• La cruz y la espada
Vamos a abordar en una serie de cinco artículos –éste primero incluido–, que publicaremos en días sucesivos, la cuestión de las “misiones en el exterior” de nuestras FFAA; también conocidas como “misiones internacionales” y “misiones de paz”.

Si nos vamos a la web del Ministerio de Defensa vemos que distingue entre dos tipos de misiones: las permanentes y las exteriores. Es llamativo observar que, mientras que al referirse a las “permanentes” las justifica exponiendo que “Los conceptos de seguridad y defensa están íntimamente vinculados con la obligación del Estado de garantizar a los ciudadanos el pleno ejercicio de los derechos y libertades públicas reconocidas en la Constitución española de 1978 y en la Carta de las Naciones Unidas de 1945. Las misiones permanentes son el reflejo del compromiso de las Fuerzas Armadas con los ciudadanos y un elemento de unión nacional y de solidaridad entre los españoles.”, al referirse a las “exteriores” no las justifica de ningún modo, optando por entrar directamente en una retahíla de frases rimbombantes de autoalabanza y propaganda triunfalista.

La principal misión de las FFAA viene recogida en el artículo 8 punto 1 de nuestra actual Constitución: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Para este trabajo descartaremos lo relativo a la defensa del ordenamiento constitucional, como es lógico.

Además, tenemos la Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional que, en relación con el objeto de nuestro análisis, dice en su Art. 15 punto 2: “Las Fuerzas Armadas contribuyen militarmente a la seguridad y defensa de España y de sus aliados, en el marco de las organizaciones internacionales de las que España forma parte, así como al mantenimiento de la paz, la estabilidad y la ayuda humanitaria. Señalar que nuestra Constitución para nada habla de que nuestras FFAA tengan por misión ni el mantenimiento de la paz, ni la estabilidad, ni la ayuda humanitaria, conceptos por demás extraordinariamente vagos y difusos.

Y en el Art. 19 especifica “…para que las FFAA puedan realizar misiones en el exterior que no estén directamente relacionadas con la defensa de España o del interés nacional (es decir, que reconocen que no las contempla nuestra Constitución), se deberán cumplir las siguientes condiciones:

  1. Que se realicen por petición expresa del Gobierno del Estado en cuyo territorio se desarrollen o estén autorizadas en Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o acordadas, en su caso, por organizaciones internacionales de las que España forme parte, particularmente la Unión Europea o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en el marco de sus respectivas competencias.
  2. Que cumplan con los fines defensivos, humanitarios, de estabilización o de mantenimiento y preservación de la paz, previstos y ordenados por las mencionadas organizaciones.
  3. Que sean conformes con la Carta de las Naciones Unidas y que no contradigan o vulneren los principios del derecho internacional convencional que España ha incorporado a su ordenamiento, de conformidad con el artículo 96.1 de la Constitución”.

De la atenta lectura tal artículo, cabe destacar lo siguiente:

a) Estamos ante la abolición del que siempre fue principio de derecho internacional, y más aún de relaciones exteriores, de no  injerencia en los asuntos internos de otra nación.

b) Estamos ante toda una declaración de objetivos del ya denominado Nuevo Orden Mundial, por el cual se justifica el intervencionismo a destajo.

c) Estamos ante una redacción de artículos de una evidente ambigüedad que prácticamente permiten al Gobierno español implicarse en cualquier misión militar en el exterior sin necesidad de justificar sus motivos.

d) Estamos ante la ruptura de una máxima casi secular de la política exterior española, mantenida con un éxito clamoroso por todo tipo de gobiernos hasta nuestros días, consistente en mantenernos neutrales ante los grandes conflictos mundiales, sobre todo bélicos, así como ante los menores fueran bilaterales o múltiples.

Lo que no se dice, lo que se oculta, aunque sea obvio, pero que conviene recordar porque además reviste la máxima importancia, es que, por mucho que España forme parte de ciertas organizaciones internacionales y haya firmado los acuerdos que sea, se reserva siempre el derecho a decidir dónde, cómo y hasta qué punto actua militarmente. En otras palabras: que no es obligatorio, aunque se cumplieran las condiciones del artículo 19, ya de por sí generales y vagas, o precisamente por ello, acceder a integrarse en una misión militar internacional, ni mucho menos a hacerlo según lo que los otros quieran.

La realidad de España en la actualidad es que somos una nación de tipo medio, de recursos económicos más que justos, con poca o muy poca proyección exterior, con intereses reales sólo en ciertas partes del Globo, con escasas posibilidades de influencia, y que tras cuatro décadas de decadencia, de pérdida de prestigio –por mucho que se quiera los triunfos deportivos de poco valen– y de una política exterior errática, oscilante, titubeante y demagógica, siempre a remolque de otros, poco somos; no nos olvidemos que las misiones militares internacionales son, en realidad, parte de nuestra política exterior, por lo que si ésta viene dejando bastante que desear, la militar queda contaminada.

