De nuevo el Frente Popular

La llegada al poder del PSOE, de la mano de Pedro Sánchez, con el apoyo del otro partido marxista, Podemos, y de todos los separatistas, revive aquel funesto Frente Popular de Febrero de 1936.

  • La cruz y la espada
 Por Fco. B. Ayuso

Una y otra vez vienen a nuestra memoria desde hace años, aquellas palabras proféticas tantas veces repetidas que escribiera en su momento el gran Menéndez Pelayo, entre otras muchas “Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión, de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche.”; y estamos viendo cómo la noche, lóbrega como nunca, se alarga y con ella la pesadilla, que no cesa, en la que contemplamos cómo España se suicida sin remisión.

  • La cruz y la espada
Con Pedro Sánchez, todo un stalinista de pies a cabeza, no lo duden, España vuelve a Febrero de 1936, cuando por arte de unas elecciones más que amañadas, de un auténtico pucherazo, se hizo con el poder aquel infausto Frente Popular cuyo proyecto de España era, en realidad, la anti-España; la única diferencia es que hoy Sánchez llega al poder con todas las de la ley. En cuanto a sus socios, a los que le han apoyado para ello, que tanto ha alborotado al patio “derechoso-liberal”, nada hay distinto a aquellos otros de 1936 pues son los mismos, sin que falten los anarquistas que hoy se camuflan como anticapitalistas en el comunista Podemos, por lo que no entendemos tantos aspavientos y críticas, ya que el PSOE nunca ha ocultado a lo largo de su criminal historia cuáles son sus preferencias.

Pero aún hay más, porque ahora, como también entonces, el acceso al poder del Frente Popular, aquél, como éste, se debe no a sus méritos, estrategias o capacidades, sino única y exclusivamente a la estupidez, soberbia, egoísmo, cicatería, mediocridad y todo los adjetivos calificativos negativos que quieran añadirle de “los otros”, es decir, de esa “derecha-liberal” que de nuevo por sus anormalidades y defectos se lo ha puesto en bandeja. Décadas de renegar de lo mejor de nuestra historia, de complejos, cobardías, insensateces, falta de principios y valores, de verdadero patriotismo, de sincera españolidad, de coraje, de valor, de gallardía, décadas de trapicheos, “negociaciones”, entreguismo y corrupción –sí, como el PSOE y sus aliados, pero más– han provocado que el nuevo Frente Popular se haya hecho con el poder y cabalgue decidido  a imponer su anti-proyecto de anti-España; puede que esta vez de manera definitiva o al menos por unas cuantas décadas.

UCD-AP-PP fue siempre el problema, el gran engaño, el topo, el caballo de Troya de este régimen del 78 maléfico impuesto, también, por la propia “derecha-liberal” estúpida, traidora y cobarde, del que lo único que ha hecho la anti-España es aprovecharse. La traición a todo y a todos fue su tónica, su única marca, su auténtica característica, sus cimientos, su estructura y, por ello, su propia perdición. Tanta ha sido y es su anormalidad, que incluso en la caída se empecinan contumaces en la soberbia y son incapaces de realizar ni la más mínima autocrítica, ni el más leve de los exámenes de conciencia, ni de entonar el menor de los mea culpa, lo que les incapacita y arroja ya de forma definitiva al abismo de su desaparición; de lo cual, de verdad, nos alegramos inmensamente.

Les recomendamos que relean lo que de bueno y serio hay escrito sobre aquel Frente Popular de tan ignominioso recuerdo, que no es poco. Este de ahora recoge aquel funesto anti-proyecto en toda su extensión, punto por punto, pero además actualizado, lo que le hace más peligroso por eficaz. Han llegado para quedarse y lo van a intentar por todos los medios. Olvídense de elecciones antes de plazo. Sánchez sabe que tiene dos años para aglutinar a los suyos que son todos los que le han dado su apoyo y no los va a desaprovechar. Lo de Rodríguez Zapatero fue sólo la introducción, el prólogo de lo que ahora se va a realizar. Va a llevar a cabo en todos los campos las ideas más frentepopulistas que su enloquecida mente alberga sin pararse en prendas. No lo hará de golpe, porque no es tonto, excepto en lo que sabe que no sólo a nadie le importa, sino que más aún le prodiga los aplausos de los suyos y de sus socios, como puede ser en todo lo relacionado con la desmemoria histérica –agárrense los machos “fachas” y demás adláteres– y en lo relativo a la persecución económico-social de la Iglesia –ya no se lleva lo de quemar templos y asesinar curas y monjas–, pero no va a dudar en aplicar todos los medios a su alcance para llegar a las elecciones de 2020 con la fortaleza precisa para obtener una mayoría absoluta, con o sin aliados, que le permita, entonces sí, apretar el acelerador hasta reventar el motor. Como buen stalinista es también un iluminado y eso no tiene remedio; su mente enferma no le impide ser y actuar de otra forma, sino todo lo contrario.

