Dos gestos miserables

Dos mismas miserias, una la de Rajoy al no dimitir en el día de autos; la otra de Sánchez al apartar la Biblia y el Crucifijo al tomar posesión.

Esta España de miserables que contemplamos hoy, que ha dado para nuestra desgracia hondas muestras de hasta qué punto nuestra decadencia no sólo no cesa, sino que profundiza, nos ha mostrado dos nuevos ejemplos de que poco o nada tiene remedio al ofrecernos dos ejemplos vergonzosos hasta lo indecible. Uno de esos gestos miserables lo protagonizó Rajoy, siempre de infausta memoria; el otro Sánchez, bien que como veremos tal vez el de éste sea menor, sólo en parte, que el de aquél.

El de Rajoy fue esa incapacidad brutal que tuvo para no dimitir y parar la moción de censura que tenía más que perdida. Con ello ha demostrado hasta la saciedad la soberbia, ineptitud, falta de hombría y gallardía que le caracteriza, que ha caracterizado todo su des-gobierno. También su absoluta falta de dignidad personal, de ideario, de principios y valores siquiera mínimos. Con ese empecinamiento en que detrás de mí el apocalipsis, ha demostrado hasta la saciedad quién es y qué le importamos nosotros y sobre todo España. Hasta los más villanos, cuando llega ese momento de la verdad que por cualquier causa se les presenta, suelen tener un mínimo de decoro y lo emplean para, al menos, no dejar una huella imborrable de miseria humana; la historia está llena de tales ejemplos; por el contrario, muy pocos como el que ha dado Rajoy. Bueno, y los demás de la dirección del PP igual.

El de Sánchez ha sido suprimir la Biblia y el Crucifijo a la hora de tomar el cargo. Apartar a Dios de uno mismo, y más aún de sus, en este caso, tan importantes responsabilidades, es un gesto de miseria humana tan significativo como trascendental es a quien se ha apartado y, con ello, ofendido; aunque Sánchez no crea y no se lo crea, de tal gesto tendrá que dar un día cuentas precisamente a quien ha apartado; pobre imbécil. Bien que en este miserable gesto de Sánchez tenemos que reconocer que hay coherencia, porque si no crees para qué la Biblia y el Crucifijo. El problema es que no lo ha hecho por coherencia, sino por herir, porque en su gesto se adivina su ánimo de perseguir a Dios, de borrar del mapa hasta donde pueda, ahora o más adelante, a Él y a su Iglesia, de violentar la fe y las conciencias de los que sí creemos, de educar a los más jóvenes y a los niños en el ateísmo militante y activamente perseguidor de la fe en el que él se ha criado y al que sirve. Claro que no sabemos si los que hasta ahora han jurado o prometido con la Biblia y el Crucifijo fueron peores por lo que de perjuros tuvieron.

 


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