• La cruz y la espada
Han asesinado por la espalda a Víctor Laínez; por la espalda claro, siempre en masa o por la espalda, que uno a uno y de frente nunca han tenido los rojos, los sin Dios y anti-España, las agallas suficientes.

Han asesinado, vilmente, a un caballero legionario que se preciaba de serlo, que se enorgullecía de ello, que no lo ocultaba, que lo demostraba no sólo portando orgulloso los emblemas de la Legión a la que dedicó los mejores años de su vida, sino también los símbolos de la Patria, de España, a la que amaba con pasión.

Víctor nunca olvidó aquellos artículos del credo legionario que instituyeran en su día Millán Astray y Franco:

EL ESPÍRITU DE COMPAÑERISMO: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.

EL ESPÍRITU DE AMISTAD: De juramento entre cada dos hombres.

EL ESPÍRITU DE UNIÓN Y SOCORRO: A la voz de “A mí la Legión”, sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella defenderán al legionario que pide auxilio.

Pues bien, ¿dónde está la Legión? ¿dónde ese espíritu? ¿dónde ese alarde cuando pasean a su Cristo? ¿dónde esa bravura de la que hacen gala en las fotos de las webs de Defensa? ¿dónde?

No existe ya. Hace mucho que lo venimos diciendo: las FFAA han caído en el mismo, o peor, aburguesamiento que el resto de nuestra sociedad democrática; se ha confundido la velocidad con el tocino. Ni siquiera La Legión es lo que fue; no queda de ella ni la sombra. Todo ha quedado en puro teatro y, además, del malo. La Legión ha muerto y no precisamente en combate. Ya ni siquiera llevan la camisa abierta porque… se les verían los pechos. Cuando desfilan a su vertiginoso paso ahora mueven el pompis y les es imposible mantener la cohesión. Eso sí, conservan una gran capacidad de hacer de modelos publicitarios para vender la mentira de la “defensa de la seguridad y la libertad”.

Víctor Laínez, caballero legionario, ha sido asesinado por la anti-España, por los enemigos de Dios y de España, de La Legión, y los “bravos” legionarios de hoy han abandonado su cadáver en el campo de batalla, han violado el juramento de hermandad y ninguno ha acudido, con razón, que es el caso, y aunque no la hubiera, a defenderle.

Hace tiempo que lo venimos diciendo: todo es teatro, puro teatro, pantomima, lucir el uniforme que no se merece, cobrar a final de mes, escalar puestos, y posar, posar de cara a la galería.

La Redacción