José L. Segovia Bernabé, un no-cura nocivo

La reciente profanación de la iglesia de Nuestra Señora de Madrid o Madona, sita en el paseo de la Castellana de Madrid, en la que se celebró una infame ceremonia de exaltación sodomítica, incuida ofensa a dos insignes mártires a los cuales el lobby sodomítico se empeña en considerar practicantes en su día de tal desorientación sexual, ha puesto de nuevo en primera línea a un personaje nocivo donde los haya, el Rvdo. P. José Luis Segovia Bernabé.

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La reciente profanación de la iglesia de Nuestra Señora de Madrid o Madona, sita en el paseo de la Castellana de Madrid, en la que se celebró una infame ceremonia de exaltación sodomítica, incuida ofensa a dos insignes mártires a los cuales el lobby sodomítico se empeña en considerar practicantes en su día de tal desorientación sexual, ha puesto de nuevo en primera línea a un personaje nocivo donde los haya, el Rvdo. P. José Luis Segovia Bernabé.

José Luis Segovia Bernabé

José Luis Segovia Bernabé –sacerdote de los de siempre de paisano, o sea, de los cobardes que renuncian a la primera y más básica forma de evangelización que es la de vestir de lo que se es–, actual Vicario de Pastoral Social e Innovación (¿?) del arzobispado de Madrid-Alcalá tras su designación por el cardenal Osoro, vicaría que no existía hasta que éste la “innovó”, es, sin lugar a dudas, el alter ego de tal prelado; por ello y para ello le nombró; también para lanzar un mensaje nítido de quién es el propio Osoro y de por dónde iban a ir los tiros de su mandato, que esperemos sea breve porque no hay cristiano que lo aguante, así que nadie se asombre de lo que estamos viendo y oyendo.

Que cabeza para el estudio tiene “Josito”, como le llaman y le gusta que le llamen –lo de “padre” le rechina, no en balde va de “progre”, “llano” y “cercano”–, lo demuestra su formación académica que nadie puede negar que la tiene amplia, pero como a otros muchos seres humanos con tal capacidad para el estudio, el problema es que lo estudiado, que no es lo mismo que aprendido, se le ha indigestado, produciendo en él dosis de soberbia y cretinez que le ahogan e incapacitan para sacar provecho, él y los demás, de tanta erudición.

Lo cual no deja de tener sus ventajas para los demás, pues debido a ello este cura –que no ejerce de ello habiendo renunciando a la mayor de todas las dignidades que pueden recaer sobre un ser humano, la de ser sacerdote–, despide un tufo nauseabundo de tal intensidad que permite, a quien tiene las pituitarias en forma, olerle de lejos si se conserva un poco de recia formación católica de verdad, se está alerta y se carece de ambiciones que no sean otras que la de convertirse para salvarse.

Ese tufo se deja sentir, se pone en evidencia, mediante una verborrea diarreica descomunal, por el uso de palabros altisonantes y grandilocuentes con las que busca impactar tanto en el pobre que por cualquier motivo tiene que oírle, como aún más en el imbécil que quiere escucharle; palabros, que no palabras, en buena medida inventados por él mismo en un alarde no de erudición, sino de estupidez. También se caracteriza ese hedor por lo que le gusta escucharse a sí mismo, porque lo dicho para los demás tiene su muchos efectos en él, que oye lo que dice encandilado como si viniera de la boca del propio Aristóteles o de Platón, creyéndose incluso superior a ellos.

Así, su dialéctica rezuma teología de la liberación por todos los poros, es manifiestamente modernista de la “a” la “z” y su semántica hace gala de agudos eufemismos con los que cuela barbaridades descomunales envueltas en papel celofán, igual que sandeces mayúsculas camufladas con papel de seda. Es un marxista teórico y practicante, y por ello un intolerante, totalitario y demagogo, bien que como sus admirados tiranos lo oculta eficazmente, por ahora, con ademanes de cordero para que no se le vea la zarpa de lobo. Todo lo cual le convierte en peligroso embaucador de ingenuos e ignorantes, así como de interesados, pelotas y cobardes. Además, está convencido de que el hombre sólo vive de pan. José Luis Segovia Bernabé, lo de “padre” lo evitamos, rezuma demagogia, vaciedad, hipocresía y no poca estupidez; le falta caridad de verdad, tergiversa el Evangelio y predica sólo la parte que le interesa para sostener sus errores.

