Felipe VI silbando: delenda est monarchia

Nuevo mensaje del rey. Nuevo discurso sin garra y sin ganas. Se nota que ni él mismo se cree lo que dice. ..

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Nuevo mensaje del rey. Nuevo discurso sin garra y sin ganas. Se nota que ni él mismo se cree lo que dice. Se nota que cree que no debe o no puede decir otras cosas; en ambos casos está equivocado o… no quiere. Nuevo fiasco de un monarca que, siguiendo los pasos de su padre, Juan Carlos I “El banqueteador”, sigue llevando a España al abismo. Ante la gravísima situación de España –ni mucho menos es sólo Cataluña–, ante el fracaso estrepitoso del régimen impuesto por el emérito y continuado por el sucesor, éste, como aquél, sigue optando por silbar y mirar al tendido. Y es que se nota que lo único que realmente le importa es salvar su chiringuito; de tal palo tal astilla.

Juan Carlos I “El traidor” –ha batido records pues ha traicionado todo y a todos, hasta a su mujer–, fue el motor e impuso, por la puerta de atrás, un régimen liberal-revolucionario que en cuarenta años ha dejado a España como un solar espiritual, moral, patriótico, social, económico, laboral y mucho más. Luego nos metió con calzador a su hijo, a traición, y Felipe VI va por el camino de ahondar dicho solar hasta convertirlo en un socavón de proporciones gigantescas.

Ambos, aquél antes y éste ahora, han potenciado una monarquía hueca, vacía, sin misión, sin función alguna excepto la de saludar con la mano cuando están en público. Han convertido a España en una republica coronada. Dos han sido de siempre las enfermedades de las monarquías: el absolutismo y la vaciedad; felizmente erradicada hasta su total extinción la primera, la segunda es aún peor dolencia. Pues bien, ésta es la que corroe a esta monarquía que no se previó, por quien la trajo, ni absoluta, por supuesto, ni menos aún hueca.

Y ambos lo han hecho no sólo porque ya se encargó el emérito de no asumir responsabilidad alguna en nada para así nunca poder meter la pata  –ese fue y sigue siendo el amor que tiene por España–, sino porque ambos han ejercido sus nulas funciones hundiéndolas en el lodazal. El emérito, y más aún Felipe VI, no es que tengan sangre fría, no, es que o la tienen de horchata o, lo que nosotros creemos, no tienen sangre.

No se puede permanecer impávido ante el insulto, el abucheo, la pitada, no a él en lo personal, sino peor aún, a él como jefe del Estado y a los símbolos de España. No se puede abandonar a los españoles que lo son, lo llevan a gala y lo muestran, ante la vejación constante y la agresión de los que, siéndolo, mal que les pese, quieren no serlo y también lo muestran. No se puede permanecer silbando, mirando al tendido cuando España se rompe en diecisiete pedazos. No se puede permanecer sentado cuando la nación, la patria, es destruida a martillazos. Si como dijo, los delincuentes no iban a poder, no se puede hacer un discurso tan estúpido, precisamente cuando esos delincuentes vuelven por sus fueros y reforzados. Cuando así se procede, cuando no se cumplen ni las mínimas funciones que ambos se reservaron, deben largarse; ellos y sus descendientes.

Esta monarquía está vacía, hueca y sigue traicionando a España, ergo, esta monarquía “delenda est”. Para más inri, sólo hay que ver la carita de las niñas para echarse a temblar; máxime conociendo quien es la madre. Por cierto, de dónde le viene el título de “reina”, dónde y cuándo juró tal cargo, quién le tomó ese juramento, en qué BOE se publicó; hasta en eso miente esta monarquía.

De nuevo las televisiones autonómicas vascongada y catalana se han negado a trasmitir el mensaje del rey; ni es la primera vez ni será la última, y eso que en el caso de Cataluña no cesan de decirnos que está en vigor un así denominado artículo 155. Y no pasa nada. Ante semejante bofetada, no al rey como persona, sino al jefe del Estado y a España, el monarca silba y mira al tendido, el des-Gobierno no sabe no contesta y el pueblo se hunde más si cabe en la indiferencia. Ese es el Estado de derecho que tanto se cacarea. Ni en el país más tirado del mundo se permite semejante chulería. Por eso, “delenda est monarchia”.

Entre las reformas que urgen de la Constitución está, como una de las primeras, la de cambiar de régimen. La de convertirnos en república. Primero porque en realidad lo somos, ya que el rey nada pinta, para nada sirve, ni se le echará de menos. Segundo porque una república coronada es un completo anacronismo, un sinsentido, un despropósito.

Debemos dar ese paso sin temor, con decisión y por el bien de España; y antes de que los que se llaman hoy “republicanos” se nos adelanten para mal. Eso sí, aviso a los navegantes rojos de cualquier pelaje: la república debe tener las siguientes características:

* Presidencialista, es decir, que el presidente del Gobierno asuma las funciones de jefe del Estado; hoy, como vemos, nulas. El motivo es muy simple: para qué sustituir al monarca que nade hace, por un presidente de república que nada hará; para qué trasladar el gasto de la casa real al gasto de la casa del presidente de la república. Así pues, como los EEUU, como Francia, como todos los países hispanoamericanos: república presidencialista.

* La bandera republicana la roja y gualda, la actual. Porque una bandera no representa a un régimen, sino a la nación, a la patria. La roja y gualda no es patrimonio ni representación de la monarquía, como tantos analfabetos mal intencionados quieren hacer creer, no, es la representación de España, de la nación, de la patria, independientemente del régimen político de cada momento.

* El himno republicano la “marcha de granaderos”, el actual. Ese fue su origen, la música de un tipo de unidad militar, sólo después, mucho después, se la ha venido en llamar “marcha real”, pero no lo es. Al igual que pasa con la bandera, el himno representa a la nación, a la patria; aquel funesto denominado “de Riego” fue siempre una invención revolucionaria de mentes alucinadas.

* Y el escudo… ninguno, así evitamos problemas, historias y tonterías.

La Redacción


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