De las meigas gallegas muchos dicen que no existen o por lo menos que no creen en ellas; otros, más gallegos aún, responden que es verdad, que no existen y que no creen en ellas, pero que haberlas, haylas.

Con la Masonería ocurre lo mismo. La mayoría dicen que, aunque hay logias a la vista, con sede social, páginas webs y presencia en las redes, no existe y no creen en ella, admitiendo, como mucho, que son asociaciones de friquis y snobs; otros, admiten que haberla hayla, pero que no deja de ser una sociedad “discreta”, no secreta. Por último, hay quienes aseguran que es tan real como la vida misma y tan perniciosa y maléfica como siempre se ha dicho, que es el motor del Nuevo Orden Mundial y la más eficaz herramienta del Diablo; que, dicho sea de paso, hoy nadie cree tampoco que exista.

Pues bien, porque nada en esta vida es casual o producto de la improvisación, y menos en los políticos, juzguen ustedes por sí mismos a la vista de las dos siguientes fotografías, en las que Macron, el histriónico presidente francés no se corta un pelo y en vez de palabras ofrece al mundo masón una nítida profesión de su pertenencia a tal secta… ¿o no?

  • La cruz y la espada

Foto final de su reciente viaje a los EEUU. Macron enarbola los cuernos masónicos imagen del Diablo

 

  • La cruz y la espada

Celebración de su victoria. Obsérvese el efecto de la escuadra y el cartabón (símbolo de la Masonería por excelencia) que hace la pirámide del Louvre detrás y sus brazos en alto y abiertos

  • La cruz y la espada

La Redacción (fuente La Voz Libre)