mala buena hierba 01

La mala hierba.

Muy sencillo, aunque no muchos suelen darse cuenta: que a veces, y no pocas, la mala hierba no lo es o lo es circunstancialmente o no tanto como parece o no en tal nivel que no pueda regenerarse y volverse buena. Cuántos ejemplos hay a lo largo de la historia de malas, malísimas hierbas, que, por la gracia del segador, de Dios, y con la docilidad de dicha hierba a tal gracia, se volvieron buenas.

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Crece la mala junto a la buena hierba. Crecen juntas y a veces, por desgracia, revueltas. Cuando le preguntaron a Nuestro Señor si segaban la mala, dijo que no, que había riesgo de que con la mala se segara también la buena. Por eso, porque Dios así lo quiere, crecen juntas.

siega almas 02Al ser voluntad de Dios hay que aceptarlo sin rechistar y hay que hacerse a la idea. Junto a la buena hierba siempre la hay mala. Junto a nosotros, que solemos creernos que somos la buena, están muchos otros a los que consideramos, con motivo y a veces sin él, mala hierba. Como son mala nos molestan, nos fastidian y tenemos siempre la tentación, las ganas, de segarla, pero si lo hacemos estaremos rechazando la voluntad de Dios y entonces… nos convertimos en mala hierba, igual, o casi peor, que la que deseamos segar.

Hay un primer motivo por el que Dios las quiere juntas, y es que la mala hierba tiene una utilidad, pues con sus maldades supone para la buena: prueba a superar, tentación a vencer, foco de infección a combatir, cruz a sobrellevar, pieza muchas veces esencial para que la buena hierba demuestre que quiere de verdad serlo, que quiere crecer sana, que lucha por mantenerse firme y lozana, en fin, que es buena hierba y no una apariencia. También por eso Dios, en su infinita sabiduría, y pensando como lo que es, Dios, no como hombres, no como hierbas, quiso que la mala creciera junto a la buena.

Pero ¿juntos significa revueltos? No, no, Dios no nos quiere revueltos, porque la mala hierba, como la manzana podrida del cesto, puede contagiar su maldad, su podredumbre. No, revueltos no, juntos sí, porque así lo quiere Dios, porque todos estamos en el mismo mundo, porque todos somos hermanos, hijos de un mismos Padre, creados por el mismo y único Dios y, además, a su imagen y semejanza, tanto la buena hierba como la mala; otra cosa es que esta última, con sus actos, desfigure esa imagen y semejanza de Dios incluso hasta hacerla irreconocible. Por eso, juntos sí, pero no revueltos.

¿Y qué quiso decir Nuestro  Señor con aquello de que “no fuera a ser que con la mala se segara a la buena”?.

Muy sencillo, aunque no muchos suelen darse cuenta: que a veces, y no pocas, la mala hierba no lo es o lo es circunstancialmente o no tanto como parece o no en tal nivel que no pueda regenerarse y volverse buena. Cuántos ejemplos hay a lo largo de la historia de malas, malísimas hierbas, que, por la gracia del segador, de Dios, y con la docilidad de dicha hierba a tal gracia, se volvieron buenas. Ahí está el otro motivo, tal vez más importante que el primero que hemos citado para que Dios dijera que no se cortara la mala hierba no fuera a ser que… en realidad estuviéramos cortando la buena, aunque aún no lo fuera o no lo pareciera.

siega almasCuántas malas hierbas se han convertido en buenas. Cuántas hierbas podridas, que cualquiera creía irrecuperables, un buen día comenzaron a sanar y llegaron incluso a superar a las buenas. Qué maravillosa es la infinita paciencia de Nuestro Señor al dejar crecer la mala hierba a la espera de su conversión en buena. Este es el segundo de los motivos, bien poderoso por cierto, de que no dejara nuestro Señor que se segara la mala hierba. Porque quiere la conversión de la mala en buena. Porque vino, Él mismo lo dijo, más por la mala que por la buena hierba. Porque afirmó que quiere que toda la mala, convirtiéndose en buena, no sea segada. Porque prefiere soportar sus malos actos para dar mil y una oportunidades de que la mala hierba cambie y se vuelva buena. Por eso también hace que el Sol salga para ambas y que la lluvia las riegue a las dos, para que a ninguna, ni mala ni buena, le falte el sustento para crecer; a la buena cada día más fuerte, a la mala para ver si se transforma. He aquí el motivo y la razón del tiempo que se otorga a las dos.

Además, Dios sabe, porque Él lo tiene señalado, cuál es el día de la siega para cada una de ellas, no tiene prisa, Él no cuenta el tiempo como lo hacen las hierbas. Y como todo lo ve y todo lo sabe, no fallará a la hora de la siega, Él no se puede equivocar, cuando siegue la buena será buena de verdad y la mala, mala sin remedio, y le dirá que le dio todo el tiempo necesario, le puso al lado el ejemplo de la buena hierba e hizo que el Sol saliera y la lluvia regara igual para ella que para aquélla, luego su maldad estará comprobada y la segará ya sin piedad.

Pero ¿quién es buena y quién es mala hierba? ¿no será que hay días que somos buena y otros que somos mala o, al menos, no tan buena hierba? Pasa el tiempo, cada minuto nos acerca a la siega, no perdamos oportunidad, seamos buena hierba siempre, en todo instante, junto a la mala, pero no revueltos, fiados en que el segador sabrá segar con total certeza, dejémosle a Él la labor que le corresponde, tengamos confianza, y ayudemos en lo que podamos a que las malas hierbas que crecen junto a nosotros se vuelvan buenas.

 


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