• La cruz y la espada

San Juan Evangelista

Leamos con gran calma, una y mil veces, meditemos cada palabra y hagámoslas nuestras. El comienzo del Evagelio según San Juan, quien fuera el apóstol más amado por Jesús, es una de las más bellas páginas de la Biblia, encerrando una profundidad teológica insuperable. Toda una lección divina sobre Nuestro Señor:

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada se ha hecho de cuanto se hizo; en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas; y las tinieblas no la han recibido.

Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Éste vino como testigo para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. No era él la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él; mas el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, si creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios; los cuales nacen, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.”

La Redacción