Aula de Actualidad (Torrelodones)-001
  • La cruz y la espada
A mediados de Enero pasado se impartió en los salones de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de la localidad de Torrelodones, una charla titulada “Islam y cristianismo. Una visión del siglo XXI” cuyo ponente fue el P. D. Javier Igea, a su vez párroco de Santa Elena en Madrid. Sobre tal conferencia publicamos un artículo titulado “Infame charla sobre Islam y cristianismo en Torrelodones” (ver aquí), el cual lo dice todo sobre nuestra impresión sobre ella.

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  • La cruz y la espada

Agustín Álvarez

Pues bien, como uno de los pilares de esta publicación digital es preferir la amarga verdad a la dulce mentira, y no sólo no evitamos, sino que estamos deseando dar buenas noticias, aquel dolor, tristeza e indignación que sentimos entonces ha quedado compensado, y con creces, con la magnífica charla que en el mismo lugar dio ayer, 9 de Abril, sobre el mismo asunto del Islam, tan sólo dos meses después con la Cuaresma y Semana Santa por medio, D. Agustín Alberti Álvarez ; aunque muchos no lo recuerden D. Agustín Alberti fue reputado periodista –y en muchas cosas pionero– desarrollando su dilatada carrera en múltiples medios de comunicación entre los cuales destacaron sus numerosas corresponsalías en el extranjero y sus cargos directivos en Europa Press y en RTVE; ponente, por cierto, que a pesar de peinar más de ochenta años demostró conservar una mente ágil y despierta, dando la charla sin guión y de memoria.

Los avales para hablar de asunto tan complejo, máxime cuando el titulo que eligió para su charla fue el de “Todo empezó en La Meca; los orígenes del Islam”, son la multitud de horas que ha dedicado D. Agustín Alberti a lo largo de su dilatada vida, y aún dedica, al estudio del Islam, afición que nació a raíz de su frustrado intento por entrevistar a Jomeini en Paris poco antes de que tan siniestro personaje emprendiera vuelo a Teherán al objeto de iniciar su tan sangrienta como medieval revolución; intento de entrevista frustrado por el propio Jomeini que bajo ningún concepto accedía a tales “modernidades”.

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  • La cruz y la espada
D. Agustín Alberti trasmitió a los asistentes durante una hora y quince minutos, y más que hubiéramos estado escuchándole, de forma muy bien estructurada y a la par amena y accesible, los complejos y más actuales datos y pruebas científicas, historiográficas, documentales y analíticas hoy existentes sobre este asunto, resultado de arduos estudios de reputados intelectuales, sobre todo franceses, que demuestran de forma incuestionable que la historia que sobre los orígenes y el desarrollo del Islam cuentan los propios musulmanes, o sea, su historia oficial, y por ello sus creencias, son falsas de cabo a rabo; y por ende que el Islam es, por un lado, un tremendo montaje, mientras que por otro ni siquiera una confesión –en ningún caso religión porque religión sólo hay una que es la católica–, sino un sistema, un entramado político-jurídico-social, como muchos otros a lo largo de la historia de la Humanidad, sólo que con la particularidad de presentarse envuelto en una capa de pretendida creencia espiritual, o sea de “religión”.

D. Agustín Alberti desmontó uno tras otro todos los asertos que sobre Mahoma, su vida, sus andanzas, el origen, la consolidación y expansión del Islam nos venden desde hace siglos, los musulmanes, y hoy multitud de modernistas, laicistas, marxistas y otras gentes de mal vivir. No hay pruebas de nada de lo que dicen, de lo que afirman y en lo que creen, sino todo lo contrario. Ni siquiera de que la Meca existiera entonces. Tampoco de que recen –para qué entonces el “diálogo interreligioso” y el espectáculo de Asís, opinamos nosotros–, ni mucho menos de que sea una confesión de paz. Gracias a los conocimientos del ponente, vimos poco a poco como caían, cual fichas de dominó, uno tras otro y al final todos los postulados, fundamentos, aseveraciones y creencias islámicas; nada quedó, sino un erial, tras el vendaval de D. Agustín.

Pero aún más. Porque si sólo hubiera hecho lo anterior, su charla hubiera quedado coja y hubiera levantado sospechas de cualquier observador medianamente despierto y crítico, porque no se puede destruir sin más, aún con sólidos fundamentos, aquello en lo que creen y por lo que se mueven varios miles de millones de seres humanos. Y es que lo mejor de la disertación de D. Agustín fue su razonada explicación de algo que no es nuevo, pero que pocos creen y, más todavía, muy pocos saben: que el Islam, en sus orígenes, fue una maquiavélica estrategia de las sectas judeo-cristianas heréticas constituidas a raíz, por un lado, del rechazo a Jesucristo como Hijo de Dios y Mesías, y, por otro, por la diáspora tras la destrucción del Templo de Salomón por los romanos en el año 74 d.C.

