• La cruz y la espada
“Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris” “Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás.” (Génesis, III, 19).

En unos pocos días comenzará la Cuaresma 2018. Tiempo esencial para los católicos. Tiempo que no se puede desaprovechar. Tiempo de demostrar si queremos o no de verdad salvarnos. Desgraciadamente hoy en día hasta el clero parece querer pasar de puntillas por este tiempo porque, sin duda, no gusta a los fieles, máxime cuando aquellas partes del Evangelio que suenan duras y difíciles se dicen, pero disimulándolas. Pues bien, estimados lectores, que no sea así para nosotros. No son tiempos los que corren para perderlos sobre todo espiritualmente.

Pensemos muy en concreto durante los próximos días, aunque no nos guste, que llegará ese instante crucial de nuestra existencia en que nos extinguiremos; sea de repente o tras una más o menos larga enfermedad o decadencia física y tal vez mental. Es algo que nadie puede evitar. Sabemos además que dicha hora llegará cuando menos lo esperemos; incluso para los que se vean aquejados de enfermedades cuyo final irremediable puede hoy en día calcularse con relativa exactitud, nadie nunca podrá concretarles el día ni la hora exactas. Y sabemos, lo creamos o no lo crean los que así lo declaran, allá ellos, que en ese mismo instante nuestra alma será juzgada y se dictará sentencia justísima e irrevocable; mientras que nuestro cuerpo comenzará a pudrirse para terminar con el tiempo convertido en polvo.

De la sentencia que se nos dicte dependerá nuestra eternidad, esa realidad, ese concepto, que tan difícil nos es imaginar pero que es tan real como nosotros en estos instantes. Para siempre, siempre, o disfrutaremos en la gloria celestial o sufriremos en el Infierno. Para conseguir aquél y evitar éste tenemos toda nuestra vida, de nuestros méritos o deméritos dependerá.

Hay un lugar intermedio, el Purgatorio, en el que nuestra permanencia, si vamos a él, será temporal, pero en el que los sufrimientos purificadores serán idénticos a los del Infierno y en el que, según nuestras faltas, la duración de nuestra estancia puede ser larguísima. Pretender la insensatez de hacer lo justo para ir a él, lleva siempre aparejado con total seguridad caer en el Infierno.

Estimados lectores, la Cuaresma es tiempo especial para la oración y la penitencia, y por ellas lograr un aumento, un grado, un nivel más de conversión, es decir, de cambio en nuestra vida, a fin de desprendernos de lo mundano y acercarnos más a Dios. Durante todo el año debemos trabajar en ese sentido y con las mismas herramientas, por supuesto, pero muy especialmente en Cuaresma. Por eso, y como todo en la vida, debemos planear desde ahora mismo qué vamos a hacer en concreto en estos cuarenta días.

  • La cruz y la espada
La cuaresma viene del latín “quadragésima” y es el “cuadragésimo día antes de la Pascua”. Son cuarenta días de preparación para la gran fiesta de la Pascua. La duración de cuarenta días recuerda aquellos cuarenta días que Nuestro Señor pasó en el desierto orando y haciendo penitencia preparándose para su misión pública. Por ello, es tiempo que debemos dedicar especialmente a hacer examen de conciencia profundo y pormenorizado de toda nuestra vida pasada, arrepentirnos de nuestros pecados de toda esa vida y hacer propósito de enmendarlos.

La Cuaresma este año está así determinada:

* Miércoles de Ceniza: 14 de Febrero de 2018

* Primer Domingo de Cuaresma: 18 de Febrero de 2018

• Segundo Domingo de Cuaresma: 25 de Febrero de 2018

• Tercer Domingo de Cuaresma: 4 de Marzo de 2018

• Cuarto Domingo de Cuaresma: 11 de Marzo de 2018

• Quinto Domingo de Cuaresma: 18 de Marzo de 2018

• Domingo de Ramos: 25 de Marzo de 2018

Tras ella vendrá la Semana Santa o Semana de Pasión que va del Lunes 25 de Marzo al  Sábado 31 de Marzo; el Domingo 1 de Abril será el de Resurrección.

