No son pocos los “telones de acero” que los abortistas echan sobre el aborto en su constante intento por hacerlo invisible, por seguir consiguiendo que asunto tan crucial no exista para el público en general, conscientes de que de lo que no se habla nunca se modificará. Hasta tal punto ha llegado tan maquiavélica y torticera intención, que han conseguido incluso que amplísimos sectores del clero y los fieles católicos hayan “aceptado” el aborto como algo “que está ahí”, “irremediable”, adoptando una postura flexible, tolerante, pasiva y acomodaticia con lo que debería ser casus belli en sus vidas y quehacer diario.

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  • La cruz y la espada
Uno de esos “telones de acero” es el de ocultar las terribles consecuencias del aborto sobre la abortista. Sobre el particular, vamos a desgranar en este artículo algunos datos, realmente estremecedores, procedentes de varios de los más serios y prestigiosos estudios realizados hasta el momento.

Uno de ellos fue el realizado por la doctora Coleman y su equipo entre 1995 y 2009 –catorce años–, tomando como muestra veintidós estudios, quince de ellos realizados en los EEUU y el resto en otros siete países diferentes, analizando un total de 877.181 casos de mujeres que habían abortado, de las cuales 163.831 lo habían hecho para deshacerse de sus hijos, siendo el resto, 713.350, abortos naturales.

El resultado fue concluyente:

* entre las que se lo habían inducido se registró un 81 por ciento más de casos de enfermedad mental en comparación con las que lo habían sufrido de forma natural. Del citado 81 por ciento se comprobó que el 10 por ciento de dichos trastornos tenían su causa directa en el aborto.

* entre las que se lo habían inducido se registró un 196 por ciento más de casos de uso y adicción a la marihuana, alcohol, depresión, ansiedad e incluso de suicidios en comparación con las que lo habían tenido natural.

* más en concreto, la tendencia de las abortistas en comparación con las que habían sufrido un aborto nacional era: de un 8,3 por ciento superior de padecer ansiedad, 25,6 por ciento de consumir marihuana y de 34,9 por ciento de cometer suicidio.

En otro estudio realizado por el mismo equipo que el anterior, sólo que esta vez sobre 987 casos de abortistas, mientras que las estadísticas afirman que sólo el 13 por ciento de las mujeres que sufren un aborto natural reconocieron haber visitado a un psiquiatra, psicólogo o consejero, aquí, entre las abortistas, lo hicieron el 67,5 por ciento. De aquéllas, sólo el 6,6 por ciento declaró que tomaba medicación para trastornos psicológicos post-aborto, mientras que de las abortistas lo hacían el 51 por ciento.

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Aún más. De los 987 casos de abortistas estudiados, en cuanto a las razones para abortar, el 58,3 por ciento de las abortistas admitió que lo hizo para agradar a otros; el 73,8 por ciento reconoció que su decisión no fue tomada con entera libertad, sino bajo el influjo de presiones de terceros, incluso sutiles o indirectas; un 28,4 por ciento abortó por miedo a perder a su pareja si no lo hacía; el 49,2 por ciento reconoció como ser humano al feto, a pesar de lo cual abortó; un 66 por ciento afirmó ser plenamente consciente de que estaba cometiendo cuando menos un error al abortar; un 67,5 por ciento reveló que la decisión del aborto fue una de las decisiones más difíciles de sus vidas; y un 33,2 por ciento se sentía emocionalmente ligada con el feto antes del aborto.

Sobre la muestra ya citada de 987 casos de abortistas de este estudio, a continuación relacionamos algunos datos concretos a destacar sobre la decisión tomada de abortar y sus consecuencias, acompañado de un ejemplo real ilustrativo:

¿Aspectos positivos más significativos, si los hay, de su decisión de abortar?

  1. Ninguno: 243 (31,6%) (Además, 218 de de los 987, 22%, no quiso responder a la pregunta).

“Ninguno, no hay aspectos positivos. Mi vida no es en nada mejor, es mucho peor. Llevo el dolor de un hijo perdido para siempre. Aunque sé que me he perdonado y he superado la culpa y la vergüenza, el dolor desgarrador todavía está presente. Preferiría haber sido madre soltera y tener a mi bebé aquí para quererlo y adorarlo, antes que el dolor de tener los brazos vacíos.”

