El tornillo

Asistimos desde hace décadas a la ejecución de un plan habilísimo de destrucción de España como nación y de los españoles como pueblo, y ello a imagen y semejanza de lo que ocurre cuando queremos clavar un tornillo.

Juan Cierva (por correo electrónico)

Algunos siguen sin enterarse o sin quererse enterar. Lo que viene pasando en España desde hace cuatro décadas, y algo más, lo que ha pasado ahora y lo que está por pasar, no es debido ni a la casualidad ni a la estupidez ni a los errores, sí a la traición y a la cobardía, pero mucho más a un plan diseñado en su día cuyo objetivo no es otro que la demolición de España como nación y la disolución de los españoles como pueblo. A ese plan podemos denominarlo “el tornillo”.

A España no se le perdona su historia, y no se la perdonan aquellos que la envidian. Nuestro nacimiento como primera nación del mundo moderno, nuestro imperio en el que nunca se ponía el Sol, el buen hacer en nuestros descubrimientos, conquistas y civilizaciones; y menos aún la evangelización. El haber sido los únicos defensores de la única Fe verdadera durante los siglos en los que los demás renegaron de ella. Nuestra guerra de la independencia que nos evitó, durante algún tiempo, caer bajo el influjo maligno en el que ya habían caído los demás. Y, no cabe duda, nuestro sorprendente triunfo, contra todo pronóstico, sobre al marxismo –socialista y comunista–, no sólo en la contienda 1936-39, sino más aún en la paz posterior alcanzando niveles de desarrollo nunca igualados y difíciles de igualar.

Así pues, llegado el momento, que fue el fallecimiento del Caudillo, todo estaba preparado para aplicar a España un plan especial que condujera a su destrucción y ésta de forma tal que no levante cabeza nunca más. Tal plan se asemeja a lo que se hace para clavar un “tornillo”.

  • La cruz y la espada
Lo primero que se hizo fue, lógicamente, clavar la punta del “tornillo”. Eso lo hizo aquella Ley de Reforma Política y la fundación de la UCD. Clavada la punta, la aprobación de la Constitución en 1978 fue la primera y muy importante acción de atornillamiento que consolidó el camino, la abertura necesaria. Terminada la fuerza de penetración de la UCD se la disolvió, y con el falso golpe del 23-F se introdujo “el tornillo” de forma ya significativa, anulando cualquier posibilidad de resistencia patriótica, dando paso al PSOE de Felipe González cuya misión era la de atornillar pero suavemente; mientras se constituía AP, el cual pronto derivó en el PP. Cuando se vio que Felipe y su PSOE habían cumplido con su misión, y el “tornillo” comenzaba a dar muestras de no avanzar, de patinar, se dio paso al PP de Aznar cuya misión fue la de consolidar la profundidad alcanzada por “el tornillo” con Felipe González dando reposo al atornillador para que tomara fuerzas. Llegado el momento se desalojó al PP mediante el 11-M y se dio paso a Rodríguez Zapatero, cuya misión era la de introducir “el tornillo” ya de forma significativa, lo que hizo con gran eficacia. Cuando se notaba que lo logrado daba muestras de llamar la atención, cuando se observaba que podía ser contraproducente, cuando podía provocar que “el tornillo” retrocediera, se le reemplazó por el PP de Rajoy cuya misión ya vemos la que ha sido, la de un habilísimo atornillador que sin introducir “el tornillo”, ha preparado el camino para que otro lo hiciera en profundidad; ese es Sánchez, quien, no lo duden, tiene la misión de lograr la máxima penetración jamás conocida y casi definitiva.

Como ven, todo cuadra con lo ocurrido durante las últimas décadas. La “izquierda” y el separatismo han sido los encargados de atornillar, mientras que la “derecha-liberal” se ha encargado de gestionar las necesarias pausas para que el atornillador cobrara fuerzas, pero siempre sin extraer “el tornillo” lo más mínimo, es decir, consolidando su penetración. Todo lo cual se ha llevado a cabo, no lo duden, debido, o gracias, tanto a que la madera, es decir, el pueblo español, no ha resultado en absoluto demasiado duro de penetrar, como a que los encargados de atornillar, la anti-España de siempre y la traidora y cobarde derecha-liberal también de siempre, han sabido trabajar al unísono con una eficacia ante la cual hay que descubrirse. La derecha liberal ha presentado la cara amable pero consolidando lo que la cara fea, la izquierda y el sepratismo, hacían. Aquella ha gestionado las pausas, mientras que éstos lo han hecho con las acciones.

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