• La cruz y la espada
Lo hemos dicho en alguna ocasión: nuestro clero festeja cada año más el 6 que el 8 de Diciembre. Con motivo de un nuevo aniversario de nuestra actual Constitución, la cual cada día está más claro que no hay por dónde cogerla y que hace aguas y con ella España, no sólo la CEE en pleno, obispos secesionistas incluidos –¡qué cosas!–, sino también buena parte del clero y con ellos a la cabeza los ínclitos Cañizares y Rouco –que parecen pin y pon–, han desplegado todas sus potencias para bisagrear, alabar, adorar y postrarse una vez más ante la Constitución; es decir, para apoyarla no sea que se caiga y ellos con ella. Y es que no hay nada peor que el que no quiere ver o el que no quiere oír o… aquellos a los que la soberbia les impide reconocer que, como poco, sus predecesores y ellos mismos se han equivocado; si es que fue equivocación.

Si leen la entrevista a Rouco en El Mundo y la cartita de Cañizares –con frases lapidarias que da por sentado sin explicarlas como que tal carta magna Surgió de un afán de concordia y reconciliación entre todos los españoles y de anhelo de libertad por parte de todos.”–, se darán cuenta de que ni una sola palabra dedican a Dios, porque saben que nuestra carta magna no contempla a Dios; ni una palabra a su ateísmo, porque a ellos les da igual; ni una palabra a que la destrucción de la familia, del matrimonio, de las costumbres, etc., etc., tiene su base en la Constitución que recoge los principios revolucionarios ajenos por completo a los católicos; ni una palabra, en fin, a que dicho texto lleva en sí mismo, como se ha visto, la destrucción de la propia España, de la nación, de la patria; ni una palabra a que es germen y virus principal de todos nuestros males actuales y venideros, si Dios no lo remedia.

Obviando lo que la Constitución dice explícitamente, así como lo que insinúa y más aún lo que apunta, y que con el paso del tiempo se ha confirmado, ambos hacen de su texto una lectura maniquea, torticera, irreal, a trozos, a la carta, interesada, para no sólo exculparla  –todo es perfectible, dicen, cínicamente– sino bendecirla, incensarla y elevarla a los altares de la diosa democracia a la que ambos adoran.

O viven en otro planeta o en otra nación o son tontos o son unos cobardes o… la soberbia les sigue pudiendo. Como viven en la Tierra, en España y no son tontos, sólo queda concluir que son unos cobardes y unos soberbios. Esta Constitución debió ser rechazada por nuestro clero en masa nada más conocerse su borrador; claro que eso ya era muy difícil porque los obispos más “sobresalientes” del momento –no todos, eh, que los hubo dignísimos que avisaron, por lo que los demás les “exiliaron”–, siguiendo instrucciones del Vaticano de entonces, intervinieron a través de terceros y no tan terceros en la confección de ese mismo borrador.

Fue en gran medida, en muy gran medida, a impulsos del clero post-vaticanosegundo de entonces que se socavara la legalidad y legitimidad anterior hasta destruirla; fue ese mismo clero el que, tras dicha destrucción, impulsó la implantación de un nuevo régimen de corte manifiestamente liberal-revolucionario; fueron ellos los primeros que quisieron que España cambiara hasta que no la reconociera, como hoy ocurre, ni la madre que la parió. Fueron ellos, los que con su poder inmenso sobre una nación que todavía era católica y que seguía a sus pastores, a ellos, cual ovejas obedientes, los que impusieron la Constitución que ha llevado a su dispersión, a su actual estado de apostasía general.

Entonces, nuestro clero, Cañizares y Rouco no por jóvenes menos implicados ya, tuvieron en sus manos evitar el actual desastre y no lo hicieron. Tuvieron la responsabilidad y la posibilidad para hacer que la mayoría de los españoles, aún no pervertidos y ni degenerados, hubieran dicho NO a una Constitución que:

* Niega a Dios y sus derechos.

* Abolió la confesionalidad del Estado.

* Equiparó al catolicismo, única religión verdadera, y a la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación, con otras “religiones” que o se desgajaron en franca rebeldía de ella o le son hostiles.

* Rechazó la historia de España.

* Proclamó la soberanía popular, concepto manifiestamente revolucionario condenado por el Magisterio de la Iglesia.

* Consolidó los instrumentos para la destrucción de la Patria, atentando así contra el cuarto mandamiento.

* Impuso el régimen democrático liberal, también condenado por el Magisterio de la Iglesia, inorgánico y de partidos, abriendo la caja de Pandora a las divisiones –dividir es propio del Príncipe de la Mentira– y enfrentamientos entre los españoles.

* Negó torticeramente la independencia del Poder judicial, hoy corrupto por politizado.

* Amparó y permite la aprobación de leyes manifiestamente anti-natura, destructoras del ser humano y de la sociedad.

Y muchas otras cosas más que por no alargar este artículo no mentamos; además, con las anteriores es más que suficiente.

Señores Cañizares y Rouco y demás compañeros clérigos constitucionalistas: malos pastores, que Dios les perdone por haber dispersado a las ovejas. Por nuestra parte a ver si de una puñ…. vez se van ya a casa y se callan o, mejor aún, a un monasterio a hacer oración y penitencia, mucha penitencia, que falta les hace.

La Redacción