No es obligatorio, pero muy recomendable, tomar la ceniza el Miércoles en cuestión, el cual NO es día de precepto, pero hagamos todo lo poisble por asistir a la Santa Misa en la cual nos impondrán la ceniza.

es obligatorio abstenerse de comer carne o cualquier producto que lleve carne, sea cual sea su forma o cantidad, todos los Viernes de Cuaresma desde los 14 años hasta el fallecimiento.

es obligatorio ayunar el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo desde los 18 a los 59 años, ambos inclusives.

Por ayuno se entiende la reducción sustancial de la ingesta de alimentos en esos días; como mucho se puede comer la cantidad que normalmente se almuerza en un día normal, bien que se aconseja reducirla aún más. Lo mejor es ingerir una mínima cantidad de comida como por ejemplo un par de huevos duros y dos piezas de fruta. De no cumplir con lo dicho pecamos.

Por supuesto que las personas enfermas o con problemas de alimentación quedan exentas, dejando a su conciencia determinar el grado de ayuno y abstinencia que pueden realizar.

es obligatorio durante la Cuaresma confesarnos al menos una vez; de no hacerlo pecamos. Bien que lo mejor es confesarse regularmente cada quince o veinte días durante todo el año.

Durante la Cuaresma debemos decidir qué especiales penitencias o sacrificios vamos a realizar, así como qué tiempo vamos a dedicar a la oración y a la meditación. Cada cual sabrá mejor lo que necesita, lo que le conviene y de lo que es capaz de acuerdo a sus circunstancias personales, pero nadie debe dejar de planificar con exactitud lo anterior. No debemos engañarnos, pero sí exigirnos, por lo que debemos elegir el tiempo que dedicaremos a la oración y meditación, así como las penitencia y/o sacrificios, con realismo.

Es muy aconsejable elegir alguno de nuestros pecados o defectos más habituales para aprovechar la Cuaresma a fin de corregirlo para siempre; nada mejor que este tiempo para ello, pues es también tiempo en el que la gracia de Dios, si nos ve con empeño y decisión, nos ayudará especialmente a lograrlo.

  • La cruz y la espada
Es periodo inmejorable para aficionarnos a leer libros espirituales, de meditación, de oración, vidas de santos y de mártires. Siempre bien escogidos, ojo, pues ni mucho menos todo lo que hay publicado es válido. Para nuestra seguridad lo mejor es pedir consejo a algún sacerdote pero, ojo también, de confianza no basada sólo en la amistad, sino por conocer su buena y ortodoxa reputación doctrinal.

Penitencias y/o sacrificios pueden ser de infinidad de clases e intensidades. Lo más normal es privarse durante estos días de algún alimento de esos que más nos gustan, reducir alguna comida del día o incluso anularla, privarnos de alguna distracción o diversión habitual como puede ser ver la televisión –muy recomendable dado su penoso y malicioso nivel actual general, así como para comprobar que podemos prescindir de ella–, dedicar tiempo a personas necesitadas, dormir menos, etcétera, etcétera; cada cual sabrá dónde más le duele, dónde se exige más, dónde tendría que hacer más esfuerzo, pues de eso se trata.

Estimados lectores, polvo somos y en polvo nos hemos de convertir, desde la Cruz y la Espada les animamos a hacer de esta Cuaresma un periodo de firme y verdadera conversión, a dedicar tiempo y atención a la oración y a elegir y cumplir con exactitud una o varias penitencia y/o sacrificios. Tempus fugit, así que no lo perdamos; además, dada la época que Nuestro Señor ha querido que vivamos y en la que debemos ganarnos en lo posible el lugar que a cada uno nos tiene reservado, dejemos de quejarnos y pongámonos manos a la obra. Si así lo hacemos, que a nadie quepa la menor duda de que Dios se lo recompensará y, tras la Semana Santa, de la cual ya hablaremos, veremos cómo nuestra vida da un giro a mejor.

“Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris” “Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás.” (Génesis, III, 19).

La Redacción