  • La cruz y la espada
Veremos el impulso en la imposición de la ideología de género, el enaltecimiento del feminismo, del adoctrinamiento de las nuevas generaciones, la expansión de la sodomía pública, la presión sobre los medios de comunicación independientes, la aún más grosera manipulación política del sistema judicial, el acercamiento de etarras a Vascongadas y su progresiva liberación con cualquier excusa, la persecución de los patriotas que en Cataluña están dando la cara por España, la ingeniería social elevada a la máxima expresión, la concesión a los separatistas de lo que sea, el favoritismo a los inmigrantes, la protección a los okupas y todo tipo de desgarramantas, la lluvia de subvenciones a los propios,… ¿pero de verdad hizo alguna vez algo distinto el PP, o sea, la “derecha-liberal”?

Sánchez sabe que lo tiene todo a su favor, siente que ha llegado el momento y cree a pies juntillas que él es el elegido, no duda que vencerá y quiere hacer historia, estando dispuesto a pagar el precio que sea para ello, al igual que ha hecho para llegar al poder –o sea, a pagar con el dinero de todos y con los retazos de España que aún quedan–, en todo lo cual, todo hay que decirlo, no le falta razón. Y es que lo que hay enfrente tras cuarenta años de machaqueo, despropósitos y consentimientos de lo que nadie, ni el más mindundi de los hombres o naciones permitiría ni por asomo, es la nada, o sea, unos potenciales adversarios políticos más que mediocres e inconsistentes; un liberalismo estúpido, absurdo, siempre decadente, cobarde y traidor incluso a sí mismo que encarnan Ciudadanos y los restos que vayan quedando del PP; un pueblo español en completa y profunda crisis moral, que ha perdido hasta la última gota de su identidad y dignidad, pasivo, aborregado y afeminado hasta el tuétano; y una comunidad internacional que contempla entre encantada e indiferente, según los países y el caso, la desmembración de España y su conversión en una amalgama de reinos de Taifas tiranizados, incapaces, débiles hasta lo indecible, enfrentados entre sí por un quítame allá esas pajas y por ello esclavos de los caprichos globales y mundialistas que van triunfando e imponiéndose viento en popa y a toda vela.

Con Sánchez y el nuevo Frente Popular cae sobre España el mismo telón de acero que cayó sobre aquella parte de España que tuvo la desgracia de tener que soportar aquel otro durante los años de nuestra contienda 1936-39, del que ni los propios rojos quisieron ni volver a oír hablar durante los siguientes cuarenta años, lo cual constituyó parte del éxito de la etapa de gobierno del Caudillo. Pero como los españoles no aprendemos de nuestra historia general, menos aún de la más reciente y documentada, sino que incluso y para más inri hemos renegado de ella y hemos permitido –y nos hemos tragado– que la reescriban al revés los liberales peperos y los frentepopulistas socialistas, podemita-comunistas y separatistas de todo pelaje, estamos condenados a repetir lo peor de ella, como se ve y nos merecemos.

Así pues, ajo y agua, o sea, a jorobarse y a aguantarse, especialmente aquellos que con su voto “útil” –que ha sido el más inútil de nuestra historia– han apuntalado a un partido, el PP, y a un sistema, el régimen del 78, cuyos frutos –y por ellos hay que conocerlos a ambos–, hoy vemos madurar, aunque crecer los hemos visto desde hace cuatro décadas.

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