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Dichas sectas, en su alucinamiento, consideraron que sólo reconstruyendo el Templo vendría el mesías liberador que, como líder terrenal, convertiría a los judíos en la potencia mundial que todo lo dominaría. De ahí lo que tantas veces se ha dicho de que el Islam es en sus orígenes un invento judío, los cuales tuvieron que articular toda una ideología pseudo-confesional para engatusar a las tribus árabes a fin de que se unieran y con su fuerza guerrera, que la poseían, fueran ellas las que hicieran el trabajo sucio de reconquistar Jerusalén creyendo a su vez que el mesías les favorecería; de tal mesías quienes creían que iban a aprovecharse era por supuesto los judíos.

Por ello, quedó claro que Mahoma fue sólo un jefe militar tribal, bien que excepcional; la sencillez islámica de un sólo dios y un profeta está basada en el único Dios cristiano y en Jesús; la expansión increíble fue sólo a costa de razzias y espada; la intransigencia musulmana una necesidad para conseguir la expansión y conquistas de amplias zonas y pueblos; todo ello concordante con los hechos históricos irrefutables, pero en absoluto con revelaciones del Arcángel San Gabriel, ni de inspiraciones divinas, ni otras historias.

El Corán –palabra etimológicamente hebrea que significaba “colección”–, aún dentro de su enorme anarquía estructural, debe su coherencia sólo a que el texto coránico, con las modificaciones que se fueron produciendo a lo largo de los diversos califatos y de sus conveniencias político-religiosas, puede decirse que quedó fijado casi como en su forma actual unos doscientos años después de la muerte de Mahoma, es decir, a posteriori de los hechos; bien que su contenido tampoco se debe a inspiraciones celestiales de Mahoma, ni siquiera tuvo un único redactor, sino cuando menos cincuenta pares de manos distintas según se ha demostrado de manera irrefutable al someter dicho libro a los más avanzados procedimientos informáticos de análisis de texto hoy conocidos.

Por último, y por no alargarnos: el odio ya secular de los musulmanes contra los judíos, así como contra los cristianos, procede de cuando los árabes, una vez ocupada Jerusalén y construida la mezquita hoy denominada de “la Roca” que en la actualidad está coronada por una gran cúpula dorada –alternativa a la reconstrucción del Templo–, se dieron cuenta de que ningún mesías se les aparecía y mucho menos les daba el poder absoluto mundial, por lo que apercibidos del engaño judeo-cristiano, el odio fue y sigue siendo monumental; claro que para aquel entonces el Islam ya había tomado forma, había logrado estructurar bajo su amparo un imperio fortísimo y no era cuestión ni de deshacerlo por algo tan baladí como la ausencia de tal mesías, ni por la evidente sinrazón de sus creencias, ni muchos menos aún de renunciar a las riquezas y el poder que se vislumbraba al alcance de la mano por la decadencia de los dos imperios del momento en aquella zona, el persa y el bizantino.

Se nos quedan en el tintero multitud de datos y detalles más que interesantes, pero para poder volcarlos aquí haría falta que fuéramos D. Agustín y que diéramos la conferencia que él dio, todo lo cual es imposible.

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  • La cruz y la espada
Sí queremos dejar constancia de tres cosas:

* el acendrado catolicismo del que el ponente hizo gala en todo momento dejando bien claro, por ejemplo y entre mucho, algo tan obvio, bien que hoy casi olvidado entre los propios católicos, como que después de la venida de Nuestro Señor no ha lugar para “profetas” de ninguna clase, ni revelaciones, ni de surgimiento de otra Fe ni de otras religiones que no sea la católica, apostólica y romana;

* que con esta conferencia la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Torrelodones corrige y repara el error de la de Enero pasado –rectificar es de sabios y humildes–, lo que honra a sus sacerdotes y a los encargados de gestionar su denominada “Aula de Actualidad”;

* que, todo hay que decirlo, lo sentimos, el P. Igea, que fue ponente de la catastrófica charla anterior, debería tener en muy cuenta que para hablar hay que saber, y saber no se consigue leyendo dos o tres libritos; que la humildad nos aayuda a aprender de los errores, mientras que la soberbia nos lo impide; y que las críticas, por duras que sean, no encierran malicia si son fundamentadas y, aunque puedan doler, son esencia de la obligada corrección fraterna hoy por desgracia tan poco practicada.

La Redacción