• La cruz y la espada

Ceferino Giménez, el Pelé.

A los veinte días de producido el Alzamiento Nacional en 1936, milicianos socialistas del PSOE y anarquistas de la FAI asesinaban a un hombre en la localidad de Barbastro, junto con otras dieciocho personas, la mayoría sacerdotes y religiosas. Era un hombre sin relevancia ni importancia alguna desde cualquier punto de vista; sobre todo del político.

Tal persona era Ceferino Giménez Malla (1861 – 1936), de etnia gitana, que murió fusilado el 9 de Agosto de 1936; más conocido como el Pelé. Lo habían detenido quince días antes cuando al ver que un grupo de milicianos socialistas detenía a un sacerdote en plena calle, se había puesto a gritarles: “¡Insolentes! ¡Tanta gente para poner preso a un cura!”.

Los milicianos le vaciaron los bolsillos y encontrando un rosario. Lo llevaron, con el sacerdote, a una cárcel improvisada: el convento de las Capuchinas, donde ya había 350 detenidos entre religiosos y paisanos. A partir de ese instante, su hija adoptiva, Pepita, de 12 años, le llevaba de comer todos los días. Papá Pelé la hacía permanecer un poco con él y juntos rezaban el rosario. En la cárcel todos “rezaban el rosario y oraban”, pero el Pelé era incansable en la oración: “el rosario significa la fe en Cristo”. Los carceleros estaban muy enojados con eso y muchos de los presos aconsejaban al gitano que fuera más discreto y “prudente”.

El Pelé no tenía ninguna importancia, como hemos dicho, y menos aún política, por eso su detención levantó entre algunos de los revolucionarios del pueblo malestar. Por ello alguien pidió ayuda a un anarquista de Barbastro, Eugenio Sopena, uno de los miembros más influyentes del Comité Revolucionario que controlaba el pueblo, que conocía y estimaba al Pelé porque vivía en un apartamento situado en el mismo edificio que la vivienda del gitano. Sopena hizo presión, pero le respondieron que el gitano ejercía influencia en los presos desde un punto de vista religioso. Por tanto, debía comenzar por eliminar el rosario y dejar de rezar. Sopena le pidió al Pelé en múltiples ocasiones que le entregara el rosario: “¡Te matarán!”, le decía, pero era inútil. También la pequeña Pepita insistía: “Dame el rosario, bótalo, que podría pasarte algo”. Un testigo declaró en el proceso de beatificación: “Quizás se hubiera salvado de la muerte (…). Tal como estaban las cosas en ese momento, el siervo de Dios sabía que lo fusilarían si no renegaba de la propia fe”.

Una muerte por la fe es la culminación de toda una vida de fe. No obstante su vida de comerciante ambulante y tratante de ganado, como todo gitano en aquella época, Pelé “iba a Misa todos los días y rezaba el rosario (…). Muchas veces he oído decir en mi casa que iba diariamente a la misa y comulgaba”, declaró un testigo en el proceso canónico. Y otros repitieron las mismas cosas: “En Barbastro, era el primero en las procesiones (…). Lo he visto a menudo con un gran cirio…”.

Su espiritualidad se alimentaba en las fuentes de las instituciones que había entonces para los laicos: los Jueves Eucarísticos, la Adoración Nocturna, las Conferencias de San Vicente de Paúl. En 1926, cuando los capuchinos resolvieron fundar la Tercera Orden Franciscana en Barbastro, organizaron un triduo de preparación en la ciudad. El día de la erección de la T.O.F., se hicieron terciarios el obispo de la ciudad, 11 sacerdotes, 33 seminaristas y 114 laicos, entre ellos, cómo no, el Pelé, que fue elegido como uno de los diez consejeros de la fraternidad. Algo excepcional que da testimonio de la consideración en que se le tenía, toda vez que era analfabeto, pero es que “Aunque careciera de toda instrucción literaria por ser analfabeto, tenía, sin embargo, una gran formación espiritual: la vida espiritual le salía del interior”; “En los reveses de fortuna o en las desgracias decía siempre: Dios lo ha querido, él lo sabe. Alabado sea el Señor”.

  • La cruz y la espada

Entrada al cementerio de Barbastro en la época.

El Pelé era conocido por su piedad, amor al prójimo, rectitud y honradez en el comercio, y en la atención a los niños, sobre todo gitanos, que en esa época no eran objeto de una especial atención pastoral: “Reunía a muchos niños, gitanos o payos (es decir, no gitanos), y nos enseñaba a rezar, nos contaba historietas y nos daba la merienda”. Otros testimonios: “Algunas veces nos reunía a su alrededor y nos llevaba fuera del pueblo; nos daba consejos y nosotros lo escuchábamos con mucha atención”; “Exhortaba a los chicos a que respetaran los pajarillos y las hormigas…, relataba historias de la Biblia…. Hacia cantar canciones de la Iglesia”.

El 9 de Agosto fue conducido al cementerio de la localidad, junto con otros, y fusilado por milicianos socialistas del PSOE y anarquistas; ante el pelotón de ejecución levantó el rosario y gritó: “¡Viva Cristo Rey!”. Era casi un anciano, pues tenía 75 años de edad. (AQUÍ VIDEO SOBRE EL PELÉ)

La Redacción