  1. Profundización en la vida espiritual (búsqueda de perdón, paz, sanación interior): 135 (17,5%).

“Lo único positivo es que aquello, al final, me llevó a ponerme de rodillas delante de Dios. Él me ha atraído hacia sí a través de su interminable perdón, misericordia y gracia. Creo que podría haberme mostrado esas mismas cosas si hubiese elegido otro camino, pero así fue como llegué a Él, no como cristiano, porque ya lo era, sino como alguien que no lo conocía realmente hasta ahora.”

  1. Compromiso con el trabajo de asistencia a los embarazos en crisis: 102 (13.3%).

“Como voluntaria (desde entonces), he podido persuadir a la mayoría de los que tenían en mente un aborto a que esperaran, al menos, hasta que pudieran ver una ecografía antes de tomar la decisión de abortar. Todos los que han hecho esto han elegido la vida para sus hijos. Probablemente no me habría hecho voluntaria, si no hubiera sido por el aborto que tuve.”

  1. Compartir la experiencia del aborto por escrito u oralmente: 70 (8,9%).

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“He encontrado mi vocación en la vida y renovado mi dedicación a la educación. Me siento como si mi historia, cuando tuve el valor de contarla, ayudó a las personas a saber que no las juzgo y que soy alguien en quien pueden confiar. Ojalá alguien aprenda de mi locura. Soy bienaventurada por haberme unido con otras mujeres que han tenido abortos.”

  1. Comprometidas en ayudar a las mujeres a recuperarse de una experiencia de aborto a través del amor y el perdón de Dios: 63 (8,2%).

“Entiendo el dolor y puedo relacionarlo con las difíciles circunstancias que llevaron a las mujeres a tomar la decisión de abortar. Que yo pueda compartir mi corazón. Que a Jesús le importan las personas (sobre las mujeres / madres) y que yo sé y puedo compartir y decir que los bebés están en el cielo, pero que Dios puede valerse incluso de los errores que cometemos y transformar una circunstancia grave en esperanza o como la larva dentro de una crisálida se convierte en mariposa.”

  1. Conversión al cristianismo, conocer a Cristo personalmente: 58 (7,5%).

“No tengo vínculos con los hombres de mi pasado. Finalmente fue a través de un estudio de la Biblia cuando vino la sanación posterior al aborto y acepté a Cristo como mi Salvador. He enfrentado mi pasado, sentido las emociones y llorado mis pérdidas, experimentado ira y perdonado a todos los que participaron en el aborto.”

  1. Participación activa en el movimiento pro-vida: 49 (6,4%).

“He encontrado el perdón por abortar, he conducido a otros a encontrar la sanación y el perdón por sus abortos, he escrito un libro… junto con un sitio web, soy directora ejecutiva de un centro de recursos de embarazo y salvé del cierre a dos centros de atención al embarazo. Estoy en grupos de presión por la aprobación de una enmienda a la Constitución. He dado testimonio en muchas ocasiones. Aparecí también en el programa “Las caras del aborto” e hice varias entrevistas de radio.” 

¿Aspectos negativos más significativos, si los hay, de su decisión de abortar?

Pregunta no contestada: 199 de 987 = 20.2%

  1. Destruí una vida, pérdida de una vida o vidas: 187 (23.7%).

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“Mi hijo está muerto y por mi propia elección. Pasé años de rabia, vergüenza y dolor. Dañó mi relación con mi esposo, mis hijos y Dios. Durante treinta años no le hablé de él a nadie, salvo a mi marido. Mi dolor lo abrumó y lo dejó impotente y avergonzado. Durante años lloré todos los domingos en la iglesia, experimenté oscuras depresiones, pensamientos suicidas y episodios de ira. Mi relación con mis hijos estaba desequilibrada. Tenía que ser la madre perfecta y que ellos también lo fueran o me creía estar por debajo del desprecio. Imagínese el enredo en el que vivía.”

  1. Depresión: 114 (14,4%).

“Estuve muy deprimida durante años después del aborto. Creo que la depresión contribuyó a perder un lucrativo trabajo en el sector farmacéutico. No funcioné durante dos años después del aborto y no tuve la energía para hacer nada. Tardé cerca de tres años en tener la motivación para volver a vivir algo parecido a una vida plena. Durante estos tres años, empecé a vivir con mi novio, quien ahora es mi prometido. No estoy orgullosa de la vida que vivo y creo que se atribuye a una falta de confianza en mí misma por el aborto.”