Javier Barbero

Y por todo ello, cómo no, tiene en su currículum haber sido el responsable de la comisión contra la “violencia machista” y del magnífico entendimiento entre el arzobispado de Madrid y el marxismo encubierto o destapado actual que rige, cuando menos, la alcaldía. Viene siendo casamentero y celestino entre dicha diócesis y los podemitas, entre cuyos esbirros tiene especial relación con Javier Barbero, concejal de Seguridad, Salud y Emergencias, amigo suyo personal desde hace tiempo –Dios los crea y ellos se juntan–, con el cual es co-autor de un libro sobre ideología de género, cómo no, quien a su vez fue fraile camilo en su día –no hay nada peor que un seminarista o cura renegado–, para después defender a los okupas del Patio Maravillas, llamar “fascistas” a los policías municipales que dirige como concejal y mano izquierda –otra no podría ser– de Carmena; todo un personaje rancio, nostágico de la checa y el gulag.

Entre las perlas del protagonista de este artículo, el ínclito José Luis Segovia Bernabé, están las siguientes: los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron “neoconservadores”, “reduccionistas” y “restauracionistas”, habiendo supuesto según él “una verdadera ralentización del proceso de renovación iniciado después del Concilio Vaticano II”;  “la Iglesia del repliegue neoconservador de la era de Juan Pablo II y Benedicto XVI ha puesto el acento en los males de la cultura de nuestro tiempo: lo que eclipsa el rostro de Dios es que no se hable de Él, el relativismo moral, la secularización” –y lo dice precisamente él, tiene narices–, mientras que “la llegada del Papa Francisco ha supuesto un giro pastoral y estratégico: lo que eclipsa el rostro de Dios, fundamentalmente, es el sufrimiento visible, la injusticia de nuestro mundo”, o sea, pura teoría de la liberación, y, cómo no, siempre la misma tabarra una y otra vez hasta colarla “el periodo que ocupan los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Son casi 35 años (1978-2013) de la vida de la Iglesia que suponen una verdadera ralentización del proceso de renovación iniciado inmediatamente después de la celebración de Concilio”, que por supuesto no dice Vaticano II porque lo da por supuesto, ya que para él sólo puede ser ese, los otros diecinueve anteriores no existen.

Para el caso español, lógicamente, aplica la medicina más dura, además de la palabrería más cursi y chocante, cuando afirma que “En España, la Iglesia militante de los años 70 se desfondó en un activismo apresurado que vivió los excesos del enfrentamiento con el restauracionismo eclesial. La Iglesia confesante de la etapa de Juan Pablo II y Benedicto XVI sufrió de reduccionismo intraeclesial y de arrinconamiento de lo social para los especializados”.

Altar profanado de Ntra. Sra. de Madrid

Cursilería que llega a la horterada cuando afirma que “es preocupante que la liturgia oficial, con sus formulaciones muchas veces frías, formales y medievales, impidan que el homo liturgicus tome parte activa en el destino del homo technicus” (¿?); ven cómo lo que hemos dicho es cierto. Pues aún hay más “a pesar del esfuerzo de los predicadores, no se está haciendo eco de la evolución de la teología ni del mundo. En general, se sigue hablando y predicando de paradigmas moralizantes, anticuados, premodernos y desde una interpretación literalista de la Sagrada Escritura. Quizá se explique esta paralización por fijaciones doctrinales que impiden la adecuación a las cambiantes y nuevas circunstancias, así como por el perfil de los “oyentes”.

Por todo lo anterior, que nadie se extrañe de que este triste personaje haya sido el inductor de la profanación llevada a cabo recientemente en la parroquia de Nuestra Señora de Madrid o Madona, en pleno paseo de la Castellana donde se celebró una ceremonia de exaltación de la sodomía por una asociación de sodomitas pretendidamente “cristianos”, de la que en breve daremos cuenta. Aunque se afirma que al arzobispado no la bendijo, no sólo no la prohibió, sino que más aún la permitió, de ahí su pecado. Y aunque el párroco al parecer no estaba de acuerdo, lo aceptó y no ha dimitido una vez que se le ha impuesto semejante barbaridad, si es que fue así, de ahí también el suyo.

Con elementos perniciosos como éste, incluyendo a Osoro, nadie se puede asombrar ni de lo que por desgracia ocurre, ni sorprenderse de lo que va a seguir ocurriendo, porque esto no ha hecho sino empezar.

 


2 thoughts on “José L. Segovia Bernabé, un no-cura nocivo”

  1. No tienes ni idea de quién es Josito, deja de escribir tonterías y dedica tu tiempo a otra cosa, que para estas cosas está el Sálvame, ves y echa un currículum a ver si te cogen.

    1. Estimado seguidor: sentimos que su opinión esté compuesta sólo de afirmaciones categóricas, que no argumenta, lo cual le pone en evidencia. Pasar mucho tiempo viendo pseudoprogramas tan poco instructivos y edificantes como ese que nombra, produce esos efectos. Háganos caso y, cuando dé opiniones donde sea, tiene que argumentarlas, si no es así, dejan incluso de serlo y pasan a la categoría de simples sonidos ininteligibles. Saludos cordiales.

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