Pero lo peor de todo es que somos una nación con gravísimos problemas de unidad y cohesión interna, aspecto, por desgracia, que de manera decisiva influye, condiciona y hay que tener en cuenta en todo, también en el objeto de estos artículos. Máxime cuando nuestras FFAA son cuestionadas por amplios sectores de la población, en especial en algunas regiones, de forma que incluso se las ha expulsado materialmente de ellas; porque también ellas se han dejado, todo hay que decirlo. Resulta pues un contrasentido –¿o no?– que se pretenda que nuestras FFAA actúen en el exterior, cuando en el interior no siempre ni en todo lugar lo pueden hacer o no se las deja. Pretender seguir siendo lo que fuimos o pretender vivir de las glorias pasadas es absurdo, máxime cuando el espectáculo interno que ofrecemos al mundo es deplorable.

Por eso, precisamente para preservar ante todo nuestra integridad territorial, para preservar nuestra soberanía e independencia, y, todo hay que decirlo, nuestros intereses, España debe siempre mirar con lupa dónde, cómo y hasta qué punto interviene militarmente, aunque sea bajo el camuflaje de la ONU, de la UE o de la OTAN; por otro lado  organizaciones dominadas por unos pocos, los de siempre, cuyos objetivos no siempre están claro, ni son los que se dicen y que, además, mutan con una rapidez escalofriante.

Así pues, creemos que a la hora de decidir la implicación de nuestras FFAA en una misión exterior habría que valorar que sus objetivos sean conformes a los siguientes aspectos (recuerden, por favor, las letras de aquí en adelante):

a) Responder contra una agresión directa contra nuestra soberanía nacional.

b) Responder contra una agresión directa contra nuestra independencia.

c) Responder contra una agresión directa contra nuestra integridad territorial.

d) Responder contra una agresión directa contra uno o varios de los países de la organización o tratado internacional al que pertenezcamos.

e) En cualquier otra circunstancia, es decir, cuando no se trate de las cuatro anteriores, se deberá valorar con suma atención:

— El interés real –el rédito tangible– que pueda reportar para España.

        — El riesgo que suponga nuestra injerencia en asuntos internos de otro país o en los de una zona.

— La previsión de su coste a corto, medio y largo plazo.

— Que en ningún caso el despliegue de nuestras FFAA en el exterior suponga riesgo alguno para el cumplimiento de todas las potenciales misiones que tienen asignadas en el territorio nacional.

Con tales parámetros, quedaría cumplido no sólo el mandamiento constitucional de las FFAA, es decir, nuestra soberanía nacional, nuestra independencia, nuestra integridad territorial, sino que también haríamos honor a nuestros compromisos internacionales, y sólo en última instancia podríamos buscar otros beneficios coyunturales, siempre velando por el correcto uso de nuestros recursos económicos y no desamparar nuestra seguridad interior.

De acuerdo a todo lo anterior, vamos a analizar cada una de las misiones exteriores en las que en la actualidad están empeñadas nuestras FFAA, de las que tanto se ufanan, a fin de ver si las mismas son correctas y necesarias. En el último de nuestros cinco artículos ofreceremos a nuestros lectores las oportunas conclusiones.

Comenzaremos por las que se llevan a cabo exclusivamente por España en el marco de convenios bilaterales.

