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  • La cruz y la espada
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 Por Damián Galerón
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Jesús Santrich

Me envían desde Bogotá este documento (ver texto completo más abajo y en PDF). El personaje del que hablan se trata de uno de los narcotraficantes más poderosos de los cárteles de Colombia, Jesús Santrich. Participó en las conversaciones de la “falsa” paz promovida por el presidente Juan Manuel Santos. Mientras esto sucedía, pasaba muchas toneladas de cocaína a Estados Unidos. Protegido por no pocos obispos colombianos, quienes en su gran mayoría, son de formación e ideología marxista. Y no solo los obispos colombianos;  actualmetne la iglesia está plagada de estos “pastores” que ni creen en nada y les importa un cuerno todo, salvo su cargo y su influencia.

Advertí y mencioné el pasado año que, el viaje de Francisco a Colombia era un inmenso error y, que no solo era un inmenso error, sino que venía a Colombia a confirmar un tratado de paz que era totalmente falso y que Francisco, con ese viaje, ratificaba su total apoyo a la guerrilla: ESTA ES LA PRUEBA.
Vengo advirtiendo desde hace tiempo que Francisco no es quien muchos piensan y, esto que afirmo, teniendo en cuenta que TODAVÍA NO SE HA DESCUBIERTO SU VERDADERA CARA.
Será muy tarde cuando algunos se den cuenta.

Frente a la protección a Jesús Santrich por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia, respetuoso y filial pedido de los católicos: ¡Paren de favorecer a las FARC! (Texto en PDF)

La acogida proporcionada por la Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal en la sede de “Caminos de Libertad” al cabecilla de las FARC Jesús Santrich, ha escandalizado país, al mundo entero y aun a altos prelados de la Santa Iglesia.
Santrich fue capturado por la Fiscalía hace más de un mes para que responda por el grueso expediente de pruebas que lo incriminan – a él y a otros cabecillas de las FARC – por el millonario tráfico de cocaína hacia los Estados Unidos.

papa coloimbia
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Alega la CEC, a través de su Secretaría de Comunicación, que se trata de un acto de humanidad, criticando a quienes objetan el cuestionable gesto calificándolos como dañinos para la unidad de la Iglesia.

En realidad, la acogida protectora a Santrich ha sido un gesto más de apoyo con que la izquierda católica compromete el prestigio moral de la Iglesia presionando a los fieles para que acepten las graves concesiones al comunismo plasmadas en el Acuerdo Final con las FARC.
Si fuese un sentimiento humanitario verdadero estos altos jerarcas se conmoverían también con el sufrimiento de las víctimas de la guerrilla y con la persecución a los militares patriotas por parte de la justicia politizada, como fue el caso el coronel Hernán Mejía, víctima de un doloroso cáncer que padeció mientras pagaba injusta prisión.

El Presidente Santos, por su parte, también amordazó los poderes del Estado para utilizarlos en la aparente legitimación de este nefasto Acuerdo, no teniendo escrúpulos en irrespetar el resultado del Plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Estas victorias de las FARC no habrían sido posibles sin el apoyo constante de altos prelados pues así se impidió una reacción efectiva a las conquistas comunistas que el gobierno Santos les concedió bajo el falso interés de la paz.

Hoy, el País se ve encadenado por un paquete de medidas legislativas, aprobadas irregularmente vía Fast Track, que cambian radicalmente nuestro orden jurídico y le conceden a las FARC plena impunidad por sus crímenes, incluyendo los de lesa humanidad y otorgándoles grandes privilegios políticos. Peor aún, estamos “ad portas” de que se coloque a la Colombia tradicional y la misma Iglesia en el banquillo de los acusados de la nueva Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, pseudo tribunal instalado ad hoc para transformar a las víctimas de las FARC en victimarios como sucedió con Pol Pot en la Camboya de los años 70.

Alrededor de 33 o 36 comisiones supra estatales impondrán, en la práctica, la instauración del comunismo en todos los campos de la sociedad colombiana, impulsando a la Nación por procesos en los que no se salva la propiedad privada ni la familia, ni la libertad, ni siquiera el propio Estado.

Los actos delictivos de Jesús Santrich dejan al descubierto que las FARC continúan delinquiendo, que nunca tuvieron intención de cumplir con sus compromisos en el Acuerdo Final.

Consolidando todas las formas de lucha –legales e ilegales– y habiendo conquistado el nuevo y ventajoso frente político, las FARC se apresuran a rearticular el frente de guerra bajo el ropaje mal disimulado de bandas delictivas o disidencias, existiendo ya un contingente de alrededor de dos mil guerrilleros armados que buscan transformar a Colombia en una narco-república cuya inmensa fortuna es usada para desequilibrar el actual proceso electoral financiando candidatos que les permitiría hacerse del poder por encomienda.

En ese marco, ¿qué hacen esos sectores de la Conferencia Episcopal protegiendo a este criminal y delincuente pedido en extradición para que rinda cuenta por sus delitos, ya no de sus incontables crímenes, sino de los nuevos comprobados después de la firma del Acuerdo Final?

¿Mero acto de humanidad o complicidad con las metas comunistas y anti-cristianas?

Para esperanza de los colombianos de bien comienzan a oírse voces disonantes de valientes prelados que califican esta acogida como seriamente cuestionable jurídica y moralmente.

Acuerdo Colombia
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Es a estos Pastores que dirigimos nuestras súplicas, para que hagan oír sus voces hasta lograr un clamor que salve la Patria del comunismo “intrínsecamente perverso” como lo calificase Pío XI, para que se siga defendiendo a la Santa Iglesia humillada por la conducta de estos prelados, descalificándola frente al rebaño.

Suplicamos que esa santa resistencia sea acompañada por la convocación de los fieles a recitar Rosarios públicos por Colombia, pues sólo así se podrá salvar la Nación retomando las vías de la Civilización Cristiana bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús a cuyos pies fue consagrada. Si se procede así, esa valentía será registrada por la historia en páginas de oro como un hecho memorable.

Medellín, 13 de mayo de 2018
Centro Cultural Cruzada (centro.cultural.cruzada@gmail.com)”

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