• La cruz y la espada
Federico Jiménez Losantos ha publicado un libro titulado “Memoria del comunismo: De Lenin a Podemos” que rápidamente ha sido éxito de ventas. Lo hemos leído, bien que sin comprarlo; porque una cosa es una cosa y la otra pagar por él. El libro, no cabe duda, tiene su interés, y desde aquí no vamos a decir que no se lo compren o que no lo lean.

El libro es, sin duda, un contundente y documentado alegato contra el comunismo, contra el socialismo, o sea, contra el marxismo, pues ambos son o primos hermanos o hijos bastardos del mismo padre, como quieran. Tiene capítulos interesantísmos; otros, sin dejar de tener su interés, resultan un tanto farragosos. Losantos demuestra, sin duda, sus excepcionales cualidades intelectuales y sus amplísimos conocimientos sobre la materia, aunque descubrir, lo que se dice descubrir, no descubre nada sustancial que no conozca quien se haya preocupado un algo de conocer la aberración que supone el marxismo desde sus comienzos hasta la actualidad y… lo que te rondaré morena. Lo que no quita interés al libro, porque dado los tiempos que corren, no queda más remedio que repetir la verdad, esta vez sí, mil veces hasta que se acepte como tal.

En lo que a crítica del marxismo se refiere el libro es impecable, profundo, detallado, así como en cuanto a descubrirnos la calaña de la que están hechos los marxistas de todos los tiempos; incluidos los podemitas, claro. Pero fuera de eso, el libro, nos ha decepcionado por lo siguiente:

Enmascarado en la crítica del marxismo, y sin que el título deje advertirlo, se encuentra una radical, diríamos que incluso brutal, apología del liberalismo, ideología que profesa el autor hasta hacerle perder el sentido e, incluso, la perspectiva y la referencia. De algo más de setecientas páginas, no menos de doscientas son canto liberal. ¡Qué pena!

Confiesa el autor que perdió la fe tras el fallecimiento de su padre; pues bien, ahí está el meollo de sus desvaríos, porque sin fe se camina por estos lares a ciegas.

Por eso, cuando se pregunta una y mil veces, sin llegar a contestarse plenamente, cómo es posible que todavía hoy subsista y siga en alza el marxismo a pesar de esos cien millones de  muertos y el absoluto fracaso material, o sea, económico de los países que han caídos bajo su bota, no se da cuenta de que es porque el marxismo es una cara más, y principal, del Mal y una herramienta esencial de su lucha contra el Bien; así de sencillo y diáfano, aunque Losantos siga sin creérselo. Y una cara especialmente desarrollada, compendio de otras anteriores algo más toscas, pero no menos eficaces en su momento, como fueron el luteranismo, la Ilustración, la revolución norteamericana, la francesa y… el liberalismo.

Porque lo que el autor no sabe o no quiere reconocer, es que el liberalismo también es herramienta del Mal. Lo sentimos, Losantos. Más aún, el liberalismo es el caballo de Troya en cuya panza se oculta siempre el marxismo; porque el marxismo es hijo del liberalismo; porque el liberalismo conduce siempre al marxismo, al totalitarismo. Una prueba entre muchas, al hilo de su libro, es la aparición de los marxistas podemitas que vienen de la mano del nuevo y estrepitoso fracaso liberal, esta vez del PP. Sí, Federico, como a primeros del XX llegaron del fracaso liberal de todo ese siglo XIX que, de verdad, quisiéramos borrar de nuestra historia. Hoy, como entonces, el liberalismo, que destruye al ser humano al desplazar a Dios para centrarse en el hombre, desemboca siempre en el totalitarismo, en la tiranía, en el marxismo.

Losantos descubre, en su último y largo capítulo del libro, a la Escuela de Salamanca española, menos mal, bien que, sorprendentemente, la convierte en el homo antecesor del liberalismo. Y es que su agnosticismo desorejado le impide ver o reconocer que aquella escuela era profundamente católica, que lo que hicieron aquellos sabios, y al tiempo creyentes a machamartillo, fue desarrollar de forma sublime la secular doctrina social y moral de la Iglesia que era su madre, su base, su fundamento, su alma, mente y corazón. En absoluto liberales, Federico, lo sentimos, católicos, Federico, católicos; fe, fe y fe.

Y lo que no entendemos es su cerrazón en reconocer abiertamente, precisamente por lo que dice sobre el marxismo, que es todo verdad y acertadísimo, la imperiosa necesidad del Alzamiento, la gran victoria de Franco en la Cruzada  –porque fue cruzada, Losantos, si no se reconoce eso no se puede comprender aquella contienda– y, por las mismas, el acierto y bondad de su gobierno, o sea, la victoria en la paz que fue aún más importante que la de la guerra, de esa auténtica revolución social y moral que llevó a cabo el Caudillo, hija de la doctrina de la Iglesia y de la Escuela de Salamanca.

Aunque en realidad sí lo entendemos: le falta a Losantos honradez intelectual. Y es que el marxismo que profesó con tanta euforia de joven imprime carácter, y a pesar del tiempo, eso se lo impide, lo cual es una pena. En eso le aventaja Pío Moa –al que, dicho sea de paso, largó de su entorno con furia liberal o sea, totalitaria y marxista–, cuya trayectoria es de una honradez intelectual mayúscula; bien que a Don Pío le falta también el paso de la conversión; y es que, como en el caso de Losantos, ya lo hemos dicho, el marxismo que también profesó, imprime carácter y se lo sigue impidiendo; otra pena.

La Redacción