que haber ni analizado. Además, ya dura cuatro años y no tiene visos de tener fin. Esta misión debería anularse.

Continuará      (ver primera entrega)

La Redacción


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