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  • La cruz y la espada
Hace unos pocos días, el Gral. Alejandre, actual JEMAD, o sea, tras la ministra Cospedal el más importante cargo de Defensa, compareció ante la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados denunciando sin tapujos la penosa situación de nuestras FFAA debido, según él, a la endémica escasez de presupuesto; endémica porque se viene arrastrando desde hace décadas, más aún en la última. Alejandre dijo que la inversión en Defensa está en el 0,9 por ciento, incumpliendo, entre otras anteriores, la promesa que se hizo en 2014 de dedicar el 2 por ciento de nuestro presupuesto a tal menester.

Dicha situación obliga a cosas tan tercermundistas como es la canibalización de material, por ejemplo, para las “misiones en el exterior”, así como a dejar la operatividad de nuestras unidades reducida a menos del mínimo exigible; frase lapidaria de tal mando militar fue “Soy consciente de que hay otras demandas en la sociedad. Pero como profesional que se dedica a la seguridad me parece temerario hablar de cañones o mantequilla. Es un debate injusto. Demagógico. Hay que invertir en mantequilla, pero también en cañones. Ningún otro país de nuestro entorno invierte tan poco en Defensa”.

Asimismo, y en relación con la falta de “cultura de Defensa” en nuestra sociedad –nosotros añadimos que nula, sobre todo entre la juventud española–, el General espetó a la cara de los diputados “Los militares no somos quienes debemos convencer a la sociedad. Son ustedes, señorías, los que deben liderar esa campaña de información. Quienes deben hablarles de la necesidad de invertir en Defensa”.

Hasta aquí bien por Alejandre. Pero… lo que no dijo, se calló y con ello volvió a traicionar a España y a los españoles fue, que esa falta de medios y de presupuesto se debe a que tradicionalmente desde hace décadas los mismos militares –conste que a partir de este instante nos referimos siempre a sus mandos superiores, claro está–, han aceptado mandatos que precisamente por dichas carencias presupuestarias y de medios no se debían ni deben aceptar, por mucho que el ministro de turno se empeñe, porque lo que se consigue con ello es lo que el propio Gral. Alejandre ahora denuncia y de lo que se queja, es decir, de la pérdida de operatividad de nuestras FFAA, lo supone un enorme riesgo para nuestra integridad y soberanía. Y es que hay momentos en los que se debe decir “no”, aunque claro, se juegue uno el cargo y las prebendas.

  • La cruz y la espada
Le recordamos al Gral. Alejandre –y lo mismo a sus antecesores– que no estamos en guerra, situación en la que por supuesto se combate con lo que se tiene y se aceptan los riesgos que sean con tal de vencer, sino en paz y por ello no se está obligado a realizar “machadas” para las que no hay con qué.

Pero claro, lo que tampoco dijo Alejandre fue que es muy bonito dedicar nuestras FFAA prácticamente en su totalidad a misiones en el exterior, aún no habiendo ni presupuesto ni medios, mientras produuzcan beneficios tan atrayentes para los militares, no para España, como son ascensos rápidos, carreras fulgurantes y muchas, muchas dietas con las que cambiar de coche o de piso o remodelar el que ya se tiene; todo ello, claro, envuelto en una supuesta “defensa  de nuestra seguridad”, patriotismo, etcétera, etcétera, y en toneladas de propaganda, publicidad y marketing para justificarlas.

España, no sólo por su medianía desde hace décadas, sino precisamente porque los poderes civiles, léase políticos, nada quieren de Defensa excepto su reducción al mínimo imprescindible y su distracción de lo que ocurre en nuestra patria, no puede pretender estar en “cinco continentes” como de manera reiterada se ufana el propio Gral. Alejandre, máxime cuando las misiones citadas son inconstitucionales, vulneran tratados internacionales, violan la soberanía de terceros países, nos hacen cómplices del Nuevo Orden Mundial, nos transforman en agresores y nos ponen en riesgo de vernos implicados en conflictos ajenos que ni nos van ni nos vienen; en pocas palabras que ningún beneficio real nos producen y mucho malo nos pueden reportar, entre otros el que denuncia Alejandre de la falta de operatividad.

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  • La cruz y la espada
Y es que no debe olvidarse que dichas misiones son en la actualidad uno de los principales gastos del escaso presupuesto de Defensa del que se queja Alejandre, sólo superado por el de personal, gasto éste monstruoso desde que Aznar se bajó los pantalones ante Pujol en el hotel Majestic y suprimió el servicio militar, eso sí, con gran alborozo de los propios militares, de nuevo ellos, y crearon unas FFAA totalmente “profesionales”, o sea, a sueldo, o sea, mercenarias; con ellas también ganaban los mandos en facilidad a la hora de ejercer sus funciones como puede fácilmente entenderse. Para España, que lo sean algunas unidades de élite, valga, como siempre fue, pero todas las FFAA en absoluto.

Y respecto a esa falta de “cultura de Defensa” que Alejandre, torticero como siempre y donde los haya, achaca sólo a los políticos, también calló que la aceptación de esa supresión del servicio militar es una de las causas de que dicha “cultura” haya desaparecido, porque ya hay al menos dos generaciones que nada saben, nada les interesa, y aún peor, nada quieren saber, ni de la patria y ni de la obligación y el derecho de defenderla incluso con las armas si fuera menester, pues no sólo el concepto de patria ha desaparecido por el huracán autonómico que nos barre, sino también, y precisamente, por la creencia de que para su defensa están las FFAA… profesionales, claro.

Por último, lo denunciado por Alejandre viene al pelo para recordar que la famosa incorporación de la mujer a las FFAA, realizada a lo bestia, a troche y moche, sin una planificación concreta y realista, es también causa de esa pérdida de operatividad por razones obvias; y si no las ven, otro día se las explicamos, bien que valga como adelanto la siguiente reflexión: qué institución o qué empresa cuyos directivos estén en su sano juicio –léase en este caso mandos–, contratan o admiten mujeres por el mero hecho de serlo, y más aún en cualquier puesto despreciando a la siempre sabia Naturaleza.

El hecho es que el Gral. Alejandre, profesional de la política como sus antecesores, de militar sólo tiene el grado, el uniforme y el sueldo, ha vuelto a quedar muy bien, como de hombre valiente y serio, ante muchos de sus subordinados –no todos, que conste, que ya comienza a haberlos que no tragan–, sin que éstos se hayan apercibido, o no se hayan querido apercibir, de que ha mentido diciendo verdades a medias; y de paso traicionado a España otra vez.

Pero claro, también hay que comprender a Alejandre, que de tonto tiene tantos pelos como le quedan en la cabeza, pues si hubiera dicho la verdad, sus propios subordinados le hubieran montado el pollo, porque la inmensa mayoría están en la misma dinámica que él, pues no en balde lo de las misiones en el exterior es la principal y única actividad que realizan y que están por la labor de realizar, no sólo por los beneficios crematísticos de todo tipo que les reporta, más esa vanidad de dárselas de héroes de película ante sus chicas y chicos, sino también porque España es un avispero del que cuanto más lejos mejor. Que una cosa es defenderla pelando guardias en Afganistán y otra paseando de uniforme por Barcelona o Alsasua.

La Redacción