• La cruz y la espada
Además de ser una palmaria demostración del fracaso de las políticas de control de la emigración ilegal, y de los delincuentes extranjeros, también demuestran que el nivel de eficacia de nuestras fuerzas de  seguridad es mínimo, como se desprende de que dos guardias civiles investigando tiroteos con heridos, es decir, supuestamente apercibidos, hayan sido asesinados sin llegar a usar sus armas.

Como dice Ramiro GRAU MORANCHO:

«El despliegue territorial de la guardia civil en la provincia de Teruel es tal que en el medio rural se han cerrado la mayoría de los cuarteles, ¿que hay zonas de la provincia de Teruel donde el cuartel más próximo está a 70 kilómetros de unas siniestras carreteras …? Por lo que Teruel es un paraíso para las mafias, organizaciones de delincuentes o, simplemente, criminales huidos de la acción de la justicia, como el asesino en cuestión. Son frecuentes además, y cada vez más, los atracos a bancos y empresas, perpetrados por delincuentes procedentes de la comunidad valenciana o de otras zonas de España, en ocasiones incluso presos que disfrutan del permiso de fin de semana, y aprovechan para dar un golpe…

Deberíamos reflexionar sobre sus posibles causas: un descontrol total de la entrada de extranjeros, que con el “argumento” de que son refugiados políticos, el que no viene a España, es porque no quiere. El exceso de ayudas sociales a personas que no han contribuido absolutamente nada a nuestra Hacienda y Seguridad Social. Si seguimos manteniendo entre 8 y 10 millones de extranjeros a nuestra costa (de los que solo un millón y medio trabajan regularmente, cotizando a la seguridad social), no se sabe cuánto tiempo podrá durar esta situación, pues también tenemos que soportar sobre nuestras espaldas a tres millones y medio de empleados públicos (una buena parte enchufados), y medio millón de políticos profesionalizados, es decir cobrando un sueldo, por no hablar de los diez millones de pensionistas e inválidos…»

Algo más podemos añadir, pero quede eso por ahora.

  • La cruz y la espada
Por José María Manrique