  1. Sentimiento de culpa/remordimiento: 110 (14%).

“Tengo tremenda culpa y remordimiento. Estoy triste muchas veces. Puedo ser feliz, pero algo falta. Me odio a mí misma por tomar esa decisión y ya no puedo tomarla de nuevo, arreglarla o mejorarlo.”

  1. Auto odio/ira / auto-desprecio /sentimientos de inutilidad / se siente inmerecedora del amor: 98 (12,4%).

“Los efectos negativos más graves son estar enfurecida conmigo porque aborté a tres bebés. Las secuelas del aborto son destructivas para el alma. Mi vida fue interrumpida de tal manera que después de treinta años, desde mi último aborto, estoy todavía sufriendo, emocionalmente y mentalmente como resultado de mis decisiones. Voy a tener que vivir con ellos para el resto de mi vida.”

  1. Vergüenza: 86 (10,9%).

“Un sentimiento de vergüenza y arrepentimiento han permanecido conmigo desde mi aborto. Se atempera por el perdón y la fe en la misericordia y la gracia de Dios, pero todavía está allí después de todos estos años. Echo de menos a mis hijos perdidos y lamento que a mis hijos actuales les robaron la vida de sus hermanos por el aborto. Mi esposo, que no participó en forma alguna en mi aborto o en cualquier otro aborto, ha sufrido ira y tristeza por causa de mi aborto. Él todavía lucha por perdonar a aquellos que me forzaron a abortar.”  

  1. Adicciones, alcohol o abuso de drogas incluyendo alcoholismo: 71 (9%).

“Morí con cada aborto. Me convertí en alguien muy agrio, deprimido y terminé por convertirme en un drogadicto y un alcohólico.”

  1. Lamento: 73 (9.3%).

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“Cada mujer sabe, en su corazón, que el aborto está mal. Aunque era joven y estaba asustada, había un sentimiento de ir contra mí misma. Fue cuando me casé y fundé mi familia cuando comencé a luchar realmente contra mi decisión de abortar. Cuando nació mi primer hijo me di cuenta de lo que había hecho hacía muchos años. El amor que tengo por mis hijos era y es más poderoso que cualquier emoción que he experimentado. El solo pensamiento de que alguien pueda herirlos, tiene un efecto enorme sobre mí como madre. El conocimiento de que acabé con la vida de mi hijo es difícil de manejar emocionalmente. A lo largo de los años he luchado con ser extremadamente dura conmigo misma y superarme emocionalmente. Por fuera, creo que nadie lo ha visto. Parece que lo tengo siempre junto a mí. Es un terrible estado de ánimo.”

  1. Comportamientos autodestructivos como promiscuidad, auto castigo y malas decisiones: 61 (7,7%).

“Cambió mi personalidad. Me doy cuenta en retrospectiva, que veía diferente y sentí que no merezco cosas buenas. Cambió mi relación con mis padres, especialmente mi madre, a la que estaba muy unida. Fui promiscua y le di la espalda a Dios. Por lo tanto, siento que arruiné mi vida y lo que Dios había planeado para mí.”

  1. Baja autoestima: 60 (7,6%).

“Autoestima baja, incapacidad para tomar decisiones, debido a decisiones equivocadas, el pensamiento de que no protejo a mis hijos.”

  1. Ansiedad/miedo: 56 (7,1%).

“Las noches fueron terribles durante casi un año; cuando me levantaba dormida en busca de mi hija y cuando despertaba me daba cuenta de que tenía un hijo y no tenía una hija y por qué estaba en el mundo tan asustada buscando una niña en todas partes. Ahora tengo una hija y me ha dicho muchas veces que pensó que debía tener una hermana mayor y lloró amargamente cuando le dije que era cierto y que fuimos su padre y yo los que decidimos abortar.”

  1. Pensamientos suicidas / deseos de morir/ autolesión / actitudes peligrosas y arriesgadas/ intentos de suicidio: 49 (6.2%).

“Dos intentos de suicidio.” 

La Redacción