• La cruz y la espada

Mons. Hernández Sola

Igual que una diarrea, por lo profusa y maloliente, se extiende la estupidez, o algo peor, entre nuestra jrarquía eclesiástica. Un nuevo obispo se declara a favor de la huelga feminista del próximo 8 de Marzo. Ahora el de Tarazona, Mosn. Eusebio Hernández Sola, OAR, el cual, bien es verdad, que a diferencia de Osoro al menos no ha blasfemado directamente. Lo cual, de todas formas es poco consuelo, porque el escándalo ha sido igual.

En las declaraciones de Mons. Hernández llama poderosamente la atención su ignorancia supina y su demagogia barata. Lo de que todos somos iguales, o se acompaña de los debidos e imprescindibles matices y clarificaciones o no es verdad dicho así a secas. Lo de que los salarios no son iguales es una falsedad como la copa de un pino, tan absurda como comprara peras con una manzanas aunque las dos sean fruta.  Y la acusación contra “grupos”, que no tiene las agallas de nombrar este monseñor, que impiden al Papa dar pasos hacia no se sabe dónde –¿no será hacia el precipicio?–, es una estupidez sólo digna de la mayoría de los prelados de hoy, como es el caso, triste caso, uno más entre muchos, que nos ocupa.

Estos obispos van cada día más viento en popa y a toda vela hacia… el abismo. Y no nos vengan con que Reig Pla y algún otro han dicho… porque no han dicho en realidad nada; porque lo que han dicho ha sido con la boca más pequeña que tienen; porque no han desautorizado abierta y directamente a los que sí han dicho, como Osoro y Hernández, con la boca grande; porque tampoco lo han hecho con los que callan miserablemente con ese silencio cómplice siempre repugnante. Y es que el corporativismo que les infecta, vicio antagónico de la virtud del compañerismo, les lleva a todos al precipicio y… por desgracia a las ovejas, sin pastor ni ganas de tenerlo para más inri porque las han convertido en borregos.

Texto de la carta que ha enviado nuestro director a Mons. Hernández Sola: AQUÍ EN PDF

“Excmo. y Rvdmo. Sr Obispo:

Con motivo de la convocatoria el próximo 8 de Marzo de una huelga feminista, se han publicado como emitidas por usted, entre otras, las siguientes declaraciones en las que anima directa y explícitamente a apoyar dicho evento: “…porque todos somos iguales. Y es más, si hay que distinguir a alguien, sería a la mujer más que al hombre. Por lo tanto, yo os animo a que hagamos esta reivindicación por una sociedad siempre en principios de igualdad (…) es especialmente desagradable la diferencia de salarios que hay entre hombre y mujer. Esto no es justo (…) la Iglesia tiene que dar todavía unos pasos, pero yo creo que se están dando . El Papa Francisco es un hombre que lo intenta, que lo está promoviendo, lo que pasa es que todavía hay algún grupo que se resiste a ceder el paso, a la avenida de las mujeres a ocupar cargos de responsabilidades.”. Lo anterior debe ser cierto, toda vez que no consta desmentido por su parte alguno.

En relación con ello, y sin entrar en la más que mediocre calidad intelectual de tales declaraciones, ni en la enorme carga de burda demagogia, ni en la absoluta inexactitud de lo afirmado, sobre todo en cuanto a la diferencia de sueldos –por favor, vaya a los datos ciertos, y no se indigeste con los que esparcen ciertos colectivos–, le manifestamos con toda rotundidad lo siguiente:

* Por su formación, máxime siendo obispo, no se le puede conceder a usted el beneficio de la duda.

* Se ha publicado profusamente por ellos mismos quiénes son los convocantes de la huelga, así como sus objetivos (adjuntamos, no obstante, copia de estos últimos).

* Prácticamente todos los fines que persiguen, especialmente en los titulados VIOLENCIAS y CUERPOS, los propósitos son manifiestamente intolerantes, sectarios, agresivos, discriminatorios e, incluso, aberrantes.

* En varios de ellos explicitan textualmente su animadversión contra Dios y sus leyes, contra la Iglesia y su magisterio, especialmente contra su secular doctrina moral.

* Apoyando un acto manifiestamente torticero y malo, usted ha dado gravísimo escándalo.

Por todo ello, siendo usted parte de la jerarquía eclesiástica, y en virtud de la altísima responsabilidad que le corresponde, le expresamos nuestro más vivo y firme rechazo por su proceder. Sepa que aunque esté entre nosotros, no es usted de los nuestros.

No obstante, y en el obligado ejercicio de la caridad, por el bien de su alma, así como de la de aquellos fieles a usted encomendados que por su ignorancia o indiferencia no puedan apreciar la gravedad de su proceder y el daño que les causa con ella, le urgimos a que reflexione, haga intensa oración y penitencia  –este tiempo cuaresmal es idóneo para ello–, a que recapacite, se arrepienta de todo corazón, repare públicamente el daño causado, se confiese y vuelva al seno de la Iglesia, toda vez que no desconoce que hallándose fuera de ella no hay salvación. En caso contrario, que Dios Nuestro Señor se apiade de usted.

Atte.”

La Redacción