Lugar Misión Inicio Mandato
Golfo de Guinea
Diplomacia de la Defensa.- Militares españoles ayudan a incrementar la seguridad en esta inestable región de África Occidental.
El objetivo es desarrollar las capacidades de las naciones africanas en el control de sus propias aguas territoriales mediante la realización de ejercicios de adiestramiento conjuntos.
Medios humanos y materiales.- Un patrullero.
Coste.- Sin datos.
Nov. 2014  
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Mauritania
Seguridad Cooperativa en Mauritania.- España apoya a Mauritania con un programa bilateral de actividades de adiestramiento en el ámbito de la Seguridad Cooperativa.
Medios humanos y materiales.- Un patrullero en actividades de vigilancia y seguridad marítima.
Coste.- Sin datos.
Nov. 2015  
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Senegal
Seguridad Cooperativa en Senegal.- Las autoridades senegalesas piden ayuda a España para reforzar o generar las capacidades militares de sus Fuerzas Armadas.
Entrenamiento en actividades puramente de combate y preparación en la lucha contra el terrorismo. Adiestramiento en misiones diversas como búsqueda y rescate así como en la reconstrucción de infraestructuras.
Medios humanos y materiales.- Diverso personal de Ingenieros y una Célula de Soporte Vital Avanzado en apoyo al personal español.
Coste.- Sin datos.
Nov. 2015  
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Túnez
Seguridad Cooperativa en Túnez.- El Plan de Cooperación bilateral hispano-tunecino 2017 incluyó un programa de actividades de adiestramiento de las Fuerzas Armadas tunecinas por parte de las españolas.
España apoyará al Ejército tunecino en inteligencia táctica, combate en el desierto, lucha contra dispositivos improvisados, operaciones especiales, vigilancia marítima y sanidad operativa.
Medios humanos y materiales.- 20 personas.
Coste.- Sin datos.
Marz. 2017  
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La misión en Mauritania, aunque no cumple las condiciones “a, b, c” ni “d”, sí cumpliría la “e”, porque especialmente en tal país tenemos, sin duda, intereses comerciales que salvaguardar, máxime por su cercanía a las Canarias y por la siempre insidiosa injerencia y competencia marroquí. Aunque no hay datos sobre su coste, los escasos de los medios hacen a tal misión asumible y su cercanía con nuestras costas en nada menoscaba nuestro potencial defensivo. Eso sí, Mauritania debería abonar todo o buena parte del gasto.

La misión en el Golfo de Guinea no cumple las condiciones “a, b, c”, ni “d”, por lo que entraría en el concepto “e”, bien que  hay que decir que porque no nos queda más remedio, toda vez que perdida en beneficio de Francia y de Marruecos, de manera increíble y estúpida, toda influencia sobre nuestra antigua colonia, hoy emporio petrolífero, debido a la más que penosa y corrupta política exterior en aquella zona, el objetivo de la misión sería el de al menos intentar conservar una presencia que tal vez algún día reporte algún beneficio. Aunque no hay datos sobre su coste, lo escaso de los medios hacen a tal misión asumible y su cercanía con nuestras costas en nada menoscaba nuestro potencial defensivo. Habría que negociar el gasto, teniendo en cuenta que todo lo que se regala poco o nada se valora.

Sobre la misión en Senegal la cosa ya no está tan clara. No encaja en las cuatro primeras condiciones, por lo que habría que ver si lo hace en la quinta, la “e”. La misión surge a petición senegalesa que vende a España dos factores: a) que Senegal “es un islote de seguridad rodeado de inestabilidad” —¿Y quién no lo es hoy en día?, y b) que su proximidad a Malí, país con el que tiene amplia frontera, la hacen vulnerable a las amenazas del terrorismo yihadista. Sobre la amenaza yihadista, que vamos a ver esgrimir una y otra vez, sin quitarle importancia, tampoco puede ser una excusa para todo; no entraremos aquí, por no ser lugar, en manifestar nuestra opinión sobre cómo se debe combatir al yihadismo.

Pero nadie dijo que Senegal, como Malí, son países de absoluta influencia francesa, de los que España nada o muy poco va a sacar. Ni tampoco que como España participa en la misión que la Unión Europea lleva a cabo en este último país –por el sólo interés de Francia, ojo–, sólo en el caso de estar justificada nuestra intervención en Malí podría justificarse en Senegal; en caso contrario no lo estaría. Como adelantamos que nuestra participación en Malí no lo está, ya lo veremos en el artículo correspondiente, la de Senegal tampoco, por lo que esta misión debería ser anulada.

Sobre la misión en Túnez, que no encaja en las cuatro primeras condiciones hay que afirmar que tampoco en la quinta. Tal país, que fuera joya del Mediterráneo y emporio turístico, así como uno de los países árabe-magrebíes más occidentalizados, se ha sumido en graves problemas internos gracias a la tan cacareada “primavera árabe”, campaña de destrucción de los enemigos de Israel perfectamente orquestada por las diplomacias e inteligencias israelí y norteamericana, que ha dejado a tales enemigos, entre ellos a Túnez, como un solar, sumidos en el caos, en mayor o menor medida, para varias generaciones. En Túnez es mejor no implicarse militarmente. Nada hay allí que rascar y más de un disgusto “colateral” nos podemos llevar. Es país donde juegan siempre un juego peligroso Israel, los palestinos, Argelia y otros árabes. Por último, es un poco engreído creer que se puede adiestrar a aquellos que por razones obvias –sus graves problemas internos–, están bastante fogueados. Por todo ello, sobre todo por lo que tiene de injerencia militar en una zona más que resbaladiza esta misión debería ser anulada.

Continuará

La Redacción