• La cruz y la espada
Hartos de oír insensateces, por no decir estupideces, en relación con el crimen del aborto  –bueno, y en relación con casi todo–, hay una de lo más destacable que queremos dejar en evidencia.

Los colectivos feministas, que de femenino no tienen nada –ojo, y con ellas partidos, dirigentes y una gran mayoría de la sociedad–, utilizan una estupidez monumental, entre muchas, que cuelan hasta a los más espabilados a base de repetirla mil veces, para intentar justificar de cara a la galería su pretendido e inexistente derecho a abortar, derivado de un pretendido “derecho a decidir” porque SON DUEÑAS DE SU CUERPO. Pues bien, en cualquier caso nada más lejos de la verdad y por lo tanto falso.

En referencia al feto hay que dejar bien claro algo evidente, pero que dados los tiempos que corren, donde todo se manipula y tergiversa, donde hay que luchar hasta por lo obvio, no queda más remedio que clarificar una y mil veces; las mismas que esos colectivos repiten sus falacias. NO, NO y NO. Que el feto NO ES de la mujer, que NO LE pertenece, que NO ES de SU propiedad, que NO tiene sobre él derecho alguno, menos a quitarle la vida.

Porque el feto, el nonato, es un ser humano desde el mismo instante de su concepción, desde el momento, el segundo, en que el óvulo es fecundado. Por eso, desde ese mismo momento adquiere per se plena dignidad humana y con ella todos los derechos de todo ser humano; a excepción de los jurídicos para obrar, igual que los menores de edad. Volvamos a remacharlo: el feto, el nonato, es por sí mismo un ser humano pleno, con todos los derechos básicos, el principal el de vivir y, como consecuencia de él, el de que nadie le quite la vida.

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Por eso es una falacia brutal, inhumana, egoísta y zafia, decir que la mujer tiene “derecho a decidir” sobre él porque “es su cuerpo”. Pues NO, y otra vez NO, ESTÁ en su cuerpo, pero NO ES SU cuerpo, es el cuerpo de un ser humano pleno, distinto por completo al de la mujer. Que de momento y durante unos meses se aloje en el cuerpo de la mujer, porque así lo precise para alimentarse y desarrollarse para nacer, no implica que SEA de la mujer; ergo al NO SER SUYO ningún derecho tiene sobre él, menos aún el de quitarle la vida por ninguna… ¿razón?, no, vulgares y zafias excusas.

Esa falacia repugnante de que “es mi cuerpo y yo decido” es la misma, la mismita, que emplearon los esclavistas de todos los tiempos. Como el esclavo no era ser humano –que era lo primero y lo que interesadamente se le negaba entonces, como ahora al feto, al nonato–, no tenía derecho alguno y puesto que había sido adquirido por su amo y era de su propiedad igual que cualquier cosa material, dicho amo tenía todos los derechos sobre él, igual que sobre su cerdo o su jarrón chino, incluso el de matarlo o romperlo cuando así lo consideraba, fuera porque había cometido alguna falta, porque ya no rendía o porque estaba pasado de moda, que para eso era “una cosa más” de las muchas que estaban en su casa.

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Los esclavistas defendían que como los esclavos eran algo suyo, parte y propiedad de ellos, y vivían de ellos, tenían “derecho a decidir” sobre ellos. Pues NO. Cuando por fin con el tiempo y la propagación del cristianismo verdadero, acabó por reconocerse tal evidencia, el esclavo, al dejar de ser una cosa, algo sin dignidad humana y sin derechos –ese fue el primer y sustancial paso para la eliminación de la esclavitud y es el mismo que hay que dar respecto al feto–, pasó a ser lo que siempre fue: un ser humano pleno de dignidad y derechos, entre ellos el más importante que es el de vivir y el de que nadie pudiera quitarle la vida. Así pues, aunque vivía en casa del amo y comía de él, NO era suyo, por eso el amo NO tenía derechos sobre él, menos aún el de quitarle la vida. ESTABA en él, en su casa, pero NO era suyo.

Ya ven qué fácil y qué claro. Pues ya ven también cómo lo mismo ocurre con el feto, con el nonato, ESTÁ en la mujer, pero NO ES de la mujer; ergo las feministas, que de femenino no tienen nada, son esencialmente esclavistas, porque consideran a los nonatos como esclavos suyos, como parte de su cuerpo, como una propiedad más, como una cosa, sin dignidad ni derechos, sobre los que tienen “derecho de decidir”, incluso a quitarles la vida.

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Ojo, que las leyes durante siglos de casi todos los Estados y culturas del mundo ampararon y regularon la esclavitud, como hoy lo hacen las leyes abortistas, dándoles una apariencia de Derecho cómo hoy ocurre también desgraciadamente con el aborto; e igual que entonces había mercados donde se vendían y compraban esclavos, hoy hay clínicas abortistas donde se asesina y vende fetos; pero igual que aquello era una barbaridad, por muy legal que fuera, lo de hoy igual. Así, las leyes abortistas de hoy son tan aberrantes como las esclavistas de entonces.

Luego no se traguen la trola, y cada vez que alguien les arguya como lo hacen las feministas, que de femenino no tienen nada, háganlo ustedes como aquí les hemos sugerido, nunca callen, es su derecho, ese sí, y aún más su obligación porque están en juego cientos de miles de vidas de nonatos, o sea, de seres humanos tan dignos y con los mismos derechos que ustedes mismos.

Dicho sea de paso, dejamos para otro día ese pretendido “derecho a decidir” sobre su propio cuerpo que también esgrimen las feministas, que de femenino no tienen nada, y que tampoco es cierto, ni mucho menos.

La Redacción