• La cruz y la espada
En Madrid, des-gobernada por Carmena y sus podemitas, se ha implantado, manu militari –ellos tan demócratas– una nueva ordenanza según la cual los ciudadanos ya no pueden circular por donde deseen, sino que tienen que hacerlo en el sentido en que la alcaldesa y sus esbirros lo ordenen y manden… democráticamente, eso sí.

Desde su llegada a tal alcaldía –como a otras muchas– esas mentes bolcheviques, que nunca salieron psicológica e intelectualmente de la Rusia leninista, no han hecho más que seguir un plan bien trazado de sometimiento de los ciudadanos a una disciplina de vida manifiestamente soviética, como no podía ser de otra forma –menos para ellos, claro, que para eso son la “nomenklatura”. Claro que como ahora el plan está aún en sus inicios, hay que hacerlo, también como en aquella Rusia soviética, escondiendo la patita como el lobo de Caperucita, es decir, “democráticamente”, por “nuestra seguridad”, por “nuestros derechos”, por “la libertad”, etc., etc. Igualito, igualito que hicieron Lenin y sus muchachos hasta lograr en unos pocos años convertir a la URSS en “un campo de concentración con metro y autobuses” en palabras de Enrique Castro Delgado, quien fuera gran comunistazo, asesino en serie, fundador del Quinto Regimiento en Julio de 1936, jefe del Comisariado Político rojo durante nuestra contienda y luego acérrimo enemigo de sus antiguos compañeros tras pasar seis años en el “paraíso socialista soviético” del que logró salir en 1946 por los pelos.

  • La cruz y la espada
Ahora, como en Corea del Norte, último bastión del comunismo visible –hay muchos que no lo parecen pero que lo son–, debemos caminar en un sólo sentido por ciertas calles, cada vez por más; las bicicletas, como en la China de Mao, tienen prioridad para desplazarse, incluso, por las aceras, que son el espacio de los peatones, es decir, de los que van a pie; se han estrechado las calles, provocando innumerables atascos, para dejar paso a inexistentes ciclistas a pesar de que Madrid no es ciudad para tal invento; se “peatonaliza” la Gran Vía, cerrando una arteria esencial de vehículos, para que, con sus cuestas, vallamos a pie y ganemos en salud; se prohíbe día sí y día no, aún en contra de los datos científicos, la entrada y aparcamiento de vehículos para reducir, que no se reduce, la contaminación y así mejorar la salud del pueblo; se reduce la velocidad hasta niveles en los que el coche se niega a marchar porque no es elemento para ir a la velocidad de un burro; se da la bienvenida a “refugiados” que no sólo no lo son, sino que vienen para sangrarnos y hacernos perder nuestras esencias religiosas –las pocas que quedan– y nacionales; se les ofrece casa, subvenciones, gratuidad en transportes, en educación, trabajos, etc., por delante y por encima de los nacionales, en aras a una pretendida “solidaridad internacional”; se prohíben los animales en el circo quitando a tan maravilloso espectáculo la parte más llamativa del mismo, sobre todo para los niños, y a los animales no sólo la posibilidad de vivir, sino también de exhibir sus destrezas naturales; etc., etc., etc. Por cierto, que varias de tales lindezas las puso ya en marcha, en el caso de Madrid, el PP de Botella, esa individua que llegó a alcaldesa por méritos de… su marido, un tal Aznar o algo así.

No les quepa la menor duda: ni por seguridad, ni por derecho, ni por la libertad, ni por nada bueno. Estamos ante la imposición manu militari de una disciplina soviética, de un estilo de vida bolchevique, puramente marxista socialista-comunista (PSOE-Podemos/IU). Poco a poco, eso sí, van dando los pasos para someternos a una dictadura, a una tiranía como sólo cabe en sus enfermizas cabezas. Cae sobre nosotros gota a gota una losa de granito –alguien la llamó “telón de acero”— que nos sepulta como hombres y como ciudadanos bajo metros y metros de estupidez, barbarie y miseria. Y no sólo en Madrid, que es la referencia, lógicamente, sino en el resto de ciudades donde des-gobiernan esta clase de especímenes, sean cuales sean sus siglas, y con la connivencia “democrática” del resto de partidos, sean también cuales sean.

Lo paradójico, es que lo hacen gracias a la labor de zapa de años de esos partidos liberales –UCD-AP-PP, principalmente, y ahora C,s y VOX– que han sido tradicionalmente el caballo de Troya, los tontos útiles –y no tan tontos–, los descastados y mamporreros, precisamente, de los revolucionarios que, también lógicamente, acaban siempre llevándose el gato al agua y arrimando el ascua a su sardina porque son mucho más organizados, decididos, disciplinados y bárbaros.

Que no se engañe nadie: la Revolución actual es la hija y heredera de aquellas tres  –la luterana, la francesa y la marxista, ninguna buena–  que ya en sus respectivos momentos torcieron sucesivamente el discurrir natural del mundo; bien que ésta es mucho más poderosa, eficaz y destructiva. Esta Revolución persigue, por ahora de forma “amable”, imponer su orden –ese Nuevo Orden Mundial (NOM)–, que ya se atisba en el horizonte, terrible como nunca hasta ahora hemos conocido en toda la historia de la Humanidad en el que el ser humano quedará desposeído de todos sus valores para acabar siendo reducido a la penosa y triste condición de mero trozo de carne y huesos; con lo que ello supone.

Lo que ocurre ya en Madrid y en otras ciudades se extiende como macha de aceite, lenta pero inexorablemente; aún estamos a tiempo, bien que cada vez nos queda menos. De nosotros depende, sólo de nosotros, de cada uno en su lugar de combate; unos más y otros menos. O nos ponemos en marcha, o nos aprestamos a no dar ya ni un paso más atrás o estamos perdidos sin remisión; nosotros, nuestros hijos y nietos. De nosotros depende. Fe en Dios y manos a la obra, ambas cosas.

La Redacción