Carmen García Moyon.

Mártir por la fe. Ya comenzada la contienda, Carmen García llevó ropa, alimentos y la comunión a los católicos perseguidos, fue testigo, en los tres primeros meses de persecución, del martirio de veinte sacerdotes y religiosos… y siguió impartiendo sus clases de corte y confección en su propia casa.

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Carmen García Moyon
Fray Luis Amigó Ferré

Carmen Marie Anne García Moyon, llamada “la francesita”, de 48 años, nacida en Nantes de padre español y madre francesa. A principios del siglo XX, la familia García-Moyon volvió a España, instalándose en la ciudad de Segorbe, Castellón. Seguramente por el contacto de la joven Carmen con las discípulas del Venerable Luis Amigó Ferré –fraile capuchino en proceso de beatificación del que Juan Pablo II dijo que fue “Gigante de la santidad, modelo y prototipo de religioso“–, prendió en ella la vocación religiosa. De hecho, el 11 de enero de 1918 ingresó en la Congregación de las Terciarias Capuchinas, bien que al concluir sus votos religiosos no los renovó. En 1926 la encontramos ya en la ciudad de Torrent, Valencia.

En seguida entra en contacto con los frailes del convento de Monte Sión. Con el tiempo, “la francesita”, como así se la conocía, se empleó en dar catequesis a los niños del convento, repasar las ropas sagradas, la limpieza de la iglesia y hasta puso un taller de costura en su casa, donde enseñaba a las jóvenes torrentinas el arte de coser, zurcir y bordar ropas. Una verdadera catequista, cooperadora parroquial y trabajadora social.

Calle Santa Ana, 35, vivienda y taller de Carme García.

Según el sacerdote Felipe Salvador, “su taller de modista era al mismo tiempo un taller de cristiandad, porque aprovechaba cualquier motivo y cualquier momento para la enseñanza de la religión”. Quienes la conocieron nos dicen que Carmen era muy cariñosa y comprensiva. Físicamente era de pequeña estatura, bien parecida y de mirada serena y penetrante. Moralmente, era una persona muy religiosa y sumamente piadosa. Fue una auténtica líder del activismo católico femenino en el pueblo. Desde el comienzo de la II República hizo frente, junto con otras mujeres, a los intentos de destruir monumentos religiosos.

Ya comenzada la contienda, Carmen García llevó ropa, alimentos y la comunión a los católicos perseguidos, fue testigo, en los tres primeros meses de persecución, del martirio de veinte sacerdotes y religiosos… y siguió impartiendo sus clases de corte y confección en su propia casa.

Aunque el comité local de Torrent, formado por socialistas del PSOE y comunistas del PCE, había dado orden de no matar mujeres, con ella hicieron la primera de muchas excepciones, demostrando no sólo que tal orden era una farsa, sino que contra Carmen tenía una inquina especial debido a su protagonismo como activa católica desde el mismo día en que llegó al pueblo.

Torrent en la época.

Sucedió que un mal día, una chica de nombre María Vilata (a) “La Boua”, le pidió un vestido de novia para casarse con uno del comité, y Carme le dijo: “espera un poco a que se aclare esta situación de persecución y te podrás casar por la Iglesia”; le faltó tiempo a la chica para ir a contárselo a su novio.

El novio informó al comité sobre el comentario y la noche del 30 de Enero dos coches esperaban en la puerta de la casa de García Moyon, cuando apareció ésta trayendo de la mano a un niño de cuatro años hijo de una amiga. Se resistió cuanto pudo, dándose una escena dramática con el niño agarrado a sus piernas y ambos gritando, motivo por el cual acudió una vecina, Antonia Vilarroya, que intento evitar que se la llevaran, desistiendo cuando uno de los milicianos le puso una pistola en el pecho.

Entre los seis hombres la metieron en el coche llevándola al Barranc de les Canyes, no lejos de una casita de camineros, entre viñas y algarrobos, todavía en el término municipal de Torrent, en un viñedo a la izquierda del camino que va a parar a Morredondo. Eran de la partida conocida como del “Tollo”.

Lo que pasó a continuación lo contaron los propios asesinos a la vuelta del acto criminal en el bar Lluiset con las siguientes palabras: “La intentamos violar, pero se resistió gritando “¡primero me mataréis que abusaréis de mí!”. Así que la sacaron del coche, la rociaron con gasolina de arriba abajo y le prendieron fuego. Ellos mismos relataron en el bar lo que pasó a continuación “el espectáculo era dantesco, tanto que incluso nos llegó a horrorizar, a dar asco, puesto que era una tea ardiente vagando por el campo. Hasta que se desplomó al suelo. Y así se consumió totalmente”. Al final de su “hazaña” testificaron “mientras ardía, gritó varias veces “¡Viva Cristo Rey!”. Sus asesinos fueron, según consta, José Fenoll Garrigues, Antonio García Mares y dos forasteros desconocidos.

Carmen había dicho hacia tiempo en una reunión de amigas “A nosotras será a las primeras que nos arreglarán, porque somos católicas de cuerpo entero”.

 


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